Las Cuatro Nobles Verdades se consideran el fundamento de las enseñanzas de Buda. Su importancia se refleja en el hecho de que se encuentran presentes en todas las tradiciones budistas, desde las primeras escuelas hasta la actualidad. Las distintas versiones conocidas de las Cuatro Nobles Verdades siguen en general el mismo contenido y forma, sugiriendo que provienen todas de una misma fuente original de enseñanzas. Estas verdades no son dogmas, sino más bien una práctica que cada cual tiene que actualizar en su cuerpo y mente.

Este camino de sabiduría y serenidad, tal y como lo enseñó el Buda, tiene ya veinticinco siglos de antigüedad. El budismo nace en la India aproximadamente en el siglo V aC pero, curiosamente, acaba desarrollándose fuera de este continente.

Siddharta Gautama y el Despertar

En mi novela Una luz dentro de ti explico como Siddharta Gautama alcanzó el conocimiento que le convirtió en el Buddha (el Despierto) bajo un árbol Bodhi, cuyo descendiente se conserva y reverencia en el mismo lugar, Bodhgaya. Dicen las escrituras que no le fue nada fácil, Siddharta llevaba varios años de entrenamiento exhaustivo y tomo la firme determinación de apostarlo todo a esa noche, en la que se juró que no se levantaría de la meditación hasta no haber descubierto el origen del sufrimiento humano. Lo consiguió y fue al darse cuenta del funcionamiento íntimo de la mente cuando vio como se co-crea la realidad. Después estuvo varios días dudando que hacer con este conocimiento, si lo podría compartir o era mejor guardarse de explicarlo a otras personas. Finalmente decidió divulgarlo y se encamino hacia Benarés (ahora Varanasí), que ya debía ser una ciudad sagrada entonces. Allí cerca, en el parque de los ciervos se encontró a sus antiguos compañeros de prácticas ascéticas, que recibieron su primer sermón.

Siddharta Gautama vino a ese mundo en una familia noble, sobreprotegido por su padre y por la familia. Sin embargo, cuando se hizo mayor pudo realizar salidas fuera de palacio y descubrió la realidad que le rodeaba: la vejez, la enfermedad, la muerte y los ascetas. Todo esto le hizo reflexionar de manera profunda y finalmente le llevó a renunciar a su vida cómoda y a iniciar la búsqueda de la verdad. Después de visitar a varios maestros y de hacer rigurosas mortificaciones, encontró, a partir de su propia experiencia, el camino de la liberación y la plenitud. Se trataba de un camino no dogmático, un camino que explicaba qué forma de vida era necesaria seguir para liberarse del sufrimiento. Finalmente captó la verdad de la existencia y logró la iluminación (bodhi). La experiencia del nuevo Buda puede resumirse en las conocidas Cuatro Nobles Verdades: la naturaleza del sufrimiento, el origen del sufrimiento, la extinción del sufrimiento y el camino que lleva a la extinción del sufrimiento.

La Rueda del Dharma: Un Símbolo de Transformación

La rueda del dharma es un gráfico en el que se condensan las enseñanzas fundamentales del budismo. Está compuesta, básicamente, por las cuatro nobles verdades y por el noble camino óctuple. Estos dos elementos configuran las líneas centrales de esta filosofía.

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La rueda del dharma o rueda de la transformación es un símbolo budista que grafica el camino hacia la iluminación. Corresponde a un elemento que muestra cómo es el orden de las cosas en forma natural, sin que intervengan fuerzas externas.

El nombre original de la rueda del dharma es dharmachakra y en principio fue empleada solamente por el budismo. Con el tiempo, también fue adoptada por el hinduismo y el jainismo. Los seguidores de la filosofía budista la consideran también como la rueda de la doctrina, porque sintetiza buena parte de las enseñanzas de Buda.

Se cree que la rueda del dharma estuvo presente desde el primer discurso de Gautama Buda, en el Parque de los Ciervos. Buda presentó este símbolo para responder a los discípulos frente al interrogante de cómo alcanzar la iluminación.

El Dharma: La Ley Moral y la Protección contra el Sufrimiento

La palabra dharma tiene diversos significados, dependiendo de la filosofía o de la creencia en la que se emplee. En el caso del budismo, el dharma es la ley moral. El término proviene del sánscrito y etimológicamente significa algo así como conservar, mantener o preservar. El antónimo de dharma no es karma, sino “adharma”, es decir, sin ley moral.

En el budismo, la ley moral es la ley cósmica del orden. Muchas veces se le identifica como sinónimo de “protección”. Se cree que la doctrina de Buda es en sí misma una filosofía que pretende proteger a las personas del sufrimiento. En ese sentido, el dharma viene a ser la práctica que conduce a la paz y a la iluminación.

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Para los budistas, cada quien debe emprender el camino para adiestrarse en el dharma. Esta es la vía para alcanzar la paz espiritual y con ella la felicidad, que radica en la sabiduría y la compasión. En este camino juega un papel importante la rueda del dharma, que señala el camino a seguir.

Las Cuatro Nobles Verdades: El Núcleo de las Enseñanzas Budistas

Las Cuatro Nobles Verdades son en esencia las siguientes: la primera es que 'la vida conlleva sufrimiento'; la segunda es 'el origen del sufrimiento'; la tercera 'el cese del sufrimiento, el Nirvana'; y la cuarta es 'el camino para lograrlo': el Óctuple Noble Sendero. Ese sufrimiento no es una fatalidad, sino más bien el resultado de nuestras acciones y nuestros estados mentales. Entenderlas puede dar paso a una etapa de iluminación que acabe con el sufrimiento (dolor, pena, aflicción, angustia, etc.) y permita vivir un estado total de liberación. Al volver la luz de nuestra conciencia hacia el interior, podemos transformar ese sufrimiento en el camino hacia una vida más noble, más digna, más libre. Pero la enseñanza de Buda no es algo que uno tenga que 'creer', no es un dogma, ni una teoría, se trata de una práctica que cada cual tiene que actualizar en su cuerpo y mente.

Como un sabio doctor de las enfermedades del mundo, el Buda hace un diagnóstico y enseña una cura. Y sugiere que también nosotros seamos doctores de nosotros mismos. Para ello es preciso comenzar entendiendo ese diagnóstico y esa cura: las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Sendero Óctuplo.

Cinco semanas de silencio después de que el Buddha lograra la iluminación sentado bajo el Árbol Bodhi en Bodhgaya, India, dió la primera enseñanza a sus cinco principales discípulos. Podríamos utilizar la siguiente analogía que utilizan muchos maestros para entender su significado. Si queremos encontrar la verdadera felicidad o liberación debemos reconocer nuestro sufrimiento (dukkha). Entonces, la primera y la segunda nobles verdades nos muestran la causa y el resultado de la existencia no iluminada -samsara o existencia cíclica, el ciclo repetitivo e incontrolado de nacimiento y muerte- como la enfermedad y su causa. La tercera y cuarta nobles verdades, la cesación y el camino, son la causa y el resultado de la existencia iluminada -nirvana- como el tratamiento y la curación. En samsara partimos ignorantes de la verdad última, y nirvana es la realización de ella.

1. La Noble Verdad del Sufrimiento (Dukkha)

En la primera el noble verdad constata la presencia universal del sufrimiento o de la insatisfacción, que en sánscrito es dukkha. Aunque haya momentos de felicidad, dukkha surge de una manera u otra. Hay de tres tipos: la que procede del daño ordinario, la que surge del cambio o impermanencia de todo y la que resulta del condicionamiento o de la interdependencia de todo. Y llega sin poderla controlar.

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Donde el Buddha dice sufrimiento, en realidad usaba dukkha una palabra que tambien se puede traducir como insatisfacción, irritación o incluso estrés, por eso tiene mucho sentido atención o Mindfulness para la reducción del estrés.

a. Este es el sufrimiento que todos podemos reconocer, desde los animales más pequeños hasta los seres humanos. Sufrimos porque no queremos experimentar el dolor que surge del sufrimiento físico y mental. Por un lado, deseamos estar cerca de nuestros seres queridos y de condiciones agradables; y, por otro, apartarnos de situaciones y personas desagradables.

b. El segundo tipo de sufrimiento es a un nivel sutil. Vivimos en un mundo donde la impermanencia es prevalente; claramente se expresa como nacimiento, vejez, enfermedad y muerte. Las cosas cambian, y aun así nos aferramos a ellas dándoles una etiqueta y una característica -les asignamos una expectativa-. Pensamos que nunca cambiarán; y cuando desaparece la imagen de aquello que habíamos etiquetado, sufrimos. Debemos reconocer que todas las cosas tienen una naturaleza transitoria -primero están y luego no- y que son impermanentes, están cambiando todo el tiempo. Este sufrimiento es el más sutil: se basa en la creencia de un yo independiente al cual le atribuimos un carácter permanente. Es la idea de que hay un “yo y lo mío”, y fuera de eso están los demás. Debido a esta ignorancia fundamental generamos apego por los seres queridos y lo que nos gusta, así como aversión por aquellas personas y lo que nos desagrada, e indiferencia por lo que no conocemos. Este es el sufrimiento que, en realidad, más nos afecta y del que nos debemos liberar. Estamos tan obsesionados con todo aquello que nos genera placer, que somos manipulados por nuestras sensaciones y emociones, no somos dueños de nuestras propias decisiones, vivimos inmersos en una ilusión por aquello que no nos lleva a nada. La razón de nuestra existencia condicionada es nuestra ignorancia fundamental. Cada fenómeno es un agregado de partes y está en dependencia de otros fenómenos. En realidad, lo que vemos como entidades o eventos separados corresponden a una gran red de interdependencias. Las emociones aflictivas afectan a la mente, a la salud y a la relación con las personas. Hemos entrado en el juego de las causas y condiciones por esta visión egocéntrica y estamos experimentando el samsara. Esa es la base. Por el momento y debido a nuestra ignorancia, estamos obligados a jugar, no hay otra salida.

2. La Noble Verdad del Origen del Sufrimiento (Samudaya)

Lo segundo noble verdad, samudaya, explica la causa del dukkha, del sufrimiento. La causa se encuentra en la avidez hacia lo que nos gusta, y la aversión a lo que no nos gusta. Y en el fondo detrás está la ignorancia. Explica el karma como la acción voluntaria, que produce efectos y consecuencias, que son el resultado del karma. El buen karma produce buenos efectos y el mal karma produce malos efectos. Y la teoría del karma es la teoría de la ley natural de causa y efecto, no de un sistema de justicia. Sin embargo, los efectos pueden pasar incluso a una siguiente vida a través de una sucesión de momentos, como la llama de una vela pasa de un momento a otro sin apagarse pero sin ser la misma del momento anterior.

La creencia del “yo y lo mío” nos alejan de la verdad -que es nuestra naturaleza luminosa-.

Cada fenómeno es un agregado de partes y está en dependencia de otros fenómenos. En realidad, lo que vemos como entidades o eventos separados corresponden a una gran red de interdependencias.

3. La Noble Verdad del Cese del Sufrimiento (Nirodha)

La tercera noble verdad es nirodha o el cese de dukkha. El cese de dukkha es el nirvana, que por tanto se convierte en la verdad absoluta, la verdadera felicidad. No puede ser descrita con nuestro lenguaje y, si se intenta, es mejor hacerlo con términos negativos, como extinción de la avidez, de la aversión, de la ignorancia, del condicionamiento, de la atadura, del apego. Se puede hablar de calma, ecuanimidad, libertad. Para eliminar el sufrimiento hay que eliminar su raíz, o sea, la avidez y la aversión que derivan de la ignorancia. La extinción de la ignorancia se alcanza al entender las cosas tal como son, impermanentes y vacías de existencia independiente, comprendiendo cómo la mente nos engaña con construcciones, elaboraciones y proyecciones, y actuar en consecuencia. Se llega a un estado interior con una mente que piensa de modo diferente, una mente transformada. Uno llega a la conclusión que hay que estar en el presente, sin engancharse ni con el pasado ni con el futuro, aceptando y apreciando todo sin apego y con serenidad. Y en ese mundo inter dependiente, no dual, el método racional es la compasión hacia uno y hacia los demás seres.

Desde nuestro punto de vista dualista concebimos los objetos y los fenómenos dotándolos de una existencia inherente, pero los fenómenos existen por su designación y función, no surgen de manera independiente como creemos. El problema de asignar una naturaleza inherente a las cosas es la razón por la que nos apegamos a ellas. Si podemos aceptar que los fenómenos no tienen una naturaleza inherente, veremos que aquello a lo que nos apegamos es tan solo una idea, no existe como algo sólido, independiente, sino más bien como un agregado de partes que surgen de manera dependiente debido a ciertas causas y condiciones, no hay una realidad objetiva detrás. Veremos que todos nuestros conflictos son tan solo una mera ilusión, podríamos decir que estamos peleando contra un espejismo. Al desmantelar nuestra creencia de una realidad objetiva de las cosas nos estaremos acercando a la cesación del samsara. Al aceptar la existencia del sufrimiento y de que estamos bajo el control de las emociones aflictivas y el karma, damos el primer paso que es la renuncia. Comprendemos que todos estamos experimentando el mismo sufrimiento y entonces, queremos la liberación para uno mismo y para todos. Al renunciar, no negamos ni rechazamos las cosas, más bien nos hacemos más eficientes, empleamos los recursos con mayor simplicidad. La simplicidad contrarresta las emociones aflictivas.

4. La Noble Verdad del Camino hacia el Cese del Sufrimiento (Magga)

La cuarta noble verdad, magga o el sendero muestra el camino que lleva al cese de dukkha. Se considera el camino medio porque evita tanto la indulgencia como el ascetismo. Es el Noble Sendero Óctuple, que se compone de ocho dominios que tradicionalmente se han agrupado en tres partes: conducta ética o sila, disciplina mental o samadhi y sabiduría o panna. Detrás de la conducta ética está el principio de amor y compasión universales para todos los seres. Buda difundió sus enseñanzas para el bien de todos, para la felicidad de todos y por su compasión por el mundo. El comportamiento moral es la base de todo lo demás.

Con respecto a las cuatro verdades hay cuatro tareas a ejecutar: sobre la primera, reconocer dukkha; sobre la segunda, eliminar la causa; sobre la tercera, alcanzar el nivana, y sobre la cuarta, que es el camino, seguirlo.

a. La visión correcta es aceptar la realidad última que, de alguna manera, podría ser descrita como el cuento de El traje nuevo del emperador, de Hans Christian Andersen, donde el vanidoso emperador gustaba vestir las galas más lujosas y costosas, y el nuevo costurero le vendió el traje más novedoso y caro -el traje invisible-. El emperador podría ponerse furioso por no ver en el traje las finas sedas, el hilo de oro y los accesorios de piedras preciosas; o aceptar el nuevo traje invisible, que podía ser tan bueno como los otros trajes. Esto es vencer nuestros preconceptos. Podemos aceptar que las cosas tienen variadas formas de ser y que estamos cómodos con la situación que se presente. La intención correcta es la que está alineada con la verdad; y la verdad es que existe la impermanencia, por lo tanto, no debemos apegarnos a nada. Debe prevalecer la ecuanimidad. Yo y todos los demás no somos diferentes, dependemos los unos de los otros. Existe la ley del karma: todas nuestras acciones tienen consecuencias, y sus resultados madurarán con las condiciones.

El Noble Sendero Óctuple

Los elementos de la rueda del dharma corresponden al “Noble camino óctuple”, el cual, a su vez, habla de ocho vías para alcanzar la paz y la iluminación.

  • Visión y comprensión correcta.
  • Pensamiento o determinación correcta.
  • Hablar correcto.
  • Actuar correcto.
  • Medio de vida correcto.
  • Esfuerzo correcto.
  • Atención correcta.
  • Concentración correcta.

Las categorías 3, 4 y 5 -el lenguaje, la acción y el medio de vida correctos- corresponden a la ética (shila) y a la conducta. El lenguaje y las acciones son expresiones directas de la mente. Si no creamos el hábito de cultivar la recolección -mindfulness-, no tendremos control sobre la mente, seremos víctimas de nuestras aflicciones y del karma. Finalmente las categorías 6, 7 y 8 -el esfuerzo, la atención y la concentración correctos- corresponden al entrenamiento mental. El esfuerzo correcto es el combustible para nuestra práctica. La meditación o la concentración correcta -samadhi-. Debemos desarrollar primero la recolección y la atención vigilante que nos permitirán acceder a una concentración unipuntual. Con esta base podremos embarcarnos para ir al encuentro de nuestra verdadera naturaleza. Finalmente, seremos capaces de experimentar directamente la realización de la realidad última a través de la meditación de la visión penetrante.

Estas 8 ramas no solo tienen un valor especial, sino que además operan en concordancia con las otras 7, de manera que cualquier avance en una de ellas resulta beneficioso para las otras. Así, en este sermón de Benarés, el Buddha puso en marcha la rueda de las enseñanzas para liberarse del sufrimiento, que se conoce como la rueda del Dharma. Compartiendo su conocimiento experimental sobre el funcionamiento de la mente humana abrió un camino para abandonar la vida como un continuo sacrificio y pasar a vivir con la sabiduría de la conciencia. Una sabiduría que no está basada en creencias o en existencias de mundos después de la muerte, sino en la experiencia de que se puede vivir de otra forma aquí y ahora.

La Doctrina de No-Alma (Anatta)

El siguiente capítulo, que está dedicado a la doctrina de no alma o no yo, anatta, explica el principio de origen dependiente de todas las cosas, incluyendo las personas. Este es un concepto clave del budismo. Se trata de que en el fondo todo es relativo, interdependiente e interconectado. Todas las cosas carecen o están vacías de esencia independiente. Igualmente lo es la persona, sus cinco agregados constitutivos según el budismo, su yo, alma, ego o atman, y en consecuencia su libre albedrío.

La Meditación Budista: Desarrollo Mental y Entendimiento Profundo

En el siguiente capítulo critica la concepción actual de meditación, que ha modificado lo que la palabra del sánscrito bhavana de los textos budistas quiere decir. Se traduce correctamente como desarrollo mental, en el sentido de por un lado limpiar las impurezas y los perturbaciones mentales, como los impulsos primarios y emociones negativas, y por el otro cultivar la concentración, la serenidad, la consciencia, la diligencia, el análisis y alcanzar la sabiduría de ver las cosas tal como son y actuar en consecuencia, que constituye el nirvana.

Distingue las dos formas de meditación ya clásicas, por un lado la de concentración samatha que ya existía antes de Buda y la meditación vipassana o de entendimiento profundo que es la meditación propiamente budista, la meditación analítica basada en la atención, consciencia y la observación y análisis profundo a todos los fenómenos que se nos presentan. Aquí hay que decir que en la meditación es frecuente comenzar por aquello más próximo, que es el cuerpo y dentro de él la respiración. El ideal es extender la meditación analítica a toda nuestra vida, viviendo con consciencia el presente, con actitud de observador distante, aunque en ello haya que recordar el pasado y planificar el futuro, pero como un científico y no como un juez.

El Budismo en el Mundo Actual

Termina abordando la relación entre lo que el Buda enseñó y el mundo actual. Afirma la doctrina es totalmente aplicable a la vida moderna y a las personas ordinarias. Es en la vida normal diaria donde se aplican con más sentido las enseñanzas de Buda de amor y compasión. Afirma que el budismo es un modo de vida y lo esencial es seguir el Noble sendero. En la tradición también se considera que alguien es budista si toma como refugio a las tres gemas (el Buda, el Dharma y la Shanga) y observa los cinco preceptos o obligaciones morales de un budista laico (no destruir la vida, no robar, no cometer adulterio, no mentir y no tomar tóxicos). Pero su sentido práctico hace que las enseñanzas sean útiles para todos, como con el ejemplo que recoge de los episodios de las enseñanzas de Buda donde transmite que la prosperidad económica de una persona es esencial para poder desarrollarse en otros aspectos.

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