La magia de la mano izquierda es un concepto complejo, arraigado en la superstición y las creencias en lo sobrenatural que han acompañado a la humanidad desde sus orígenes. Para comprenderla, es necesario explorar el contexto histórico y cultural de la superstición, así como sus diversas manifestaciones y significados.

Orígenes de la Superstición

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha buscado explicaciones a los fenómenos naturales que escapan a su comprensión. Esta búsqueda, propiciada por la ignorancia sobre las leyes que rigen la Naturaleza, ha dado lugar a la superstición, entendida como la creencia en mitos o fenómenos sobrenaturales inexplicables. La superstición es, por tanto, hija de la ignorancia, que aparece cuando aflora cualquier respeto o miedo excesivo a las cosas desconocidas o misteriosas o a la creencia en seres sobrehumanos que lo mismo pueden castigar que premiar.

La superstición se manifiesta de diversas formas, como la creencia en poderes extraordinarios de objetos o situaciones, la desviación del sentimiento religioso que lleva a creer en cosas extrañas a la fe y contrarias a la razón, o la valoración excesiva de una cosa o la fe exagerada en ella. En casi todas las supersticiones populares aparece un elemento material (objeto, planta o animal) que constituye el soporte físico sobre el que se ha elaborado una creencia al adjudicarle poderes benéficos o maléficos.

A lo largo de la historia, la superstición ha arraigado principalmente en el pueblo llano, privado de ilustración y, por tanto, más proclive a aceptar supercherías que cebasen su ignorancia. Sin embargo, incluso figuras de autoridad, como el papa Juan XXII, llegaron a creer en talismanes y objetos con poderes sobrenaturales.

La Ilustración y la Lucha contra la Superstición

El ambiente sociocultural que surgió en Europa durante el siglo XVIII, conocido como Siglo de las Luces, intentó erradicar estas falsas creencias de las mentes más proclives a aceptarlas. Los pensadores ilustrados franceses o ingleses utilizaron la razón humana para combatir tanto la ignorancia como las supersticiones en sus respectivos países. En España, el padre Feijoo, con su Teatro crítico universal o Discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes, pretendió corregir viejas supersticiones, prejuicios y costumbres, como ya habían perpetrado autores europeos como Thomas Browne en Inglaterra, Christian Thomasius en Alemania o los enciclopedistas Voltaire y Rousseau en Francia.

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Definición de Superstición

Así pues, superstición es toda creencia que no tiene fundamento racional y que consiste en atribuir carácter mágico u oculto a determinados acontecimientos, superchería que puede estar basada en tradiciones populares, en general relacionadas con un sentimiento mágico. O, como dice la Real Academia de la Lengua, «creencias producto de atavismos paganos o de la ignorancia en materias religiosas, por lo cual se atribuye erróneamente valor sagrado a ciertas prácticas, palabras u obligaciones».

Su etimología corresponde al verbo latino superstare -del prefijo super: ‘arriba, sobre’ y la raíz del verbo stare: ‘estar, estar en pie’-, ‘permanecer sobre’, que para los romanos tenía el sentido figurado de «ser testigo» o «sobrevivir». O, como escribía Cicerón, para quien los supersticiosos eran aquellos que rezaban u ofrecían sacrificios todos los días para que sus hijos les sobrevivieran. Es decir, que en el verbo superstare estaba inmanente el deseo de trascender y de perpetuarse -y más concretamente, el de no ver morir a la propia descendencia- a través de la realización constante de ciertos rituales, como la de hacer ofrendas a las que alude Cicerón. De ahí que en Roma se llamasen superstites a las personas que salían vivas de las batallas porque habían sobrevivido a sus compañeros y por eso estaban por encima de ellos. Igualmente, los adivinos -que generalmente basaban sus predicciones en la observación de la Naturaleza- eran calificados frecuentemente como superstitiosus, lo que de por sí no habría constituido una valoración necesariamente peyorativa.

Sin embargo, a veces sí se dio un sentido desfavorable a la palabra y las acciones que designaba, entendidas como una manifestación exagerada, y por tanto superflua y desordenada, de religiosidad. Esta idea resulta más comprensible si se considera que religio, la religión, significaba precisamente lo contrario para los romanos. Según el mismo Cicerón, religio viene de re-legere (‘reagrupar, ordenar’). Por lo mismo, dentro de la preocupación romana de realizar el culto dentro de normas rígidas, una exageración, como hacer sacrificios todos los días, podía llegar a ser entendido como un defecto. Es decir que, para los romanos, el supersticioso podía llegar a ser o bien un tartufo o una persona afectadamente religiosa. Igualmente, el término superstición hace referencia a todo lo que está sobre (por encima de) lo determinado, lo concreto, porque subsiste o persiste en la mente humana como algo añadido a lo ya establecido. De ahí que las personas supersticiosas crean que mediante la realización de ciertos rituales -rezos, sortilegios, conjuros, maldiciones…- puedan influir a favor o en contra en la vida personal o ajena.

Supersticiones Populares

Existen numerosas supersticiones populares, algunas de las cuales se mencionan a continuación:

  • Encender tres cigarrillos con una misma cerilla: Se considera señal de mala suerte, con origen en una guerra donde un soldado enemigo aprovechó la luz de la cerilla para disparar al tercero que encendía su cigarrillo.
  • Barrer los pies a una persona soltera: Se cree que retrasa indefinidamente el matrimonio, relacionado con las brujas y las escobas empleadas en aquelarres.
  • Romper un espejo: Anuncia la muerte de una persona, pues el espejo refleja el alma y romperlo pone en peligro la vida.
  • Pasar por debajo de una escalera: Se podría romper el triángulo mágico formado por la pared, el suelo y la propia escalera, considerado un símbolo sagrado.
  • Derramar sal: Es señal de desgracias, pues en la antigüedad la sal significaba riqueza y derramarla era un desprecio al dinero.
  • Miradas de los tuertos: Acarrean males, pues la visión en tres dimensiones se pierde al perder un ojo, y la forma de mirar de los tuertos era desconocida para los ancestros.
  • Aullido de un perro cerca de un enfermo: Presagia su muerte próxima, al igual que si el animal escarba en la tierra durante tres días consecutivos.
  • Caída de un objeto de las manos: Señal de que alguien ausente se está acordando de la persona, siendo la letra inicial del objeto la de la persona que la menciona.
  • Orejas coloradas: Si la oreja derecha enrojece, el recuerdo es por bien; si es la izquierda, es una difamación.

Adivinación y Ritos en la Noche de San Juan

Desde antiguo, la inseguridad natural llevó al ser humano a intentar conocer con antelación su futuro. Esto explica la popularidad que, ya desde la Grecia Clásica, adquirieron los oráculos y pitonisas -como los de Delfos, en el santuario de Apolo-, costumbre que pasó a los romanos que, guiados por el vuelo o entrañas de las aves, por la posición de los astros, por el agua, el fuego y otros elementos, trataron igualmente de averiguar el porvenir. En la víspera o fiesta de San Juan -la noche más mágica del año-, según dicen, se abren las puertas del mundo invisible, de ahí que se tengan como las fechas más propicias para realizar todo tipo de ritos tendentes a conseguir prosperidad, fertilidad, éxito… O conocer el futuro sentimental, no exento de la parte pecuniaria. Así, en Extremadura, si una soltera -a veces también algún soltero, aunque eran generalmente las mujeres quienes se sometían con más frecuencia a este tipo de prácticas proféticas- quería averiguar quién sería su novio, la víspera de San Juan debía llenar un recipiente con agua clara y a las doce de la noche mirar dentro de él. De este modo vería reflejado en el elemento acuoso el rostro de su futuro amante. Otra fórmula con igual acomodo era hacerse con un espejo y romper un huevo en un barreño lleno de agua. Otra práctica que estuvo muy extendida tanto en Extremadura como en el vecino Portugal se relacionaba con las alcachofas. Había que coger alcauciles silvestres y adjudicar a cada uno el nombre de los posibles pretendientes, fijándose bien a quién correspondía cada uno de ellos para no equivocarse, luego debía acostarse, no sin antes echar bajo su cama las alcachofas. Al día siguiente debía ver si alguna de ellas había florecido. De no haberlo hecho ninguna, podía significar dos cosas: que entre los nombres adjudicados no estaba el de su futuro pretendiente o que iba a quedarse soltera. ¿Y si florecía más de una? Otra industria para conocer el nombre del futuro consorte era que la muchacha en cuestión se subiese a la azotea o ventana más alta de su casa y a las doce en punto del día de San Juan arrojar a la calle un balde de agua y preguntar al primer hombre que la pisara cuál era su nombre, nombre que se correspondería con el de su futuro consorte. En Olivenza -Badajoz-, para conocer el futuro amoroso que esperaba a las mocitas casaderas utilizaban habas del año, que mujeres ajenas a la joven en cuestión ponían en dos montoncitos -uno de habas peladas y otro de habas sin pelar-, montoncitos que ponían luego en un sitio oculto. A las doce de la noche de la víspera de San Juan, la joven en cuestión…

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Magia y Percepción

Los magos son expertos en la conducta y la percepción humanas, y tratan de evocar experiencias concretas en su público. Su especialidad es la gestión de la atención, es decir, las tácticas de distracción. Los magos no intentan desviar del método la atención de los espectadores, sino dirigirla hacia el efecto mágico. El foco de atención es una metáfora que utilizan tanto los neurocientíficos como los magos, y se refiere a que apuntamos nuestro foco atencional como si fuera una linterna. Cualquier objeto, persona o acción en la que nos concentremos parece más destacado e incluso brillar más que el resto de la escena.

La neurociencia nos dice que existe una diferencia esencial entre tu foco atencional y la aplicación de linterna de tu iPhone. La razón por la cual las cosas se vuelven más perceptibles cuando les prestas atención no es que los circuitos neuronales estimulen esa percepción, sino que todo lo demás es activamente suprimido. En otras palabras: el foco de atención solo parece brillar en comparación con la oscuridad que lo rodea. Por ello, los magos solo tienen que asegurarse de que el público dirija su atención a unos determinados lugares del escenario, y el cerebro de cada espectador se encargará de suprimir todo lo demás, incluido el método secreto que se esconde tras el efecto mágico.

Los estudios indican que son dos poblaciones de neuronas distintas en la corteza visual -la región posterior del cerebro que procesa la información visual- las que median en dichos procesos de realce y supresión. Una manera eficaz de desviar la atención de alguien es hacerle mirar a otra parte. Los magos emplean varias estrategias para controlar la posición de tus ojos. La atención conjunta es el mecanismo por el cual miramos a algo cuando vemos a otras personas hacerlo. Por ejemplo, si ves a una muchedumbre mirar hacia arriba en la calle, te resultará irresistible mirar tú también hacia arriba. Si el mago quiere que el público mire a un objeto concreto, él mismo fingirá estar completamente absorto en él. Sin embargo, los magos pueden hacer cosas más sutiles que desviar tu mirada. No tienen que cambiar necesariamente la dirección de la mirada del público para desplazar su foco atencional. Cuando lo consiguen, el público mira al lugar correcto, aunque sin ver nada, porque su atención está puesta en otra parte. Es una forma de hacer magia muy eficaz.

Un modo de interferir en la atención de alguien, sin desviar en absoluto su mirada, es dividir esa atención. Los mismos mecanismos neuronales atencionales que potencian nuestra percepción (en el centro del foco) y de supresión (de las zonas circundantes) nos dificultan mucho las tareas simultáneas. Los magos consiguen que el público realice varias tareas a la vez de diversas formas. Una de esas estrategias es el propio diseño de ciertos trucos de magia. Un ejemplo excelente es el truco de “las copas y las bolas”, uno de los más antiguos que se conocen; se tiene constancia de actuaciones que se remontan a la Roma antigua. Normalmente se realiza con tres copas colocadas boca abajo en una mesa. Las bolas y otros objetos aparecen y desaparecen por arte de magia dentro de las copas, para asombro del público. La disposición de este truco obliga a los espectadores a dividir su atención entre un mínimo de tres lugares en la mesa (las copas invertidas), lo que hace que su concentración se reduzca a un tercio de la que sería si prestara atención a un solo lugar.

Otra forma de hacer que los espectadores intenten realizar varias tareas a la vez es estimular sus sentidos y su mente con simultaneidad. Apollo Robbins, carterista teatral de fama mundial, se sirve de los sentidos de la vista, el oído (con su cháchara) y el tacto (al darle una palmadita al voluntario en el escenario en varias partes del cuerpo) para desviar la atención del bolsillo o el reloj de pulsera que pretende sustraerle. Muchos otros magos también utilizan una “cháchara” muy rápida para abrumar la capacidad de procesamiento auditivo y lingüístico del público. Uno de los objetivos principales es generar un “diálogo interno” en cada espectador: si mantienen una conversación interna, aunque sea muy básica, consigo mismos, no se centrarán tanto en lo que está ocurriendo ante sus ojos. El teórico de la magia español Arturo de Ascanio aconsejaba a los magos “hacer una pregunta desconcertante”. Basta con preguntar “¿Alguien ha traído un pañuelo?” para que cada espectador piense en la pregunta durante un par de segundos. La emoción también se utiliza para darle ventaja al mago, ya que los sentimientos y la atención son bastante incompatibles. Esta es una de las principales razones por las cuales los testimonios de los testigos presenciales son tan poco fiables. Si declaras ante un tribunal o presentas una denuncia a la policía por algo que has presenciado, es muy probable que el suceso en cuestión te llevara a experimentar una emoción fuerte. La memoria humana es sin duda muy limitada, y más cuando se tiene miedo. Algunos números de magia incluyen elementos de terror, o un tanto gore -uno de los trucos más famosos de Teller es “dejar caer” un lindo conejito en una trituradora de madera-, pero la emoción que con más frecuencia prefieren evocar los magos es el humor. La comicidad en un espectáculo de magia aumenta su valor como entretenimiento y dificulta la capacidad del espectador para concentrarse. Johnny Thompson (también conocido como “el Gran Tomsoni”) dice que, mientras el público se ríe, el tiempo se detiene.

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Neuromagia: La Ciencia Detrás de la Ilusión

¿Cómo es que los magos han llegado a tener un conocimiento tan profundo de la naturaleza humana? Una respuesta es que, aunque la disciplina de la neurociencia cognitiva -el estudio de los procesos cerebrales- solo tiene unas décadas de antigüedad, las artes de la magia existen desde hace mucho más tiempo. Los magos han tenido milenios para averiguar qué funciona y qué no. El mago español Miguel Ángel Gea dice que cada actuación es un experimento: cada truco pone a prueba una hipótesis. Incluso sin aplicar el método científico de forma rigurosa, es lógico que los magos hayan descubierto alguna que otra cosa sobre la cognición y la percepción.

Ha sido recientemente cuando la comunidad neurocientífica ha empezado a apreciar cómo la magia puede aportar nuevos conocimientos sobre el cerebro humano. En 2008, acuñamos la palabra neuromagia, y hoy en día más de una decena de laboratorios de todo el mundo han realizado estudios sobre las bases neuronales de los números de magia. Aunque no todas las teorías mágicas han dado resultado en el laboratorio, también se ha puesto de manifiesto que la neurociencia cognitiva, en cuanto disciplina, a veces ha reinventado la rueda, al llegar a conclusiones que los magos llevaban mucho tiempo dando por ciertas.

Pensar es caro, en términos metabólicos. El cerebro representa solo el 2 por ciento del peso total del cuerpo, pero consume más energía que cualquier otro órgano humano, hasta el 20 por ciento del total corporal. Uno de esos atajos es un proceso neuronal llamado “rellenado”. Un impactante ejemplo de esto se produce en el punto ciego: la parte de la retina desprovista de fotorreceptores, donde el nervio óptico abandona el ojo en su camino al cerebro, cerca del centro mismo de la visión.

Para encontrar tu punto ciego, extiende ambos brazos delante de ti, con los codos rectos. Forma una L con el pulgar y el índice de cada mano, con el resto de los dedos cerrados en un puño. Sin flexionar los codos, junta los dos pulgares. Ahora cierra el ojo izquierdo y mira la punta del dedo índice izquierdo. Sin desviar la mirada, presta atención a la punta del dedo índice derecho, y te darás cuenta de que ha desaparecido. El dedo índice termina ahora justo por encima del segundo nudillo, o incluso del primero. Se cuenta que el rey Carlos II de Inglaterra empleaba un truco parecido para decapitar a los prisioneros antes de hacerlo de verdad. Una vez que la punta del dedo haya desaparecido, intenta ver qué ocupa el mismo espacio visual. ¿Ves un gran agujero negro? No, no hay un hueco donde debería estar el dedo. La sensación que da es que puedes ver lo que está detrás del dedo. Lo que ocurre, en realidad, es que el cerebro está utilizando la información sobre las texturas y los colores que rodean al dedo para rellenar el vacío visual del punto ciego. Es un algoritmo bastante bueno, pero no lo bastante inteligente para reconstruir tu dedo real.

La Caída Francesa y la Atención Visual

¿Cómo puede un mago hacer desaparecer una moneda? Un método clásico para hacer desaparecer una moneda u otro objeto pequeño es el conocido como “caída francesa” o le tourniquet. El mágico muestra y manipula una moneda entre el pulgar y los demás dedos de la mano derecha. La retina del espectador capta la luz que se refleja en la moneda. Desde ahí, las señales se envían a la corteza visual, donde se forma una imagen mental. La mano izquierda del mago se acerca a la derecha y finge coger la moneda de la punta de los dedos. La mano izquierda del mago se aleja de la derecha, sin dejar de aparentar que se está llevando la moneda. Al mismo tiempo, las conexiones inhibitorias anulan la parte del cerebro que está procesando el estímulo visual de la mano de origen. El resultado es que la mano derecha del mago pasa bastante inadvertida.

Nuestro sistema visual ha evolucionado para detectar el movimiento. El movimiento que cruza el campo visual puede indicar que se acerca un depredador, o la huida de una presa; esto tiene interés intrínseco para nuestro cerebro, y capta automáticamente nuestra atención, de forma refleja. Sin embargo, no todos los tipos de movimientos destacan por igual. En nuestra propia investigación -realizada en colaboración con el mago Apollo Robbins- descubrimos que la curva que dibuja la mano del mago atrae más la atención de los espectadores que el movimiento rectilíneo. Una de las razones es que el movimiento en línea recta es mucho más predecible que el movimiento en curva.

Ilusiones y la Mente

Incluso un breve número de magia puede incluir varias ilusiones: experiencias perceptivas que no se corresponden con la realidad. A los magos les gusta solapar ilusiones para blindar sus trucos. Piensa en humo y espejos. A diferencia de las ilusiones ópticas, que se explican por la física de la luz, las visuales se construyen en el cerebro. Aquí intervienen las zonas corticales superiores del cerebro relacionadas con procesos como la atención, la memoria y la toma de decisiones. Para los trucos de magia se puede utilizar tecnología sencilla o sofisticada con el objetivo de engañar al público.

La Mano Izquierda en la Política y la Sociedad

Además de su presencia en la magia y la superstición, la mano izquierda también ha adquirido un significado simbólico en la política y la sociedad. Tradicionalmente, la izquierda se ha asociado con la oposición a un orden político establecido, a unas relaciones de poder. Está en la base de la misma revolución. Los miembros de la izquierda quieren revolucionar el mundo.

La izquierda se define en oposición a un modelo de producción. En términos de “derecha feudal” e “izquierda burguesa”, la burguesía enfrentada al orden feudal ejercía de izquierda. La izquierda orgánica, generada en el feudalismo y por el feudalismo, defendía los intereses objetivos de la burguesía, que veía cómo el marco político feudal ponía límites a su actividad mercantil.

La derecha, por su parte, se asocia con el mantenimiento de los privilegios. La derecha defiende el dominio político del orden del capital, en la medida en que posibilita y configura la dominación.

En la política venezolana actual, se observa una manipulación de la realidad similar a la de un mago, donde se intenta distraer la atención de los hechos importantes mediante eventos y discursos que buscan crear una realidad paralela. La brujería chavista, en este contexto, se manifiesta en el escamoteo de las actas electorales y la distracción con sonajeros y danzas tribales, mientras que los demócratas se muestran distraídos y aturdidos.

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