Chiclayo, conocida como la Capital de la Amistad, destaca como un centro comercial, económico y turístico clave en la costa norte de Perú. En el corazón de esta ciudad se encuentra el Mercado Modelo, un lugar emblemático también conocido como el Mercado de los Brujos, que atrae a visitantes y lugareños por igual.

Un Universo de Rituales Chamánicos

Lo que más llama la atención al adentrarse en el Mercado Modelo son los puestos dedicados a la venta de productos e ingredientes utilizados en ritos chamánicos. La diversidad es asombrosa: desde plantas medicinales hasta preparados naturales, imágenes de santos, pociones para recuperar el amor perdido, velas de todas las formas, colores y tamaños, e incluso elementos para llevar a cabo una "mesada" o ritual.

En el norte de Perú, la creencia en estas prácticas está muy extendida, lo que invita a los visitantes a suspender momentáneamente la racionalidad y dejarse llevar por las costumbres ancestrales arraigadas en la cultura local. Se ofrecen soluciones para una amplia gama de problemas, desde el amor y la salud hasta el trabajo, con productos y preparados diseñados para reconducir cualquier situación adversa. Esta es la razón por la que el Mercado Modelo también es conocido como el Mercado de los Brujos.

Rufino Rimepa: Guardián de la Tradición

Rufino Rimepa, un chiclayano de 35 años, está al frente de uno de los puestos en esta zona comercial. Heredó el negocio de su familia y, habiendo crecido en este mundo, decidió continuar la tradición. En su puesto, se pueden encontrar hierbas curativas, amuletos para protegerse del mal de ojo, esencias para despertar el amor y libros con los principales rituales.

Rufino explica que se pueden realizar "mesadas" o rituales tanto blancos como negros, diferenciándose en el fin positivo de los primeros y el negativo de los segundos, similar a la distinción entre magia blanca y magia negra.

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El Chamanismo en el Norte de Perú

El chamanismo está profundamente arraigado en el norte de Perú, basado en la creencia de que el mundo visible está impregnado de fuerzas y espíritus invisibles que influyen en todos los aspectos de la vida. La curación de enfermedades se basa en conceptos relacionados con el alma, donde el chamán busca recuperar el alma perdida del enfermo de manos de los espíritus.

La "mesada" es el ritual mágico andino por excelencia, que representa el combate entre las fuerzas del bien y del mal. Se utiliza para combatir brujerías y curar a las víctimas de hechizos. El chamán construye frente al paciente, con imágenes de santos católicos, objetos de poder, hierbas y minerales con supuestas propiedades mágicas, un esquema de la cosmovisión mágica andina. Esto permite al chamán entrar en contacto con todas las fuerzas espirituales del universo, ya sea para pedir ayuda o para enfrentarlas, con el objetivo de curar el daño.

Una "mesada" se divide en tres campos que representan el mundo material, el mundo espiritual superior y el espiritual bajo o inframundo andino. Entre los elementos clásicos que se encuentran en una "mesada" se incluyen varas, velas, minerales, conchas, hojas de coca, bebidas alcohólicas, animales disecados, alimentos diversos y pequeñas figuras. También se suman hierbas, maracas, cráneos, cocimientos y amuletos. Es común que el oficiante y sus pacientes participen en el ceremonial después de ingerir pociones como el San Pedro o la ayahuasca.

Medicina Natural: Una Alternativa Económica

En el Mercado Modelo de Chiclayo, muchos clientes buscan en la medicina natural los remedios para sus males. Según Rufino Rimepa, "es más barata que la convencional". Es importante tener en cuenta que la atención sanitaria en Perú no es universal ni gratuita, lo que dificulta el acceso a consultas y tratamientos médicos para muchas personas.

Un Ritual para Ahuyentar las Malas Energías

Ante la curiosidad de los periodistas, Rufino Rimepa compartió una "receta" para aquellos que atraviesan dificultades económicas: "Para acabar con las malas energías utilizamos incienso, sahumerio, mirra, palosanto, romero, eucalipto, palma bendita y alhucema (espliego). Se pica todo bien y se mete en una bolsa de tela. Se quema y se recorre la casa desde la parte más interior hasta la puerta, con lo que se realiza una limpieza de toda la vivienda".

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El Culto a la Santa Muerte: Orígenes y Prácticas

El culto a la Santa Muerte, aunque no es un fenómeno prehispánico, tiene antecedentes en las cosmovisiones prehispánicas donde la muerte y el mundo de los muertos jugaban un papel fundamental. Si bien existen evidencias de cultos relacionados con la muerte en los siglos XVIII y XIX en Hidalgo y Oaxaca, estos son muy diferentes a los actuales. En realidad, las evidencias de su existencia datan de 1961, con un mayor desarrollo a partir de 1965, año en que apareció con su configuración actual en el mercado de Tepito de la Ciudad de México, conocido por ser un lugar de contrabando e ilegalidad.

Aunque la mayoría de los estudios no consideran a Catemaco como la cuna del culto a la Santa Muerte, sino a Tepito, es innegable que muchos de los rituales y prácticas mágicas asociadas a ella se configuraron en Catemaco. Estas convergencias se pueden entender teniendo en cuenta el carácter ecléctico de muchas tradiciones ocultistas. Por ejemplo, en los altares donde se celebran estos ritos, se ha observado la imagen del Baphomet presidiendo el culto, con la Santa Muerte colocada en el lugar principal, junto con otros tétricos ídolos típicos de la Quimbanda, que popularmente se denomina en México "Santería satanista". Esto, junto con los calderos del Palo Mayombe, en los que se realizan rituales caníbales, sugiere una posible influencia de la santería en el culto a la Santa Muerte, que pretende coexistir con la religión católica, como la propia santería. Además, las similitudes rituales son notables, especialmente en el culto a Iku.

Orígenes del Culto a la Santa Muerte

El culto a la Santa Muerte se originó como una práctica mágica, ritual, vinculada a la brujería, la adivinación y el espiritismo, a través de diferentes formas de ocultismo practicadas anteriormente en México. Por lo tanto, es más probable que su origen sea estrictamente esotérico-popular contemporáneo que religioso prehispánico.

Además, el culto a la Santa Muerte se originó como una práctica ocultista vinculada al ámbito de la delincuencia, en particular a los delitos de robo, contrabando, fraude, asesinato, secuestro, narcotráfico y trata de personas. De hecho, no han sido pocas las voces que se han alzado para denunciar el problema de reconocer a la Santa Muerte como una práctica religiosa en dimensión asociativa, ya que estructuralmente representaría una afrenta al orden público y a los derechos humanos. No pocos de sus ministros han enfrentado procesos penales, están presos o han sido ejecutados en el curso de guerras entre organizaciones criminales. Esta relación entre el culto a la Santa Muerte y el crimen ha permeado consecuentemente en la mayor parte del hampa mexicana.

Asimismo, el culto a la Santa Muerte se originó como una práctica sincretista que de la santería cubana hereda la pretensión de subsistir con la religiosidad de un pueblo en su mayoría católico, sin pretender la renuncia a la fe católica pero coexistiendo con ella. Este componente sincretista es sumamente importante, porque facilita la participación de muchas personas que, por desconocimiento de la fe católica, se adhieren a las prácticas del culto a la Santa Muerte sin darse cuenta de que constituyen una amenaza para su fe. Además, su configuración simbólica y ritual se presenta con componentes propios del catolicismo romano: los ministros visten sobrepelliz, estola y casulla a veces totalmente idénticos a los utilizados por los sacerdotes católicos.

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Componentes Rituales del Culto a la Santa Muerte

En la fenomenología del culto a la Santa Muerte se pueden distinguir claramente dos componentes rituales: el sincrético y el esotérico. Dentro de los rituales sincréticos observamos la configuración de un culto al ídolo de la Muerte que toma algunos elementos de los cultos católicos. Así, encontramos rosarios, novenas, escapularios, altares, imágenes, consagraciones a la muerte, procesiones, cantos y similares: todos ellos elementos propios del catolicismo, pero utilizados con un significado diferente. Es evidente que la mayoría de estas prácticas sustituyen a la piedad mariana.

Por otro lado, dentro del componente esotérico, podemos considerar que el culto a la Santa Muerte se ha convertido en un espacio de convergencia en el que tienen lugar todo tipo de prácticas mágicas. Así, este eclecticismo lo hace especialmente proclive a extenderse entre las prácticas más ocultistas y populares. Dicho esto, pasamos a enmarcar algunas de las prácticas mágicas que se realizan a través de rituales y "rezos" a la Muerte, y que expresan su naturaleza y función en el color de la prenda con la que se viste el ídolo que la representa. Por ejemplo, el ídolo se viste de blanco para realizar magia blanca; de rojo para realizar hechizos de amor; de oro para pedir dinero; de negro para lanzar una maldición, conjurar hechizos o pedir protección durante la comisión de un delito; se viste de verde para pedir protección legal. Incluso hay rituales para pedir la rehabilitación de la adicción a las drogas vistiendo al ídolo de ámbar.

Los tipos de sacrificios, ofrendas y regalos que se presentan al ídolo de la Santa Muerte son variados: algunos son sincréticos, otros están influenciados por las religiones afrocubanas y otros tienen un carácter propiamente satánico. Se ofrecen flores, piedras y metales preciosos, imágenes y altares, pero también se ofrendan y consagran armas de fuego y blancas: fusiles de asalto, pistolas y cuchillos. Otras ofrendas son alcohol, tabaco, cigarrillos y drogas ilegales. Es habitual que los traficantes ofrezcan las dosis de marihuana, cocaína o metanfetamina que trafican. Además, rezan al ídolo, incluso maldiciendo las drogas que suministran a sus consumidores. Se ofrecen a la Santa Muerte personas, familias, niños, así como crímenes, torturas, asesinatos. En la Arquidiócesis de México, varias personas que han abandonado estas prácticas para renovar su bautismo han dado amplios testimonios sobre estos ritos.

Desde el punto de vista teológico-moral, el culto a la Santa Muerte implica directamente cometer pecados de idolatría, magia, brujería, espiritismo, adivinación y nigromancia. En algunos casos incluye prácticas satánicas que materialmente y formalmente constituyen apostasía, blasfemia y sacrilegio. También implica, de un modo u otro, pecados específicos de violencia contra la vida y violaciones muy graves del código penal como el asesinato, el crimen, el robo y el tráfico de drogas.

Las personas que rinden culto a la Santa Muerte, mediante la realización de diversas prácticas rituales y mágicas, adoran implícita o explícitamente a Satanás, arriesgándose a quedar supeditadas a él y a sufrir su acción extraordinaria. Así, aunque algunos de sus ministros y devotos no firmen un pacto formal, lo hacen al menos interiormente. Sin embargo, dentro de estas comunidades también existen pactos formales por los que el diablo, a través del ídolo de la Santa Muerte, concede a sus seguidores, mediante una intervención preternatural, dones y riquezas. La práctica del exorcismo en México confirma numerosos casos de acoso, obsesión y posesión diabólica vinculados a la práctica y creciente difusión del culto a la Santa Muerte. Cada vez son más las personas que sufren no sólo de brujería en general, sino de los maleficios asociados a este culto.

La respuesta pastoral de la Iglesia ha incluido la denuncia de este terrible engaño y busca preservar al pueblo de Dios de estos males, consolidando el anuncio del Evangelio, la catequesis y la formación, al mismo tiempo que lo santifica con los sacramentos y la oración.

El Vudú: Más Allá de los Estereotipos

Las industrias culturales de los grandes centros de poder han intentado moldear las mentalidades de los países periféricos según prácticas, costumbres, saberes, gustos y formas de ser y estar en el mundo toleradas por las cosmovisiones dominantes. En Occidente, Hollywood fue (o es) uno de esos grandes polos de creación de productos tendentes a uniformizar las miradas y formas de relacionarnos con el más allá. El caso de la religión vudú es un claro ejemplo de ello, de cómo se demoniza lo otro, lo desconocido, lo que no responde a los parámetros o preceptos imperantes en la moral occidental (cristiana, capitalista, individualista, etcétera). Esos muñecos de tela en donde se clavan alfileres para infligir dolor en las víctimas son el fiel reflejo de esas imágenes deformadas que se transmitieron por las grandes pantallas para generar confusión, miedo, rechazo frente a unas prácticas asociadas a la oscuridad de la magia negra.

El vudú es el sistema religioso predominante en el sur de Benín (declarado oficialmente religión en 1996), Togo, y algunas regiones de Nigeria. La ciudad de Ouidah (en Benín), donde cada año se celebra el Festival Internacional del Vudú, es considerada la "cuna" de este culto.

El Vudú en América

¿Cómo llegó el vudú desde las costas occidentales africanas al otro lado del Atlántico? A través de la trata transatlántica de esclavos, que arrancó de África al menos 12 millones de personas para explotarlas en las plantaciones de los imperios europeos en el "nuevo mundo". Pese a los intentos de sus secuestradores de quitarles todo rastro de humanidad a estas personas que se convirtieron en bienes muebles, los esclavos llevaron su culto en sus almas, y lo siguieron practicando en sus nuevos destinos, en lo que quizá haya sido el acto de resistencia cultural más extraordinario de todo este proceso de comercio negrero que se extendió durante cerca de cuatro siglos. Pese a todo intento de evangelización, los esclavos que partieron de las costas de Ouidah (uno de las principales zonas de embarque de la "costa de esclavos", desde donde se "exportaron" cerca de un millón de cautivos), siguieron adorando a su único dios -Mawu, creador de todo el universo- y a sus decenas de divinidades que los conectan con la naturaleza y con sus ancestros, que no mueren mientras haya alguien que recuerde que sus espíritus siguen habitándonos.

Creencias y Prácticas del Vudú

La palabra "vudú", o "vodoun", o "voodoo" (u "orissa" como se lo denomina en la lengua yoruba, una de las etnias mayoritarias del sur de Nigeria) significa "alma" o "fuerza", y según explica el antropólogo Joan Riera, es una religión (catalogada peyorativamente de "primitiva" o "tribal") cuyos principales preceptos son que la vida continúa después de la muerte, que se puede contactar directamente con los espíritus (vinculados a los muertos y también a los fenómenos naturales), que existe la posibilidad de que nuestras almas abandonen nuestros cuerpos a través de trances o sueños, que hay personas sagradas (como sacerdotes o videntes), que se pueden hacer expiaciones a través de ofrendas o sacrificios (suelen matarse animales como pollos, gallinas, palomas o cabras) y se suelen fusionar conceptos como individuo-comunidad, presente-pasado, objetos-símbolos. Al no haber un Corán, una Biblia o una Torá, el vudú se convierte en un credo muy difícil de comprender. Todos los saberes se transmiten desde los ancianos a los "iniciados", que deben atravesar tres ritos de pasaje para convertirse en "babalawo".

Culto de esclavos negros, con decenas de divinidades (como "Sakpatá", el hijo mayor de Mawu, el vodun de la tierra, o Dangbé, la deidad del mar, representada con una serpiente, símbolo de todo lo que da vida, o "Egúngún", el espíritu de los ancestros), rituales nocturnos en los bosques (lugares sagrados por excelencia, donde se entra en contacto con lo sobrenatural), con sacrificios de animales (uno de los aspectos más criticados de esta religión en la actualidad), con tambores como elemento central (la música y las danzas frenéticas son una de las características principales de todos los rituales, por eso algunos la llaman "la religión bailada") y con los espíritus de los muertos viviendo entre nosotros (a diferencia de la creencia de que van al cielo o al infierno), el vudú tiene todos los componentes para ser denostado y demonizado.

El Festival Internacional del Vudú

Desde el primer festival celebrado en 1993, cada 10 de enero se desarrolla en Ouidah el Festival Internacional del Vudú, con la intención de atraer el turismo cultural y rescatar los cultos tradicionales de los pueblos de esta región del occidente africano. Es una especie de exhibición grandilocuente de este credo. Es la espectacularización de la cultura local y su mercantilización también. Es un show montado para turistas y diplomáticos de muchos países donde aún hay fieles que practican el vudú (se calcula que 60 millones de personas en todo el mundo), una celebración que busca desarmar la visión negativa sobre esta religión. El festival puede entenderse como un mecanismo -de propaganda- contrahegemónico de un país del tercer mundo -donde la mayoría vive con salarios que rondan entre los 50 y los 100 dólares- que busca rescatar su tradición del lugar negativo al que fue arrojada por los discursos y cosmovisiones dominantes. Así como Occidente montó sus shows para construir los preconceptos y prejuicios sobre el vudú, desde el gobierno de Benín -con la colaboración de algunas instituciones internacionales- están procurando deconstruir esa idea y mostrar el color, las danzas y las creencias de este culto que lejos está de ser algo demoníaco, sino todo lo contrario. El festival es un día en que abren la puerta de su cosmovisión para los flashes de los blancos (en otros contextos son un poco más celosos y rechazan las fotografías o vídeos). Para algunos, puede resultar algo muy "artificial", una banalización de un culto y de unos saberes milenarios con rituales que fuera de su contexto y su aplicación cotidiana quedan vaciados de sentido, ya que no están vinculadas a un momento trascendental de la vida o algún acontecimiento divino, sino a su mera exposición pintoresca, carnavalesca. Pero también puede entenderse como un mecanismo -de propaganda- contrahegemónico de un país del tercer mundo -donde la mayoría vive con salarios que rondan entre los 50 y los 100 dólares- que busca rescatar su tradición del lugar negativo al que fue arrojada por los discursos y cosmovisiones dominantes.

Más allá de esa discusión difícil de resolver, lo más atractivo del festival es la algarabía local; la ciudad está alegre, los niños corren detrás de esas personificaciones de los espíritus que los persiguen con movimientos estrafalarios y disfraces coloridos, los tambores retumban por las calles en las procesiones del jefe local que recorre algunos de los templos más importantes (como el del mercado Zobé, donde está el santuario del vudú "Aizan Dodo", el protector del mercado y las personas), y las distintas congregaciones o clanes que adoran a las diferentes divinidades preparan todo su repertorio de bailes y cantos parda mostrarle al resto sus mejores atributos.

En el festival oficial estuvieron presentes autoridades locales (los jefes o reyes de las distintas ciudades y regiones, que aún ostentan el poder real) e internacionales (diplomáticos de Sudáfrica y de Haití entre otros), y consistió en una especie de exhibición de distintas asociaciones locales y regionales, que adoran a distintos dioses o espíritus y cada cual tiene sus propios trajes, templos, cantos, bailes y rituales. Pese al desborde de gente y algunos problemas organizativos, todo se desarrolló en paz, con el cierre del festival en la Plaza Chacha, el lugar donde otrora -a mediados del siglo XIX- Francisco Félix de Souza (alias "Chacha"), el famoso comerciante de esclavos local de origen brasileño, subastaba a los cautivos entre los compradores europeos, bajo la atenta mirada de los emisarios del Rey de Dahomey, la autoridad principal de la región en estos años de trata de esclavos. Ese espacio infame, donde las clases dominantes de uno y otro continente traficaban seres humanos (más allá de si las fuentes historiográficas prueban o no que en Ouidah había subastas públicas de esclavos) al menos por un día se resignificó por completo, fue ocupado por las mayorías que mostraron su cultura, que expusieron sus creencias, que invitaron al foráneo a acercarse a ellas.

Más allá de toda la parafernalia oficial, el vudú está vivo en las calles de Ouidah, con templos, rituales, creencias, y formas de entender la vida y muerte totalmente distintas a las de Occidente, pero que conviven en perfecta armonía con cristianos y musulmanes que también disponen de sus templos en la ciudad. Una muestra de que el vudú no es tan malo como nos contaron. Una muestra de la resistencia cultural de los pueblos esclavizados (más allá de que los reyes locales también practicaban el vudú). Una muestra de lo que cada rincón de África tiene para contar pero seguimos sin escuchar en otros continentes.

Mercados de Fetiches Vudú: Akodessewa en Lomé

El mercado de Akodessewa en Lomé, Togo, está considerado el mercado de objetos de vudú más grande del mundo. En él se pueden encontrar manos o cabezas de mono, partes de cobras, cráneos de otro tipo de fauna, mandíbulas de cocodrilos y camaleones, pieles de reptiles, pócimas y ungüentos de todo tipo del mundo vudú. Recorrer puesto por puesto algo tan alejado de nuestra cultura, sencillamente sobrecoge. La esencia y fundamentos del vudú, también conocido como voodoo, tienen su origen en África Occidental, justo donde nos encontramos actualmente y es el legado de las etnias Ewe, Kabye, Mina y Fon. Cuando los colonizadores europeos llegaron a esta parte de África todos estos objetos y rituales fueron prohibidos y se les colgó la etiqueta de magia negra. Hasta aquí llegan personas, incluso de países vecinos, en busca de remedios para sus enfermedades (o la de sus familiares), fetiches que les sirvan de amuleto ante ciertos problemas o adversidades, liberarse de mala suerte, atraer a la buena…

Togoville: Centro de Peregrinaje Vudú y Cristiano

Para llegar a Togoville, se utiliza una especie de piragua, una pequeña canoa en la que un hombre aprovecha el poco calado para impulsar la embarcación con una pértiga y en poco más de 15 minutos superar el corto trayecto que nos deja imágenes de pescadores con sus redes y una paz que no hemos vivido en todos estos días. Cuenta la historia que el lugar que estamos pisando da origen al actual Togo. Parece ser que los primeros pobladores llegaron tras una larguíiisima migración desde Egipto y cuando vieron el grave problema del esclavismo, quisieron llegar a un acuerdo con Alemania de protectorado. Esto ocurrió en 1884, cuando el canciller Otto von Bismarck enviaría al explorador alemán Gustav Nachtigal a negociar con el rey Mlapa III, cuya casa de los descendientes es ahora visitable, generando una curiosa situación con franceses e ingleses al acecho. Realizar un recorrido entre fetiches, santuarios, esculturas de madera y otros tantos talismanes y amuletos vudú nos deja impresionados. Otro de los puntos destacados es la Catedral de Notre-Dame del Lago Togo, construida en 1910 en honor a Nuestra Señora del Lago Togo, la santa patrona del pueblo. Es muy famosa la leyenda que cuenta que en este área se apareció la Virgen María en un barco en 1940. Esto hace que cientos de miles de fieles se acerquen para ver este lugar atraídos por sus motivos religiosos. Togoville también es una ciudad de estudiantes, con tres escuelas secundarias principales ubicadas en la ciudad, College Notre Dame Du Lac de Togoville, College Saint Augustin y College d'Enseignement General de Togoville y los escolares vienen de todo Togo y otras partes para tener el privilegio de asistir a ella.

Dahomey y la Ruta de los Esclavos

En Dahomey se puede profundizar en la vergüenza del esclavismo y realizar la Ruta de los Esclavos hasta la Puerta de No Retorno de Ouidah. Una villa construida al estilo afrobrasileño de las casas de esta época, fue edificada por Assiakoley y su clan en 1835 para seguir el negocio lucrativo del comercio de humanos antes de "embarcarlos para las Américas" hasta la llegada de los alemanes a Togo que lo dejaron sin uso.

Grand Popó: Turismo de Sol y Relax en Benín

Grand Popó es algo así como el área de turismo de sol y relax que tiene Benín para los pocos turistas que se acercan a conocerlo.

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