Tara Blanca, venerada en el budismo tibetano, es una manifestación de la compasión y la sabiduría, un faro de esperanza para aquellos que buscan la liberación del sufrimiento y una vida plena. Su práctica, arraigada en la tradición vajrayana, ofrece un camino para superar los miedos, cultivar la positividad y avanzar hacia el despertar espiritual.
Tara: La Buddha Femenina de la Compasión
Tara, cuyo nombre en sánscrito significa "libertad", es la bodhisattva femenina más alabada en las tradiciones del budismo tibetano. En tibetano, se la conoce como Drölma, que significa "estrella" o "aquella que da la Luz". Su imagen juvenil, de color verde esmeralda o blanco radiante, sentada sobre una flor de loto, evoca serenidad e intrepidez.
Lama Rinchen respondió: «Tara es Buddha» - una respuesta que no esperaba. Pero justo ese es el rol de un maestro: ayudarnos a ver más allá.
La Historia de la Princesa Yeshe Dawa
Según los maestros, hace muchos eones, en un mundo lejano llamado Luz Multicolor, existió una princesa llamada Yeshe Dawa, cuyo nombre significa "Luna de Sabiduría". Ella poseía gran fe y devoción por el Buddha Sonido del Tambor, a quien realizó innumerables ofrendas y ante quien asumió los votos del bodhisattva: el compromiso de alcanzar la iluminación para beneficiar a todos los seres.
Cuando se le sugirió que renaciera en un cuerpo masculino para alcanzar la iluminación, Yeshe Dawa respondió que había muchos practicantes que aspiraban a iluminarse en cuerpo de varón y muy pocos en cuerpo de mujer. Con gran determinación, Yeshe Dawa enfocó su práctica y, en profunda concentración, liberaba cada día a un millón de seres por la mañana y el mismo número por la tarde.
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La historia humana de Tara es inspiradora, ya que nos permite identificarnos con ella. ¡Ella fue una persona como tú y como yo! Su historia nos apunta hacia una gran lección: que todo parte de una aspiración. Yeshe Dawa emprendió su camino de bodhisattva hacia la iluminación motivada por la compasión, la mayor de las aspiraciones.
Las Múltiples Manifestaciones de Tara
La capacidad de Tara para asumir distintas formas para poder ayudar se muestra mediante las 21 Taras en que se manifiesta y que varían en color y en actitud, desde pacíficas a feroces. Atisha, pandita indio del siglo XI, era un gran devoto de Tara, que aparecía en sus sueños y visiones y le proporcionaba inspiración. Hay varias formas o sistemas de representar a las 21 Taras, siendo la de Atisha la más extendida. En ella las 21 Taras aparecen con la misma forma (la de Tara verde o a veces la de Tara blanca), pero distinto nombre y color de cuerpo.
Todas las habilidades de Tara, esto es, pacificación, magnetización o poder, incremento de positividad y superación última de obstáculos para la iluminación se incluyen en las 21 representaciones. Las formas pacificadoras son blancas, las magnetizadoras o de poder son naranja y rojas, las incrementadoras de beneficios o cualidades positivas son de color oro o amarillo y las feroces para superación de obstáculos últimos son negras.
Debido a nuestros velos conceptuales y emocionales, necesitamos que los buddhas se manifiesten en múltiples formas. De este modo, podemos reconocerlos y conectar con su actividad. En el sentido relativo, las divinidades aparecen para nosotros en formas y colores variados, adornadas con atributos y ornamentos diversos y, aunque «no se sitúen en el plano último, al menos desde el punto de vista de nuestro modo de percepción, tampoco están separadas del mismo».
Tara Blanca: La Deidad de la Larga Vida
Desde el punto de vista del vajrayana, Tara Blanca ―Drolkar en tibetano y Sitatara en sánscrito― es una Buddha completamente iluminada con todas sus cualidades y bajo una apariencia femenina. Se trata, al igual que Tara Verde, de una emanación de Arya Tara, “La Noble Liberadora” ―aquella princesa que eones atrás alcanzó la iluminación como resultado de practicar el Dharma y generar la poderosa aspiración de liberar del sufrimiento a millones de seres―.
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Tara Blanca forma parte del panteón budista ligado a los Himalayas, y es una deidad muy venerada especialmente en Tíbet y Mongolia, ocupando su lugar como una buddha femenina al estar asociada con las más altas prácticas del budismo vajrayana.
La figura de Tara habría llegado a las altas planicies del Himalaya por varias vías de transmisión y en diferentes momentos. Por otro lado, en las referencias escritas, nuestra protagonista adquiere importancia en la segunda oleada de implantación del budismo en Tíbet, allá por el siglo XI. Será entonces cuando se traduzca al tibetano El tantra que se dice en el origen de todos los ritos de Tara ―incluido en el Kangyur―, el cual contiene Las Alabanzas a las Veintiuna Taras.
Tara Blanca reúne la energía de las actividades iluminadas de todos los buddhas de todos los tiempos, y comparte las mismas cualidades: una compasión sin límites, sabiduría trascendental y el poder de dar refugio. Conocida también como Drolma Karmo en tibetano, es una de las principales deidades de longevidad. Con ella da comienzo la plegaria de larga vida dedicada a S. S. Gongma Trichen ―cabeza de linaje de la Tradición Sakya―, que dice: «Suplico a la Deidad de Siete Ojos que te otorgue larga vida inmortal (…)». Además, por estar asociada con favorecer una vida más longeva, lo está también con el apaciguamiento de todo tipo de enfermedades.
Iconografía de Tara Blanca
En las imágenes de Tara Blanca, esta se presenta con un aspecto juvenil, con la apariencia de tener unos dieciséis años, sonriente y con un cuerpo de color blanco radiante ―dorado en el caso de las estatuas―. Sin embargo, ofrecen variaciones según los linajes de transmisión y las influencias culturales.
Un tercer ojo en la frente, en vertical, y uno más en cada palma de las manos y plantas de los pies. En la postura vajra o adamantina (sánscr. vajraparyanka), esto es: cruzando las piernas y con los tobillos descansando sobre los muslos opuestos. Con su mano derecha en el gesto de la generosidad suprema y la izquierda en posición de dar refugio. Con esta, sostiene el tallo de una flor de loto (sánscr. padma) abierta, de color blanco con irisaciones rosadas ―aunque según la línea de transmisión podría tratarse de una flor de loto azul (sánscr. utpala―, que simboliza el florecer de los logros espirituales, y se abre a la altura su oreja izquierda. Aparece engalanada con los trece ornamentos del sambhogakaya ―(lit. “cuerpo de gozo”) una de las dimensiones de los buddhas que se manifiesta como un cuerpo de luz a los bodhisattvas de alto nivel―. Su imagen de color blanco vendría a simbolizar la pureza, la verdad inmaculada del Dharma y la más perfecta sabiduría. Este color también se relaciona con su forma apacible ―una de las cuatro que contempla el tantra―.
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Tara Blanca, se la representa sentada en posición de loto con las plantas de los pies apuntando hacia arriba (loto de diamante). Piernas dobladas en señal de un estado de interiorización y contemplación. Su mano izquierda está en el mudra protector cerca de su corazón y sujeta una flor d’utpala, parecida a un loto abierto.
Alabanzas a Tara
Las alabanzas se componen de 21 versos, uno para cada Tara, formados cada uno por las tradicionales 4 líneas, que contienen frases muy condensadas, siguiendo la tradición oral dirigida a la memorización y recitación. Las alabanzas eran y son recitadas con gran frecuencia en monasterios, casas… por monjes y laicos. En los 21 versos de las alabanzas de la tradición de Atisha el primer verso alaba o rinde homenaje a la historia de Tara, los versos de 2 al 7 alaban sus aspectos pacificadores, los versos del 8 al 14 los aspectos feroces y superadores. Recitando las alabanzas y meditando sobre las diferentes formas de Tara, la compasión en acción, el practicante supera el miedo, combate la negatividad y obstáculos internos, crece espiritualmente y avanza hacia el despertar.
La Práctica de Tara Blanca
Las principales tradiciones budistas tibetanas mantienen vivas las prácticas de Tara Blanca ―existiendo tanto versiones breves como extensas―.
Puedes meditar identificándote con Tara para asimilar sus cualidades de felicidad, compasión y ayuda a los seres, con la visualización. Hay varias maneras. Después de calmar la mente, tomar refugio y generar la bodichita, te imaginas o visualizas en el espacio ante ti una Tara Verde con su postura, mudras y demás adornos. Te imaginas que un rayo de luz emerge del corazón de Tara y toca tu cuerpo, habla y corazón/mente, purificando todos tus obstáculos mentales, apegos y negatividades, mientras recitas el mantra. Después de un tiempo de contemplación le pides que te siga ayudando a desarrollar la bodichita, la actitud de aspirar a despertar para beneficio general. Alternativamente puedes visualizar a Tara sobre la coronilla de tu cabeza, mientras recitas el mantra.
Beneficios de la Práctica
¿Por qué es importante practicar la sadhana de Tara Blanca? Principalmente para llevarnos rápidamente por el camino hasta la iluminación ―siddhi extraordinario―. Además, en este camino, los maestros nos ayudan a darnos cuenta de que todos tenemos la fuerza interna para lograr la budeidad, y una iniciación tántrica es el primer paso para alcanzarla. Si bien los maestros señalan que los beneficios son importantes, también nos recuerdan que hemos de cuidar de nuestra salud.
¿Y qué motivación puede llevarnos a iniciarnos en esta práctica? En esencia, una profunda compasión que madura en bodhichitta, el compromiso de lograr la iluminación para beneficiar a todos los seres. no deben jamás abandonar la bodichita. Razones que llevan a explicarnos por qué nuestra protagonista es una deidad de larga vida: porque al tomar esta iniciación y hacer después de manera continuada su práctica, generamos las causas y condiciones que nos permitirán tener buena salud y la vitalidad necesaria para mejorar nuestra calidad de vida y, así, prolongarla. Todo ello con un propósito, el de poder practicar el Dharma, avanzar en el camino hasta iluminarnos y ayudar a todos los seres a conseguirlo, sin excepción.
El Poder del Mantra de Tara Verde
Uno de los aspectos más destacados de Tara Verde es su mantra principal, que se recita para invocar su protección y compasión universal. Este mantra, conocido como «Om Tare Tuttare Ture Soha», tiene un profundo significado espiritual:
- Om: Representa la unión del cuerpo y la mente con lo divino.
- Tare: Nos libera de los sufrimientos y las emociones limitadoras.
- Tuttare: Brinda protección contra los peligros externos e internos.
- Ture: Protege contra enfermedades y ayuda a alcanzar la paz interior.
- Soha: Sella esta conexión y ofrece una protección duradera.
Al recitar este mantra, se activa la energía de Tara Verde, atrayendo tranquilidad, fortaleza emocional y un estado elevado de conciencia.
La Importancia de la Iniciación
Las imágenes inspiradoras actúan como alicientes en nuestro día a día. Pero cuando nos referimos a imágenes sagradas, la relación que podemos establecer con ellas va mucho más allá. Sin embargo, los maestros nos recuerdan que, para apreciar nuestras cualidades búdicas, necesitamos haber recibido una iniciación, instaurando de esa manera un vínculo verdadero que nos permitirá profundizar en la práctica.
Conclusión
Tara Blanca es mucho más que una figura religiosa; es un símbolo de esperanza, compasión y sabiduría. Su práctica ofrece un camino para transformar nuestras vidas, superar los obstáculos y alcanzar la iluminación. Al conectar con su energía, podemos cultivar la paz interior, la fortaleza emocional y una profunda conexión con todos los seres.
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