Introducción
El pensamiento mágico, arraigado en la atribución de efectos a sucesos sin una relación causal demostrable, ha sido una constante en la historia humana. Desde las comunidades primitivas hasta la sociedad moderna, este tipo de pensamiento persiste, manifestándose en diversas formas, desde supersticiones personales hasta rituales religiosos complejos. Este artículo se adentra en el estudio de los efectos de la magia negra en la vida, explorando su historia, sus manifestaciones y su impacto en la sociedad, haciendo uso de la información proporcionada.
El Pensamiento Mágico: Una Perspectiva General
El pensamiento mágico se define como la atribución de un efecto a un suceso determinado, aunque no exista una relación de causa y efecto comparable entre ellos. Implica utilizar la lógica de las operaciones mentales sobre la realidad externa para explicar su funcionamiento, proyectando la experiencia psicológica sobre la realidad biológica. Este tipo de pensamiento se manifiesta en supersticiones, rituales religiosos y sacrificios.
En psiquiatría y psicología, el pensamiento mágico se considera más frecuente en niños, personas con trastornos obsesivos-compulsivos (TOC) o esquizofrenia. Sin embargo, todos participamos de él en mayor o menor medida. Por ejemplo, creer que tocar madera evitará un suceso negativo es una manifestación común del pensamiento mágico.
León Tolstói, a través del personaje Konstantin Levin en 'Ana Karenina', aborda el pensamiento mágico al cuestionar el espiritismo, una doctrina del siglo XIX. Levin argumenta que, a diferencia de los fenómenos naturales como la electricidad, el espiritismo carece de efectos consistentes y predecibles.
Funciones del Pensamiento Mágico
El pensamiento mágico cumple varias funciones psicológicas importantes:
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- Reducción de la ansiedad: Ayuda a nuestra mente a entender y controlar la realidad, reduciendo la ansiedad generada por la incertidumbre. Al buscar patrones y conexiones, podemos anticiparnos a los eventos y sentirnos más seguros.
- Desarrollo de la creatividad: Fomenta la fantasía y la imaginación, especialmente en edades tempranas.
- Explicación de lo inexplicable: En sus formas más primitivas, como la mitología, permite explicar fenómenos que la ciencia o el pensamiento racional no pueden resolver.
La Magia Negra: Una Definición
La magia negra se define como el uso de poderes sobrenaturales o magia con fines malvados y egoístas. A diferencia de la magia blanca, que busca el bien y la armonía, la magia negra se enfoca en causar daño, manipular a otros o obtener beneficios personales a expensas de los demás.
El Uso de Animales en la Magia Negra: El Caso de los Búhos en India
Un ejemplo preocupante del impacto de la magia negra es el comercio ilegal de búhos en India. Los chamanes y practicantes de la magia negra, a menudo denominados tántricos, prescriben el uso de partes de búho en sus rituales. A pesar de que la caza y el comercio de todas las especies de búhos en India están prohibidos desde 1972, el sacrificio ritual de estos animales es una práctica habitual.
Un informe de TRAFFIC, titulado “Custodios de la noche, amenazados”, revela que de las 30 especies de búho registradas en India, 15 son objeto de este tráfico ilegal. El Ministro de Medio Ambiente de India ha expresado su preocupación por esta situación, destacando que los búhos son tan importantes para el entorno como los tigres y otras especies carismáticas.
Orígenes Históricos de los Arquetipos del Mago y la Bruja
La percepción de la magia difiere mucho entre la figura del mago y de la bruja a lo largo de la historia, el primero normalmente con connotaciones positivas, y la segunda, negativas. Sin embargo, Shakespeare otorgó a las Tres Brujas de Macbeth un papel más ambiguo, en el que se perciben las influencias del folkrore británico, de la mitología nórdica y del mundo clásico, especialmente en su parecido con las tres Moiras griegas por sus poderes proféticos.
Los arquetipos del mago y la bruja, que aún conviven con nosotros, son muy antiguos, pero, al menos en ambos reciben muchos de sus elementos definitorios entre los siglos XI al XVI. Más concretamente, el arquetipo del mago se crea principalmente durante el Renacimiento del siglo XII, mientras que la bruja recibe su caracterización durante el siglo XV.
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Para entender cómo surgieron estos arquetipos, es necesario centrarse principalmente en la visión de la Iglesia ya que ha dejado mayor cantidad de registros escritos analizables. Se intentará extrapolar la visión de la nobleza y el pueblo en base a los registros escritos y las pruebas materiales, pero la hipótesis actual con los datos disponibles es que las nuevas perspectivas sobre la magia se generan en ambientes escolásticos y que el pueblo acaba adoptando estas visiones con el paso del tiempo. Destacamos que no existía un canon acordado y la visión dentro de un mismo nivel social tampoco era homogénea.
Contexto Histórico hasta el Siglo XI
En el 906, el Canon episcopi, redactado por el abad benedictino Regino de Prüm, demuestra que la magia era considerada imposible por la Iglesia. Aquellos que practican la hechicería son estafadores, ignorantes o han sido engañados por demonios. El Canon episcopi considera imposible que se pueda realizar la magia y, por ejemplo, refiriéndose a “mujeres que creen volar por la noche junto a la diosa Diana”, deja claro que tales vuelos son o ilusiones provocadas por demonios o simples delirios.
Otro ejemplo similar puede hallarse en el Decretorum Libri Viginti escrito por Burkhard de Worms en el 1010. El Decretorum condena la creencia en que los actos mágicos puedan producir algún efecto, pero no el efecto en sí: es la fe en la magia y no el acto mágico lo que es condenado.
El Renacimiento del Siglo XII y la Consolidación del Mago Arquetípico
El Renacimiento del siglo XII impulsó las ciencias naturales, y también las esotéricas, comúnmente mezcladas entre sí. Los monasterios, las cortes reales, pero, sobre todo, los centros de traducción especializados tradujeron textos mágicos del hebreo, el árabe y el griego al latín. España, y en particular, la escuela de traductores de Toledo de Alfonso X el Sabio fue clave en la introducción de textos mágicos en Europa.
Es entonces cuando se consolidan muchos de los rasgos del “mago” arquetípico. Es necesario que el mago sepa latín, como mínimo, pero probablemente también deba saber árabe, griego o hebreo. El practicante mágico es, por lo tanto, una figura culta; lo cual, en la sociedad medieval, lo convierte en una figura masculina y de edad avanzada. Muchos de los rituales descritos en los libros esotéricos requieren piedras preciosas, minerales extraños y otros objetos exóticos, por lo que el mago tenía que ser una persona con recursos económicos.
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A diferencia de la bruja que obtiene sus poderes exclusivamente de demonios, los libros esotéricos del siglo XII señalan al mago otras fuentes de poder mágico. El mago obtiene su poder de su conocimiento sobre Dios, las estrellas o propiedades ocultas en la naturaleza. Estas propiedades naturales ocultas se refieren a la creencia de que existían materiales con propiedades secretas, inexplicables, pero empíricamente demostrables. En esta categoría se mezclaban ciencias naturales incomprendidas, -el magnetismo o las propiedades bioquímicas de ciertas plantas- con creencias sin base lógica demostrable -la capacidad de los zafiros de curar úlceras o dolores de cabeza-.
El mago europeo del siglo XII también creía poder realizar actos sobrenaturales empleando espíritus y demonios. Pero el ritual consistía en invocar un demonio, doblegarlo y esclavizarlo mediante el poder de Dios gracias a oraciones, símbolos y objetos religiosos cristianos. En el ritual, el mago en ningún momento pacta o se somete al demonio, sino que al contrario, el demonio es convertido en un sirviente del mago y puede ser forzado a realizar actos benignos.
Todas estas circunstancias hacen del mago un hombre culto instruido y con la capacidad económica suficiente para poder obtener los materiales caros necesarios para los rituales. Sorprendentemente para un público moderno, el clérigo medieval es quien mejor cumple todas estas características y la sociedad medieval veía al mago arquetípico como un eclesiástico. Además, el clérigo puede tener acceso a objetos utilizados en la eucaristía, que se consideraban de gran poder y utilidad para fines esotéricos , lo cual reforzaba aún más esta visión.
De la Magia Aprendida al Pacto Demoníaco
Es imposible saber hasta qué punto los clérigos cristianos del medievo se involucraron con la magia en todas sus formas, pero es innegable que lo hicieron, pues nos han llegado libros sobre ciertas ramas de la magia, como la astrología, la alquimia o las propiedades ocultas naturales. Por ejemplo, Alberto Magno escribió De mineralibus, un libro sobre las propiedades ocultas de ciertos minerales. Todo ello preocupó gravemente a Tomás de Aquino.
Tomás de Aquino (1224/1225-1274), presbítero, teólogo, filósofo, jurista y doctor de la Iglesia católica es una de las figuras más influyentes del cristianismo en Occidente. En una de sus obras más importantes, la Suma teológica (Summa theologica) discute el poder y el peligro de las artes mágicas. Recuperando la opinión que Agustín de Hipona ya defendía en el 426, Tomás de Aquino concluye que cualquier acto sobrenatural tiene un origen diabólico y conlleva un pacto demoníaco, explícito o implícito. Tomás de Aquino opina que todo el conocimiento mágico carece de sentido. Usando sus palabras, los actos mágicos son “signos vacíos” que no tienen poder por sí mismos. Se trata tan solo de la señal acordada entre el hechicero y el demonio para que el demonio actúe.
Este cambio, aparentemente sutil, transformó completamente la visión popular del mago. Ya no era necesario saber diferentes idiomas, tener acceso a materiales exóticos o poseer una gran inteligencia para ser un mago, pues todo el conocimiento mágico carecía de significado, más allá de ser una contraseña entre el mago y el diablo. Por lo tanto, cualquiera puede ser un mago, el único requisito es tener la voluntad de someterse a un demonio.
La influyente visión de Tomás de Aquino se impone en el mundo escolástico y, gradualmente, desde el púlpito, al resto de la población europea. La transformación del mago en brujo queda completada y la semilla de las futuras cazas de brujas queda plantada. Ahora que no hay un requisito intelectual o económico para la magia y cualquiera puede ser un brujo, se vuelve posible, a ojos de la sociedad, que existan aquelarres multitudinarios que plantean una seria amenaza.
Del Brujo a la Bruja
La visión de Tomás de Aquino sobre la magia no considera que las mujeres sean más propensas a la brujería que los hombres. Aunque en la cultura grecorromana clásica ya existían prejuicios similares, el primer autor cristiano que considera a las mujeres más propensas a la brujería que los hombres es Johannes Nider (1380-1438) clérigo, teólogo y filósofo alemán, escribió el Formicarius (“El hormiguero”). Esta obra está escrita en forma de diálogo entre un perezoso estudiante que representa la opinión popular y desinformada y un sabio teólogo que representa el conocimiento, y también la opinión del propio Nider. Ambos personajes pertenecen a la orden de los dominicos, a la que Nider pertenecía en la vida real. Resulta esclarecedor que el perezoso estudiante exclame:
“No puedo dejar de asombrarme de cómo el frágil sexo se atreve a precipitarse en tales presunciones [hablando sobre brujería]. A esto, el teólogo respondió con cierta ironía: Entre los simples como tú, estas cosas son maravillas, pero a los ojos de los hombres prudentes, no son raras…”
De esta frase y de los escasos registros de acusaciones de brujería de la época que nos han llegado, podemos deducir que la sociedad en ese momento considera que los brujos son normalmente hombres, no mujeres. Nider afirma su posición con ejemplos de supuestas brujas famosas, citando autores clásicos como Séneca o Cicerón, manteniendo la visión misógina de que las mujeres son más débiles, física, mental y espiritualmente que los hombres y, por último, alegando que las mujeres tienen un potencial extremo para el bien o el mal. Citando a Nider:
“Hay tres cosas en la naturaleza que, si exceden los límites de sus condiciones, ya sea en disminución o en exceso, alcanzan el pináculo del bien o del mal, a saber, la lengua, el clérigo y la mujer…”
La obra de Nider no fue tan influyente como la de Tomás de Aquino, pero conviene analizarla en el contexto de este ensayo. Nider no solo fue el primer autor que asocia las mujeres con la brujería en contra de la creencia de la época, sino que influyó mucho en el inquisidor Heinrich Kramer (1430-1505, también conocido por su nombre latinizado Heinrich Institor). Kramer citó innumerables veces a Nider en su influyente e infame obra Malleus maleficarum (“Martillo de las brujas”).
El Malleus Maleficarum: La Conceptualización de la Bruja
El Malleus maleficarum fue escrito por Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, aunque muchos autores consideran que Sprenger participó muy poco en la creación del texto. El Malleus maleficarum es la obra más relevante en la conceptualización de la bruja, cuya caracterización se mantiene hasta nuestros días. siendo extremadamente popular durante las cazas de brujas de los siglos XV, XVI y XVII. La influencia del Malleus explica que aproximadamente el 75% de las víctimas de las cazas de brujas fueran mujeres. El Malleus consolida y magnifica la misoginia anterior en temas referentes a la magia. Kramer, al igual que Nider, alega que las mujeres son más débiles física, intelectual y espiritualmente (se inventa que la etimología de “fémina” deriva de “fe” y “menos”). Además, agrega que las mujeres son más propensas a la vanidad, la envidia, la infidelidad, la ambición y, sobre todo, la lujuria. Estas conclusiones se apoyan en textos filosóficos, pseudohistóricos, mitológicos y teológicos. En opinión de Kramer, es el deseo sexual incontrolable de la mujer la causa principal de que estas se conviertan en brujas, pues buscan satisfacer su lujuria mediante la cópula con demonios. En una de las primeras páginas del capítulo VI del Malleus podemos leer:
“¿Por qué este género de perfidia [refiriéndose a la brujería] se encuentra sobre todo en el sexo débil, con preferencia a los hombres?”
Y en una de las páginas finales de ese mismo capítulo:
“Concluyamos pues: todas estas cosas de brujería provienen de la pasión carnal, que es insaciable en estas mujeres”.
Destaquemos que el Malleus busca convencer a la población de la existencia y peligros de la brujería, analiza las consecuencias teológicas de la existencia de las brujas, enseña a otros inquisidores como enfrentarse a esta amenaza y explica los mecanismos legales para juzgar a las brujas. El objetivo de Kramer al escribir el Malleus no es demonizar a las mujeres a través de la brujería; sino más bien al revés, Kramer utiliza la misoginia imperante en la sociedad como herramienta para demostrar la existencia de brujas y demonios.
Tras la increíble popularidad del Malleus la visión general del practicante de magia es la de una mujer inculta, insatisfecha sexualmente, que ha vendido su alma al diablo y que utiliza sus poderes para dañar a la comunidad: destruyen cosechas, impiden la reproducción (humana o animal) y asesinan niños.
Factores que Contribuyeron a la Popularidad del Malleus Maleficarum
Es necesario cuestionarse ¿por qué fue el Malleus maleficarum tan popular? Toda una serie de circunstancias se combinaron antes y después del periodo histórico en el que se escribió el Malleus, acondicionando a la sociedad para creer en la amenaza que planteaban las brujas. Estas circunstancias desembocaron en las cazas de brujas, que a su vez popularizaron enormemente al Malleus maleficarum, pues fue un libro escrito en gran parte como manual para el cazador de brujas. El papa Inocencio VIII promulgó la bula Summis desiderantes affectibus (“Desear con fervor supremo”). Esta bula condena la brujería, aprueba la labor inquisitorial y certifica a Kramer a actuar en Alemania, expandiendo la fama del Malleus. Además, la invención y difusión de la imprenta de tipos móviles contribuyó a la producción en masa del Malleus durante el siglo XVI, lo que facilitó la propagación del libro.
Al menos, someramente, es interesante citar los diversos factores que pudieron haber influido en las cazas de brujas y simultáneamente popularizaron el Malleus:
- El cisma de Aviñón, y más tarde la reforma protestante, extendieron la creencia en la brujería pues ambos bandos enfrentados se acusaban mutuamente de ello.
- Los cátaros y los valdenses, acusados de herejía, también fueron acusados de brujería.
- La difusión mediática de los juicios de brujas mediante panfletos xilográficos ilustrados.
- Las pérdidas de cosechas debido al clima de la Pequeña Edad de Hielo.
- El miedo a pandemias producido por la peste negra.
- La multitud de guerras provocadas por la inestabilidad política en Europa.
Las Cazas de Brujas: Un Fenómeno Aterrador
A mediados del siglo XV, y durante trescientos años, tuvo lugar en Europa un fenómeno aterrador al que hoy nos referimos como cacería de brujas. Se trató, literalmente, de una persecución y ejecución masiva de personas que, por diversos motivos, eran vinculadas a rituales de magia y hechicería. La caída del Imperio Romano implicó una fragmentación cultural que dio origen a diversos cultos, algunos más místicos que otros. Entre ellos, surgieron adoradores del diablo, pero también cultivadores de las fuerzas místicas de la naturaleza.
En 1484 la Iglesia pone nombre a la brujería a través de la bula Summis desiderantes affectibus, de Inocencio VII. Pero no es hasta dos años después cuando la palabra se difunde de forma masiva, gracias al Malleus Maleficarum (Martillo de brujas), de los dominicos Kraemer y Sprenger. En la obra se detallan las pruebas de la brujería; sus ritos, hechizos y pactos diabólicos; y formas de prevención y combate para limitar sus efectos. Originalmente publicado en Alemania, el Martillo viajó por toda Europa, y se convirtió en instrumento fundamental para la identificación, persecución, tortura y condena de entre 40 y 60 mil personas durante los tres siglos siguientes.
El Uso de Sustancias Alucinógenas en la Brujería
Entre las plantas medicinales y mágicas, se listan muchísimas con efectos neurotóxicos o alucinógenos:
- Belladona: Tradicionalmente utilizada con fines terapéuticos.
- Beleño: Es una droga hipnótica, que anula la voluntad, y se utilizaba en gran cantidad de rituales. También aparece como sustancia de consumo de los vikingos y, en algún momento, se utilizó como planta terapéutica para tratar la histeria y la manía, aunque ahora está demostrado que no aporta beneficio alguno.
- Mandrágora: Ha sido utilizada con analgésico y afrodisíaco en el Mediterráneo y el Medio Oriente; tópicamente, es antiséptica, y se ha utilizado largamente para ungüentos.
- Estramonio: Ha sido ampliamente utilizada en aquelarres, ritos chamánicos y orgías; también tiene propiedades antiinflamatorias. Causa delirios y alucinaciones.
Además de las hierbas utilizadas, las brujas también hacían ungüentos o pociones con partes o productos de distintos animales, por ejemplo: el sapo.
En 1545, el médico y botánico español Andrés Laguna trataba al duque de Lorena, que había caído enfermo. Del envenenamiento del duque se señaló a una pareja de ancianos acusados de hechicería, aunque Laguna sabía que la enfermedad del duque no era producto de un envenenamiento ni, mucho menos, de un hechizo. Laguna utilizó la preparación con una paciente que sufría de insomnio y que, como consecuencia, cayó en un sopor delirante del que despertó contando toda suerte de aventuras que creía realmente haber vivido. Andrés Laguna probó, a través de este proto método científico, que «todo cuanto dicen y hacen las desventuradas brujas es sueño, causado de brebajes y unciones muy frías.
Queda claro a los ojos del siglo XXI que las confesiones de brujas son fruto de la conjunción entre sustancias alucinógenas, (auto)sugestión y tortura. Resulta especialmente interesante observar la proliferación de la brujería y su contraparte como un fenómeno social masivo desencadenado por el uso y abuso de sustancias. Aunque bajo otras formas, este fenómeno de delirio colectivo se ha ido repitiendo a lo largo de la historia de la humanidad sin que se tenga plena conciencia de ello en el momento de su aparición (en las guerras del opio, por poner un ejemplo).
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