El vudú, una religión ancestral originaria de África Occidental, ha sido objeto de numerosos malentendidos y representaciones erróneas a lo largo de la historia. Lejos de la imagen popular de muñecos pinchados con alfileres, el vudú es un complejo sistema de creencias con profundas raíces en la cultura y la espiritualidad de sus seguidores. En este artículo, exploraremos los orígenes del vudú, su significado, su relación con la música y la danza, y cómo se manifiesta en diferentes culturas alrededor del mundo.
Orígenes del Vudú: Un Viaje a Benín, la Cuna de la Religión
Benín, ubicado en África Occidental, se considera la cuna del vudú, donde la importancia de esta religión ancestral es palpable en casi cada rincón del país. Se calcula que esta religión animista se originó en la región selvática entre Togo y Benín hace unos 4.000 años y desde entonces está en constante evolución. La palabra vudú significa “alma” o “espíritu” y es que, a grandes rasgos, podemos decir que lo más importante y destacado de la religión vudú es la creencia de que la vida de los ancestros continúa después de la muerte, pero con la diferencia de que no van a ningún «cielo» o «paraíso», sino que se quedan entre nosotros y se puede interactuar con ellos. Estos ancestros se pueden transformar en animales o árboles y esto marca también la estrecha relación que existe entre el vudú y la naturaleza.
En el vudú u orissa (que es el nombre en yoruba) no hay nada parecido a una Biblia o un Corán, por lo que esto dificulta la comprensión de una religión tan antigua y compleja.
El Panteón Vudú: Una Jerarquía de Dioses y Espíritus
Existen muchos dioses en el vudú y es que el panteón es grande y complejo. El dios o vodun creador del panteón vudú es Mawu-Lisa, la deidad creadora del universo, la humanidad y todo lo que lo rodea. Hay 7 hijos de Mawu-Lisa que son las principales divinidades del panteón vudú, que se relacionan con fenómenos de la naturaleza o personajes históricos o míticos.
Durante un viaje por Benín se escucha la palabra fetiche constantemente pero, ¿Qué es un fetiche en el vudú? El vudú es una religión animista y esto significa que tanto los elementos de la naturaleza como los objetos inanimados pueden estar dotados de energía vital. En Bohicon, una localidad a unos 130 kilómetros de Cotonú, se encuentra el mercado de fetiches más importante de Benín y en este mercado los sacerdotes vienen a buscar todos esos objetos que necesitan para llevar a cabo diferentes rituales. El mercado de fetiches se encuentra desde 2006 a las afueras de la ciudad. La visita al mercado de fetiches no es apta para todo el mundo, ya que, en general, vas a ver muchos animales muertos y el olor es bastante desagradable. Por eso, si eres aprensiva con este tipo de escenas u olores no lo recomendamos. En el mercado se pueden ver todo tipo de animales muertos: serpientes, estrellas de mar, monos, armadillos, murciélagos, pezuñas de caballo, antílopes, y sobre todo, aves de todas los tamaños y colores. El mercado de Bohicon es uno de los mercados de fetiche más grandes y es una visita muy impactante en tu viaje por Benín.
Lea también: De muñeco vudú a la tierra: la música de Ivo Pérez
Shango: El Dios de los Cielos y la Justicia
Durante un viaje por Benín se pudo visitar el templo de las calaveras humanas del vodun Shango o Hevioso. Está situado en el pueblo de Bopa, al lado del lago Ahemé, a unos 80 kilómetros de Cotonú. Nada más llegar al pequeño poblado nos sorprende el edificio del templo, que apenas se distingue de las casas que lo rodean. Shango es el dios de los cielos y se manifiesta a través del rayo o el trueno. Sus atributos son el rayo, el hacha doble, el carnero, el color rojo y el fuego. Es un dios justiciero muy temido que castiga a los ladrones, mentirosos, criminales y brujos. Se dice que cuando alguien comete un delito y no hay suficientes pruebas para juzgarlo, se le da la oportunidad de contar lo ocurrido. Si dice la verdad, se le aplica el castigo correspondiente al delito, pero si niega su delito se le deja en libertad y es el dios Shango el que tomará cartas en el asunto: si ha mentido y es culpable, le enviará un rayo para matarlo. Durante la visita, el sacerdote del templo del dios Shango explicó que hay dos personas que están haciendo un ritual y que tenemos que esperar para ver las calaveras. Después de unos días viajando por Benín ya sabemos que la ofrenda implica el sacrificio de algún animal. Personalmente, la cotidianidad de estos pequeños rituales es algo que nos fascinó de Benín.
La Música y la Danza: Elementos Clave en las Ceremonias Vudú
El vudú es la religión bailada y es que la música y la danza son claves en las ceremonias de vudú como expresión de la espiritualidad y de la relación con el mundo divino. Durante un viaje por el sur de Benín se visitó el pueblo pescador de Agonve, a orillas del lago Azili. Es un pueblo pequeño y tranquilo que visitamos rodeados de algunos aldeanos y un buen número de niños. En Agonve se pudo asistir a una ceremonia vudú en la que fuimos testigos de cómo el baile es parte fundamental en las ceremonias vudú. Estábamos a puntos de marcharnos, cuando nos invitaron a entrar en una ceremonia vudú en la que la música y el baile eran las claras protagonistas. La pequeña sala estaba presidida por un altar, presidido por un sacerdote. Iba ataviado como un sacerdote cristiano. A un lado, había un grupo de chicos tocando los tambores, que tienen un significado sagrado como representaciones de los espíritus independientes. Durante la ceremonia las mujeres bailaron frenéticamente al ritmo de la música, moviendo los brazos y la parte superior del tronco, la música parece poseerlas y parece que están en trance. Además, durante un viaje por Benín se tuvieron otras oportunidades de ser testigo de la importancia del baile en el vudú.
El Sacrificio de Animales: Una Ofrenda a los Dioses
El sacrificio de animales es una parte importante de las ofrendas que se deben hacer a los dioses y muy probablemente durante un viaje a Benín tengas la oportunidad de presenciar algún sacrificio, como sucedió en la visita al fetiche Dankoli. El fetiche Dankoli está situado a unos 10 kilómetros de la ciudad de Savalou y los guías contaron que es uno de los fetiches más poderosos de Benín al que acuden en peregrinación los fieles para hacer ofrendas y pedir deseos. Se dice que el fetiche Dankoli es tan poderoso que los fieles que vienen aquí puede comunicarse con los dioses son la ayuda de los iniciados de la religión vudú. Hay dos fetiches, uno masculino y otro femenino que consistían en cúmulos de tierra con aceite de palma y restos de sangre y plumas de gallina. Aquí es donde se realizan los rituales para hacer las peticiones. El lugar es extraño y no tiene nada que ver con los lugares de peregrinaje a los que podemos estar acostumbrados. Nada más llegar al poderoso fetiche nos sentimos un poco decepcionadas: el lugar estaba vacío, era muy pronto por la mañana y solo había un hombre vertiendo aceite de palma sobre el fetiche, probablemente pidiendo algún deseo. Sin embargo, en aquel lugar extraño y en medio de la nada, asistimos a nuestro primer (y no último) sacrificio animal en Benín. Estábamos a punto de irnos, cuando llegó un hombre que sujetaba una cabra atada por las patas. Los fieles que cumplen con sus demandas tienen que volver al fetiche para traer una ofrenda para agradecer a los dioses y, según nos cuentan nuestros guías, este hombre está aquí por este motivo. El sacrificio ritual se hace amordazando al animal y derramando su sangre sobre el fetiche. Según la importancia de la ceremonia, la petición o las circunstancias, se sacrifican unas especies de animales domésticos u otras. El sacrificio no fue nada ceremonioso, sino que transcurrió en la más absoluta cotidianidad, como aquel que pone una velita en una iglesia para pedir un deseo, pero en versión beninesa. El sacerdote se acercó con la cabra a los fetiches, le susurró algo al oído a la cabra y con un enorme cuchillo la degolló. Una vez que se termina el sacrificio ritual, la carne de estos animales luego se consume y se distribuye a las personas que protegen el fetiche.
Los Zangbetos: Guardianes de la Noche y Control Social
“Vamos a ver el baile de los zangbetos”. Así anuncian los guías el plan para esa tarde. Estamos en un pueblo situado en los alrededores del lago Ahamé, a unos 125 kilómetros de Abomey y a 45 kilómetros de Grand Popó. En el sistema religioso del vudú existen algunas fórmulas de control social y una de las más características en las poblaciones del sur de Benín son los zangbetos. El término zangbeto significa literalmente “cazador de la noche” (“zan” signifca de la noche y “gbeto” significa “cazador”) y es que los zangbetos representan los cazadores o guardianes de la noche tradicionales en la religión vudú. Tradicionalmente estos fantasmas servían para espantar al enemigo en las guerras vecinales y para mantener el orden social. Existe una leyenda que nos habla sobre el origen de los zangbetos. Cuenta la leyenda que cuando murió el rey de Allada, que se llamaba Lansuhouto, se produjo una disputa entre sus tres hijos: los dos mayores contra el pequeño. Esta revelación funcionó y los hermanos mayores terminaron huyendo asustados; así fue cómo el hermano pequeño se convirtió en rey de estas tierras. En algunas zonas rurales de Benín siguen siendo, aún hoy en día, una especie de policía informal. Los zangbetos son máscaras con forma cónica que están confeccionadas con largas tiras de rafia y que están coronados con una especie de sombreros. Se suele creer que el zangbeto baila a través de los espíritus y en momentos determinados de la ceremonia se suele levantar estas estructuras para demostrar que no hay nadie debajo. Como te puedes imaginar, nuestra mente occidental y atea, separada de cualquier tipo de creencias, nos imposibilita creer este tipo de cosas y en varias ocasiones durante la ceremonia nos preguntamos cómo lo hacían para que no se viera a la persona que estaba bajo el zangbeto. Una sociedad secreta se encarga de gestionar las actividades de estos guardianes de la noche y también de los festivales culturales donde los danzarines zangbetos de varios pueblos compiten por ver quién se mueve mejor al ritmo de los gongs y los tamtanes. Los que participan en esta ceremonia son hombres y han tenido que pasar un ritual de iniciación para ser aceptados en la sociedad secreta de los zangbetos. Para ello el candidato debe pagar un tributo (alcohol, dinero, comida…) y parece que debe de pasar una serie de pruebas físicas (azotes) para demostrar su valentía. Llegamos y ya había música. Nos acercamos hasta un muro bajo al lado de los músicos desde donde íbamos a ver el baile. En seguida estamos rodeados de gente. De repente, comienzan a salir los zangbetos. Son cuatro y empiezan a moverse por aquella explanada de tierra batida. Los zangbetos bailan al son de la música de los tambores y esta danza consiste en frenéticas rotaciones seguidas por momentos de inmovilidad. Como ya te hemos contado, se cree que son los espíritus quienes hacen girar a los zangbetos. Los iniciados acompañan a estos fetiches andantes en su baile, corren a su alrededor y en algunos momentos de la ceremonia zarandean al zangbeto y le hablan. En algunas ocasiones se paran y después de un buen rato de ceremonia acabamos por darnos cuenta de que algunos zangbetos son más activos que otros. En un momento dado de la ceremonia dos hombres empiezan a verter una especie de polvos amarillos en círculos, rocían esa zona con un liquido y colocan unas hojas. En ese momento sale un quinto zangbeto del edificio y se dirige hacia la zona delimitada. Se para y los hombres empiezan a zarandear y a hablar a este zangbeto. A lo largo de la ceremonia este quinto zangbeto sale en dos ocasiones más y la expectación por ver qué encontraremos al levantar el zangbeto aumenta. La segunda vez que hace su aparición y lo levantan, vemos que “el espíritu” ha dejado un mini zangbeto. En esos momentos todos corremos hacia el zangbeto y lo rodeamos. La última vez que aparece este quinto zangbeto, que nunca baila y que solo entra y sale del edificio, es la más divertida. Al levantar la estructura aparece una especie de figura y un sacerdote con una pequeña campana anima a la estructura a ponerse en movimiento. Empieza a entrar y salir un pene y las carcajadas de niños y adultos acompañan este momento. Es Légba, un dios menor del panteón vudú y que se representa con un gran falo. Los zangbetos siguen bailando y girando sobre sí mismos. En un momento determinado dos iniciados vuelven a preparar el círculo con esa especie de polvos amarillentos, pero en esta ocasión es uno de los cuatro zangbetos danzantes el que se dirige hacia el lugar. Los hombres zarandean y le hablan pero esta vez levantan un poco el zangbeto y lo mueven de lugar. Aquí no se muestra el interior vacío del zangbeto, pero sí vemos que nos ha dejado algo. “¿Qué será esta vez?”, pensamos y nos acercamos curiosas hacia el zangbeto. Se ve una figura con una boca móvil y el sacerdote tiene tres bolas de foufou, una comida típica beninesa hecha a base de harina o tubérculos hervidos o triturados. Los zangbetos siguen bailando y girando sobre sí mismos durante un rato más y la música no para de sonar. En un momento determinado nos unimos al baile con algunos de los hombres y mujeres que estaban allí. La ceremonia parece que no llega a su fin pero nosotras nos tenemos que marchar ya.
La Diáspora del Vudú: Del África al Caribe y Estados Unidos
Desde África, a raíz del tráfico de esclavos, el vudú se difundió por el Caribe y el sur de Estados Unidos, entrando en contacto con el cristianismo. Los esclavos rezaban y cantaban a estos nuevos símbolos cristianos para no ser castigados pero en el fondo, seguían creyendo en sus espíritus africanos, denominados lwa. Pese a los intentos de sus secuestradores de quitarles todo rastro de humanidad a estas personas que se convirtieron en bienes muebles, los esclavos llevaron su culto en sus almas, y lo siguieron practicando en sus nuevos destinos, en lo que quizá haya sido el acto de resistencia cultural más extraordinario de todo este proceso de comercio negrero que se extendió durante cerca de cuatro siglos. Pese a todo intento de evangelización, los esclavos que partieron de las costas de Ouidah (uno de las principales zonas de embarque de la “costa de esclavos”, desde donde se “exportaron” cerca de un millón de cautivos), siguieron adorando a su único dios -Mawu, creador de todo el universo- y a sus decenas de divinidades que los conectan con la naturaleza y con sus ancestros, que no mueren mientras haya alguien que recuerde que sus espíritus siguen habitándonos.
Lea también: Crea un Muñeco Vudú en Los Sims 4
El Vudú en la Cultura Popular: Estereotipos y Malentendidos
Cuando hablamos de Vudú, solemos imaginarnos un brujo clavando alfileres sobre un muñeco de trapo esperando que alguien, lejos, empiece a retorcerse de dolor. Hollywood ha generado esta mala fama que ha reprimido lo que viene a ser un culto religioso, erróneamente asociado con lo diabólico y la magia negra. Esos muñecos de tela en donde se clavan alfileres para infligir dolor en las víctimas son el fiel reflejo de esas imágenes deformadas que se transmitieron por las grandes pantallas para generar confusión, miedo, rechazo frente a unas prácticas asociadas a la oscuridad de la magia negra.
Pero, ¿qué pasa con los muñecos vudú? En el vudú africano no existen los muñecos que establecen ese tipo de magia simpática con una persona. Esa clase de muñecos son más propios del hoodoo. Lo que sí existe es otro tipo de objetos con forma humana, denominados pwen, que tienen un efecto mágico protector. Suelen colocarse en altares para los dioses o a modo de lápida, o recordatorio, para los muertos.
El Festival Internacional del Vudú: Una Celebración de la Cultura y la Tradición
Desde el primer festival celebrado en 1993, cada 10 de enero se desarrolla en Ouidah el Festival Internacional del Vudú, con la intención de atraer el turismo cultural y rescatar los cultos tradicionales de los pueblos de esta región del occidente africano. Es una especie de exhibición grandilocuente de este credo. Es la espectacularización de la cultura local y su mercantilización también. Es un show montado para turistas y diplomáticos de muchos países donde aún hay fieles que practican el vudú (se calcula que 60 millones de personas en todo el mundo), una celebración que busca desarmar la visión negativa sobre esta religión. El festival puede entenderse como un mecanismo -de propaganda- contrahegemónico de un país del tercer mundo -donde la mayoría vive con salarios que rondan entre los 50 y los 100 dólares- que busca rescatar su tradición del lugar negativo al que fue arrojada por los discursos y cosmovisiones dominantes Así como Occidente montó sus shows para construir los preconceptos y prejuicios sobre el vudú, desde el gobierno de Benín -con la colaboración de algunas instituciones internacionales- están procurando deconstruir esa idea y mostrar el color, las danzas y las creencias de este culto que lejos está de ser algo demoníaco, sino todo lo contrario. El festival es un día en que abren la puerta de su cosmovisión para los flashes de los blancos (en otros contextos son un poco más celosos y rechazan las fotografías o vídeos).
Lea también: Materiales necesarios para un muñeco vudú
tags: #muñeco #vudú #música #origen #y #significado
