Meditaciones del Quijote representa un hito en la filosofía española del siglo XX. Ortega y Gasset, consciente de la importancia de esta obra, empleó sus mejores recursos retóricos y argumentales, forjados en la cultura europea y la escuela neokantiana de Marburgo. El libro plantea una cuestión fundamental: ¿puede España ofrecer modelos culturales que superen su propia crisis vital y cultural, así como la crisis general de la cultura europea?
Un Concepto Sabio y Profundo
Ortega explora la idea de que el sabio comprende la totalidad, discerniendo hasta donde hay profundidad y reflexión. El sabio contempla la posibilidad de que haya más allá de lo que se percibe, llevando la reflexión a límites insospechados. Esta búsqueda de profundidad es central en Meditaciones del Quijote.
Un Libro Sobreinterpretado
Meditaciones del Quijote ha sido objeto de numerosas interpretaciones. Su estructura, su carácter inconcluso y su presentación como parte de un proyecto editorial más amplio han contribuido a esta sobreinterpretación. La falta de continuidad del proyecto y la apertura hacia un nuevo horizonte filosófico han generado un intenso debate crítico. Sin embargo, esta vasta atención crítica no ha logrado disipar la insatisfacción y el desconcierto que a menudo experimenta el lector al concluir la lectura. El texto, a pesar de su claridad expositiva, parece eludirnos, escondiéndose como un bosque que siempre está más allá de nuestro alcance. Su elegancia estilística mantiene una distancia entre el lector y el sentido, dejando un residuo de ilegibilidad. La obra se presenta como incompleta, prometiendo lo que le falta, tanto en términos de unidad de significación como de su integración en un proyecto editorial más amplio.
Estructura Incompleta y Promesas Incumplidas
Meditaciones del Quijote consta de tres partes diferenciadas: el Prólogo ("Lector…"), la Meditación Preliminar y la Meditación Primera ("Breve tratado de la novela"). Se anunciaron dos meditaciones adicionales ("¿Cómo Miguel de Cervantes solía ver el mundo?" y "El alcionismo en Cervantes"), que debían completar la serie dedicada al Quijote. A esta incompletitud se suma la del proyecto general de las Meditaciones o Salvaciones, que proyecta una sombra sobre el texto. En la contraportada de la primera edición se presenta un plan de diez Meditaciones, aunque los apuntes de Ortega sugieren variantes significativas, problematizando el sentido del libro y del proyecto entre lo dado y lo prometido.
Una Hermenéutica de Relleno
La crítica ha intentado completar el vacío de sentido dejado por Ortega, iluminando las sombras del texto. Esta hermenéutica de relleno ha añadido reflexión sobre el texto y alrededor del texto, construyendo un andamiaje interpretativo especulativo. Sin embargo, esta sobreinterpretación ha aumentado la rigidez del texto, intentando fijar su sentido. Una mayor atención a la textualidad de la obra habría evitado gran parte de esta sobreinterpretación.
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El Orden Textual Problemático
El carácter incompleto de Meditaciones del Quijote no cuestiona el orden textual dado por Ortega. Sin embargo, este orden puede ser tratado problemáticamente, trasladando la problematicidad inherente al vacío y a las sombras al nivel textual de la obra. Inman Fox ya señaló que tanto el Prólogo como la Meditación Preliminar eran textos de alcance general, referidos al proyecto editorial de las Meditaciones. El Prólogo presentaba el proyecto general y la Meditación Preliminar ofrecía el método.
El Misterio de la Meditación Primera
De las tres partes de Meditaciones del Quijote, solo la Meditación Primera parecía ser una meditación cervantina. Sin embargo, el descubrimiento de inéditos orteguianos reveló que este texto era en su origen una meditación barojiana ("La agonía de la novela"), anterior a las otras dos partes. Esta anterioridad explica la quiebra entre el discurso de la Meditación Primera y el de los ensayos que la preceden. Ortega transformó la meditación barojiana en la Meditación Primera, introduciendo cambios como la inclusión del apartado "Novelas ejemplares" y la modificación del título. Desde esta perspectiva, se entiende por qué se habla tan poco de Cervantes y del Quijote en estas Meditaciones del Quijote. Ninguna de las tres partes del libro corresponde a una auténtica meditación cervantina. Ortega apostó por una promesa incumplida, fiándolo todo al livre à venir.
Más Allá de la Sobreinterpretación
Es sorprendente que la crítica siga desatendiendo este horizonte abierto desde la crítica genética y la consideración filológica de los textos. La raíz de los problemas se encuentra en la erudición sobreinterpretativa que envuelve el texto orteguiano. Es necesario valorar el texto en sí mismo, no la contextura de sus interpretaciones. El horizonte ganado desde la problematización crítica del texto es irreversible.
Interrogando al Texto Desde un Nuevo Horizonte
La crítica debe potenciar la obra, pero sin olvidar el texto. No se trata de completar un sentido apenas apuntado por Ortega, sino de transitar la inseguridad de sentido que ofrece la obra para poder habitarla con mejor sentido. Es fundamental responder preguntas como: ¿De qué habla este libro? ¿Cómo lo hace? ¿Cuál es su argumento? ¿Cuál su género? ¿En qué consiste su estilo? ¿Qué papel juegan en él Cervantes y su obra magna?
Amor a la Palabra: Filología y Filosofía
Responder a estas preguntas requiere volver a la humildad de la obra, al nivel problemático de la textualidad, y desde allí intentar la escalada de las interpretaciones. Se requiere una conquista del ejercicio filológico como inherente al auténtico filosofar. No puede haber amor a la sabiduría sin amor a la palabra. Ortega despliega en Meditaciones del Quijote un amor a la palabra y una voluntad de estilo poco comunes en la escritura filosófica. Es necesario analizar el estatuto de la metáfora en Meditaciones del Quijote, su relación con el concepto y la relación entre Meditaciones del Quijote y el Quijote.
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La Meditación Preliminar y la Metáfora del Bosque
De las tres partes del texto, la Meditación Preliminar ocupa un lugar central. Su elemento central es la metáfora del bosque, que vertebra el tejido argumental. El despliegue metafórico permite construir una estructura comprensiva del bosque como objeto de conocimiento, que se convierte en una metáfora de la realidad y su estructura comprensiva. Esta metáfora estructura una teoría del bosque y, por consiguiente, de la realidad y de la verdad. La metáfora funda un discurso inaugural de la filosofía, pero no se constituye como elemento autosuficiente del desarrollo filosófico; esta tarea es del concepto.
El Quijote como Selva Ideal
El bosque es también metáfora del libro, y, por tanto, puede aplicarse al Quijote, una "selva ideal" y "el libro-escorzo por excelencia". El lector se interna en sus páginas como el caminante en la espesura. No basta ver, hay que saber mirar. Para Ortega, algunas épocas no han sabido reconocer la "profundidad" del Quijote, porque solo ante el "leer pensativo" ofrece el Quijote su "sentido profundo". Su verdad no se conquista por la fuerza, sino a través del "culto meditativo". No es un don, sino una recompensa, un paciente ejercicio de intelección y esfuerzo por ver más allá de las apariencias.
¿Por Qué el Quijote?
¿Por qué el Quijote en la apertura de estas meditaciones orteguianas? ¿Como reacción al sentimiento trágico unamuniano? Al final del Prólogo, Ortega declara la "preocupación patriótica" que anima estos ensayos, circunscribiendo su marco teórico de referencia al "problema de España".
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