El Campo de Montiel, un territorio manchego impregnado de historia y literatura, ofrece al viajero dos caminos: uno, dejarse sorprender por un entorno que evoca a Miguel de Cervantes y su inmortal Don Quijote, y otro, explorar las raíces profundas de esta provincia. El viajero, finalmente, decide.

Si Verona es sinónimo de Romeo y Julieta, el Campo de Montiel se erige como la tierra del Quijote, una afirmación que no admite discusión, como el propio Cervantes se encarga de recordar al lector. En el capítulo II de la novela, el autor aclara que Alonso Quijano "comenzó a caminar por el antiguo y conocido Campo de Montiel".

Aún hoy, esta ruta literaria, desconocida para muchos, revela auténticos tesoros en cada rincón del Campo de Montiel: sierras, valles y pueblos donde el pasado y el presente conviven en armonía, unidos por caminos que inspiran historias, llenos de hospitalidad, caballerosidad e hidalguía. Caminos amplios, de inmaculados valles y vastos horizontes, como la Vía Augusta o el Camino de Aníbal.

Como bien dijo Juan Gregorio García, "Acertó Don Quijote a tomar la misma derrota y camino, que él había tomado en su primer viaje, que fue por el Campo de Montiel". "Pisó por ella el uno y otro lado de la gran Sierra Negra y el famoso Campo de Montiel, hasta el herboso llano de Aranjuez", y "pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los Campos de Montiel".

Almagro: La Meca del Teatro del Siglo de Oro

El redescubrimiento del Corral de Comedias en 1957 revitalizó la tranquilidad de Almagro, transformándola en un epicentro del teatro del Siglo de Oro. Este pueblo, cargado de historia, alberga el Corral de Comedias, el más noble de Castilla. En este espacio íntimo y acogedor, el escenario se convierte en un portal al pasado, reviviendo el esplendor de la cultura y el arte españoles.

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En el siglo XVII, el público se congregaba para presenciar las comedias, atraído por la novedad y la fama de los autores. La frase "comedia nueva, jamás vista ni representada" era un reclamo constante, pues la originalidad de las obras garantizaba la asistencia y el éxito de los corrales de comedias. Los espectadores más asiduos se sentían parte integral del espectáculo.

El Festival Internacional de Teatro de Almagro, reconocido por la calidad de sus representaciones y el gran número de visitantes, ha transformado la esencia de los almagreños.

Salamanca: Un Mundo de Historia y Cultura

"Feliz usted que vive en una ciudad por muchas de cuyas calles se puede ir soñando sin temor a que le rompan a uno el sueño", exclamó Unamuno sobre Salamanca, una ciudad que George Borrow describió en 1840 como "¡qué espléndido lugar!". Salamanca, más que un paisaje, es un universo propio, una casa antigua repleta de obras de arte que exige respeto y admiración.

Allí nació una de las constantes de la cultura hispana: la ciencia y la picaresca entrelazadas. La Universidad de Salamanca, fundada en el siglo XIII, se convirtió en la más prestigiosa de Europa durante los siglos XVI y XVII. Figuras como Fray Luis de León y Francisco de Vitoria impartieron su sabiduría en sus aulas, y obras como La Celestina y El Lazarillo de Tormes vieron la luz en esta ciudad.

Gran parte del misterio, la picaresca y la historia de Salamanca perviven en sus calles. La ciudad alberga numerosos edificios monumentales y universidades que llenan sus calles de juventud. Su imagen más emblemática se contempla desde la orilla del río Tormes: el Puente Romano reflejado en el agua, con las cúpulas de sus catedrales y el arbolado de la ribera como telón de fondo.

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Cruzando el puente romano, se accede a una de las joyas de Salamanca: sus dos catedrales, la Vieja y la Nueva, unidas como siamesas separadas por cuatro siglos. La primera, de estilo románico, data del siglo XII, mientras que la segunda, gótica, fue finalizada en el siglo XVI con elementos barrocos. El hecho de no haber destruido la catedral vieja para construir la nueva permite apreciar dos soluciones arquitectónicas diferentes a un mismo problema.

La Universidad conserva sus hermosos edificios antiguos. El Patio de las Escuelas alberga las Escuelas Mayores, el Hospital del Estudio y las Escuelas Menores, un conjunto plateresco de gran belleza que transporta al pasado glorioso de Salamanca.

Durante el Siglo de Oro, las calles de Salamanca eran escenario de encuentro entre catedráticos y predicadores de la orden dominica. La fachada de San Esteban, una obra maestra del plateresco español, destaca por su riqueza e imaginación. Los jesuitas, con gran influencia en la Corte y en América, construyeron cerca de San Esteban su edificio emblemático: La Clerecía, actual Universidad Pontificia, un conjunto de iglesia y edificios destinados a la enseñanza y residencia de religiosos.

Recorrer las calles del casco antiguo de Salamanca es un placer. En cada rincón se descubren lugares encantadores y comercios con reminiscencias artesanas, entre edificios como la Casa de las Conchas y el Palacio de Monterrey, hasta llegar a la Plaza Mayor, una obra barroca de Alberto Churriguera, considerada una de las plazas más hermosas del mundo.

La vida de Salamanca gira en torno a la Plaza Mayor, lugar de encuentro, tertulia, paseo y celebraciones. Esta plaza ha sido testigo de corridas de toros, ceremonias religiosas y miles de encuentros amorosos. En la actualidad, la vida nocturna se concentra en las calles adyacentes, repletas de bares y pubs que desbordan gente, reflejo de la gran población estudiantil de la ciudad.

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Villahermosa: Un Tesoro Escondido en el Campo de Montiel

Villahermosa, un pequeño pueblo del Campo de Montiel, en Ciudad Real, hunde sus raíces en la Edad Media. Su historia está marcada por su ubicación estratégica en las rutas de Cuenca a Granada y de Valencia a Calatrava. Este tranquilo pueblo, citado hasta cinco veces por Cervantes en El Quijote, alberga un rico patrimonio histórico-artístico, entre el que destaca la impresionante iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, declarada Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural.

En su interior, de una sola nave con planta de salón, las capillas laterales le confieren un aspecto de cruz latina. Cuatro impresionantes bóvedas góticas, formadas por numerosas ojivas, y la monumental tribuna de madera noble para el órgano barroco, que suena desde mediados del siglo XVIII, son elementos destacados. Este órgano es uno de los más grandes e importantes de la comarca, la provincia y la región.

Don Francisco, párroco de Villahermosa, describe con detalle el Monumento de Semana Santa, un conjunto pictórico único: "el Monumento de Semana Santa representa en diferentes planos, con más de 30 lienzos, la Pasión de Jesucristo". En la bóveda del presbiterio, desde el siglo XVII hasta el siglo pasado, se colgaba este colosal conjunto pictórico para envolver el Monumento o Reserva Eucarística el Jueves Santo y cubrir las imágenes del retablo renacentista, siguiendo las normas litúrgicas. Se expuso por última vez en 1980, debido a su estado de conservación.

Según los estudiosos, sus pinturas son de primer orden, una obra singular en la península ibérica. Alfonso E. Pérez Sánchez, director del Museo del Prado en 1986, así lo afirmó. Entre 1989 y 1991 se restauraron tres escenas: el lavatorio, el despojo de vestiduras y la flagelación. En 1991 se inició la restauración de otros ocho lienzos de temática decorativa y tres pechinas, finalizada en marzo de 2006. En febrero de 2011, fueron trasladados al templo parroquial y, desde la Semana Santa de ese año, una parte del conjunto decora las paredes del coro a modo de exposición permanente.

El Monumento de Villahermosa es un conjunto de bastidores que cuelgan de la bóveda del presbiterio, formando un arco que va desde el primer escalón hasta el fondo, donde se encuentra un tapiz rojo con la imagen de la custodia. En el centro se eleva el altar y, en lo más alto, se coloca la arqueta mozárabe donde se hace la Reserva. Los arcos están decorados con ángeles y simbología de la Pasión.

Las pinturas del lado del Evangelio representan a Jesús orante en la parte inferior y, en la superior, a Jesús cubierto con un paño rojo, coronado de espinas, con una caña, objeto de burla y escupitajos. En el lado de la epístola, El Salvador es despojado de sus vestidos y azotado. Las pinturas, de tamaño natural, muestran rostros de dolor controlado, en contraste con los romanos que lo martirizan con odio.

Para completar la anchura, se encuentran dos pinturas: La Última Cena y El Lavatorio. La Última Cena destaca por la arquitectura y decoración del cenáculo, la distribución de los Apóstoles, las luces y sombras, y los detalles de los vestidos y colores. El manierismo es su estilo pictórico, en transición con el barroco.

El Monumento de Villahermosa es una de las superficies pictóricas más grandes en óleo sobre lienzo que existen en la actualidad. Se encuadra dentro del "arte de las tramoyas" o arquitecturas fingidas, por su carácter escenográfico, que lo entronca con las ceremonias de la Pasión y el teatro medieval.

Torre de Juan Abad: La Huella Imborrable de Quevedo

Iberos, romanos, moros y cristianos han dejado su huella en Torre de Juan Abad, un lugar de espesor histórico. Quevedo, Manrique, Teresa de Jesús son algunos de los personajes ligados a esta villa.

Desde 1621, Francisco de Quevedo y Villegas se tituló Señor de la Villa de Torre de Juan Abad, su "aldea", como solía llamar a este lugar en sus escritos. La Torre se convirtió en su refugio, que frecuentaba año tras año.

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