El karma es una palabra que probablemente has escuchado y tal vez incluso utilizado para expresar la idea de que cuando alguien realiza una acción negativa, el universo se la devolverá. Sin embargo, el verdadero significado de este término, originario del sánscrito, es el de "acción" en culturas como la budista. Por lo tanto, está estrechamente relacionado con todo lo que hacemos a lo largo de nuestra vida y es aplicable a nuestra vida cotidiana y a nuestras relaciones personales.

A grandes rasgos, el karma se entiende como un principio universal de justicia y equilibrio a partir del cual todas las acciones tienen una consecuencia.

¿Qué es el Karma?

El karma puede considerarse una especie de juez, una energía invisible que se deriva de nuestros comportamientos y que acumula consecuencias según actuemos de una forma u otra. Según los investigadores del Centro Berkley de Religión, Paz y Asuntos Mundiales de la Universidad de Georgetown, "cada pensamiento, acción o palabra puede conducir a efectos muy beneficiosos para el espíritu y la persona. Por el contrario, las malas acciones tendrán efectos negativos".

Esto puede parecer algo lejano, pero las 12 leyes del karma se pueden aplicar de manera consciente y realista a nuestro día a día para mejorar las relaciones de pareja, de amistad o simplemente sentirnos más felices con nosotros mismos. Vivir el aquí y ahora es clave en el karma.

Las 12 Leyes del Karma Aplicadas al Día a Día

Según los hinduistas y los budistas, para transitar favorablemente el camino hacia la evolución en ésta y en las siguientes vidas, se deben seguir las leyes del karma, que son 12.

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  1. La ley de causa y efecto: Según esta primera gran ley del karma, todo lo que sembremos, luego lo cosecharemos. Es la ley de la causalidad universal y significa que todo lo que nosotros pongamos en el universo, nos vendrá devuelto en algún momento. Por eso, si tenemos energía negativa, esa nos vendrá de vuelta… y además multiplicada por 10. Si esto lo aplicamos a nuestro día a día, se puede ver con facilidad su significado. Imagínate que tienes un amigo que te traiciona, que no ha sido leal contigo, el efecto de esos actos será alejarte de esa persona y que se encuentre solo. El que provoca sufrimiento, solo encontrará que le den de lado. Es la ley básica cuando hablamos del karma: cada elección que hacemos y cada acción que emprendamos pone en marcha una sucesión de eventos, desencadenando una secuencia de consecuencias que que pueden experimentar los demás y también nosotros en primera persona. Al ser conscientes de este poder, podemos utilizarlo de manera responsable para sembrar semillas de bondad y compasión y hacer buenas acciones y así contribuir a la creación de un mundo más pacífico y amoroso.

  2. Ley de la creación: Todos participamos de la vida y somos parte del universo y la naturaleza dentro de un ciclo natural. En el budismo, todos somos responsables de lo que hacemos por lo que somos libres para elegir por qué camino andar. Al practicar la manifestación consciente, nos convertimos en co-creadores activos de nuestra realidad y promovemos un mayor bienestar en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea. Tu misión es participar en la vida. En psicología, está ley refleja que si deseas algo en tu vida tendrás que pelear para obtenerlo y que llegue a ti, nada pasa por casualidad por lo que deberás usar tus fortalezas y habilidades para lograr generar esa realidad que deseas para ti y lo que tienes cerca. El ser humano forma parte de la naturaleza, que es vida y creación. Por lo que su misión es la de generar vida. Pero también se puede entender como el del creador pues inventamos y diseñamos. Así que podemos decidir si crear algo y que sea, además, útil a los demás.

  3. Ley de la humildad: Hay que aceptar lo que nos ocurre aunque a veces nos cueste verlo o nos guste. En nosotros también hay debilidades como el egoísmo o un apego excesivo a lo material e incluso a algunas personas. Tenemos que aceptarnos como somos, con lo bueno y con lo malo, para conseguir el éxito que buscamos. Mirar a nuestro interior y saber qué somos y dónde queremos llegar. La humildad es una virtud que te hará crecer moral e intelectualmente. Ser humilde y agradecido también es recordar que tu realidad es producto de tus pensamientos y acciones pasadas. Agradece siempre todo lo que tienes o lo que los demás te dan. Da las gracias también por lo que tienes para poder crecer como persona. Y acepta las cosas como son, aunque no nos guste la realidad.

  4. Ley del crecimiento: Somos nosotros los que debemos hacer un análisis interno para poder avanzar y crecer como personas, no dependemos de los demás o de que sean los otros los que cambien. Para dar forma a lo que quieres, debes primero darte forma a ti mismo, crecer y evolucionar y muchas veces también cambiar. Creciendo desde el interior de uno mismo será la manera de tener el control sobre muchas de las cosas que nos suceden. Según esta ley el alma, en su inmortalidad, pasa por una serie de existencias físicas a lo largo del tiempo tomando diferentes formas en cada una. Cada existencia que vivimos se convierte en un escenario de aprendizaje y desarrollo, un aula donde el alma tiene la oportunidad de avanzar y de crecer. Básicamente nos dice que tenemos que salir de nuestra zona de confort y aceptar el cambio como algo positivo que nos ayuda a crecer y adaptarnos. ¿Verdad que sólo haciendo algo nuevo es como nos conocemos más a nosotros mismos? Librarnos del miedo es un gran paso que nos libera para crecer.

  5. Ley de la responsabilidad: Debemos asumir lo que hacemos y lo que no hacemos, nosotros somos los responsables últimos. No sirve de nada ver culpables de todo lo que nos sucede a los demás, a veces hay que asumir que hemos hecho las cosas mal y no pasa nada. Aprendemos y tratamos de cambiarlo. Por supuesto que hay situaciones que escapan a nuestro control y que no dependen solo de nosotros, pero ahí debemos también ser conscientes y tener responsabilidad para ver de qué manera nos afecta y qué podemos hacer al respecto. El proceso de aceptar y asumir humildemente la responsabilidad de nuestras acciones pasadas es un componente crucial en la senda de nuestro desarrollo personal y espiritual. Este proceso es en realidad una oportunidad para aprender de nuestras experiencias, para crecer en sabiduría y para cultivar la autocompasión, liberándonos de cargas emocionales. Como bien te hemos avanzado antes, nosotros mismos somos los responsables de nuestros actos y nuestras consecuencias según las decisiones tomadas.

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  6. Ley de la conexión: Sí, todas las personas están conectadas y en todo acto hay una decisión personal. Cada paso que damos es el resultado de todo lo que hemos vivido y afectará a las decisiones futuras como si se tratara de una pulsera de cuentas que van todas engarzadas. Todo está conectado entre sí: lo que hacemos tiene un efecto sobre los demás y viceversa. Aunque un acto pueda parecer intrascendente, está conectado con otros elementos del universo y cualquier acción que realices está conectada con otra. Es como el efecto mariposa, todo está conectado y hasta la más pequeña e insignificante acción puede conducir a un gran efecto. De nosotros depende que ese efecto sea positivo o negativo en nuestras vidas.

  7. Ley del enfoque: Se trata de enfocar nuestras energías en lo que realmente es necesario e importante. ¿Para qué perder el tiempo en preocuparte por algo que no sabes si va a suceder? Si tenemos demasiadas cosas en la cabeza, las soluciones se vuelven más lentas y borrosas. Es mejor enfocarse en lo que importa y en esas relaciones que aportan y no restan. Debes perseguir y focalizar cuáles son tus objetivos vitales y avanzar hacia ellos poco a poco, sin perder nunca la concentración ni olvidarte de ellos. El que mucho abarca, poco aprieta. Básicamente que, si nos proponemos realizar una tarea, la hagamos. También que vivamos acorde a nuestras metas y filosofía.

  8. Ley de la generosidad: En el Karma esta ley se basa en la bondad y la generosidad con los demás sin esperar nada a cambio. Esto significa saber que lo que haces es bueno y no perjudica a nadie que tengas cerca. Tarde o temprano recibirás lo mismo. El crecimiento y la abundancia sólo son posibles en el mundo si somos generosos con quienes nos rodean. El respeto y la compasión hacia los demás te harán avanzar espiritualmente y vivir en paz. Que seamos más generosos no sólo con los demás, también con nosotros mismos para tener una vida con más bienestar.

  9. Ley del aquí y ahora: Parecida a la ley del Karma del enfoque, se trata de vivir el presente y dejar de estar anclados en un pasado que ya fue o en un futuro que no sabemos si llegará a ser. Hay que disfrutar de cada momento presente y no perdernos en buscar soluciones a lo que ya no la tiene o en pensar en aquello que no sabemos si sucederá o no algún día. Vive el aquí y ahora y apreciarás más todo lo que tienes a tu alrededor. Se basa en el concepto del ‘aquí y ahora’, y de la necesidad de vivir y de ser conscientes del momento presente, sin pensar en el pasado ni en el futuro. Dejar de pensar en el pasado ya que no podemos cambiarlo ni vivir pensando en cómo será el futuro. Hay que vivir en el ahora que es el único momento que podemos controlar. Nos dice que vivamos en el presente y que nos concentremos en el ahora, sin anhelar el futuro o querer conseguir todo de forma inmediata.

  10. Ley del cambio: Se trata de ser conscientes de los errores y aprender a cambiar lo que no nos hace felices para no repetir los mismos patrones. Si has tenido relaciones tóxicas o en el trabajo siempre caes con personas que te roban la energía, se consciente y trata de cambiar desde dentro para que eso no se repita. Solo si nos conocemos a nosotros mismos podremos cambiar lo que no nos hace felices. La mala suerte tiende a repetirse hasta que encuentres la manera de cambiar. Si tomas las mismas decisiones una y otra vez, no obtendrás resultados diferentes. El cambio es lo único fijo en la vida. Adaptarse al cambio y estar abierto a cambiar de opinión o de decisión para que no se cometan los mismos errores. De forma inconsciente, todo se repite porque todavía no hemos aprendido la lección.

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  11. Ley de la paciencia y la recompensa: Quizá en este mundo que va tan rápido, esta ley del Karma es la que más cuesta arriba se puede hacer. Significa trabajar y ser constante para obtener resultados sin prisa pero sin pausa. No hay que perder la paciencia ante un fracaso sino insistir para tomar el camino que nos lleve a ser más felices. No se trata de tener objetivos inalcanzables sino reales y que puedas conseguir, sino la frustración se apoderará de ti. Todo tiene un tiempo de evolución y nada es inmediato. La paciencia hasta obtener el fruto de tu trabajo y de tu esfuerzo debe ser uno de los valores fundamental en tu vida. Tener paciencia es un gran valor. El karma no suele llegar inmediatamente y muchos resultados llegan en el futuro. Es mejor esperar pacientemente.

  12. Ley de la importancia e inspiración: Esta ley del Karma nos deja ver que cada día cuenta y que no debemos sabotearnos a nosotros mismos, sino compartir con los demás lo bueno que tenemos para sentirnos también mejor nosotros. El esfuerzo, la energía y el valor que le dediques a tu vida en el día a día puede inspirar y provocar cambios en el mundo. Vive una vida plena, gratificante y significativa. Tendremos más triunfos si nuestra actitud es la del esfuerzo, ponerle ganas y energía a todas las cosas que hagamos. Además, muchas veces, la inspiración te viene cuando llevas mucha experiencia.

El Karma en el Budismo: Comprensión y Aplicación

El concepto de karma es una de las enseñanzas más importantes del budismo. Aunque muchas personas lo asocian con la idea de “lo que das, recibes”, en la tradición budista tiene un significado más amplio y profundo.

La palabra karma proviene del sánscrito y significa literalmente “acción”. En el budismo, el karma se refiere al principio de causa y efecto: cada acción que realizamos, ya sea física, verbal o mental, tiene una consecuencia. Esta consecuencia puede manifestarse de forma inmediata, a largo plazo, o incluso en futuras reencarnaciones.

A diferencia de otras creencias, el karma en el budismo no es un sistema de castigo o recompensa impuesto por un dios. Es un principio natural, como la gravedad, que rige el universo moral y espiritual.

El karma se encuadra en el mismo marco que nuestra comprensión básica de la batalla del ego y de la naturaleza del ego. Podríamos decir que el karma es la ley que se rige por la acción y que esa acción se rige por nuestro estado psicológico. Así que «karma» es un término que se usa para ayudarnos a desarrollar una mayor comprensión de la acción samsárica. Lo explica Chögyam Trungpa en este fragmento de su libro El futuro es libre.

La palabra karma también se refiere a una de las cinco familias búdicas, que describen la actividad de los seres iluminados. En este contexto, el tipo de karma, o la cualidad del karma, del estado iluminado también se refiere a la acción. Pero en ese caso la acción es una acción no‐condicionada, libre de interdependencia y libre de causa y efecto. Es una forma de acción iluminada.

La naturaleza samsárica del karma se refiere a la creación perpetua de nuestra propia trampa, la creación perpetua de la neurosis y la confusión. De manera muy relevante, el karma nos proporciona la clara evidencia de que nuestras actividades son producto de nuestra propia acción. Nuestro estado no es resultado de un planificador divino que planea el mundo, o que cargó con obligaciones a unas personas en particular, o que castigó a algunas personas y ofreció una recompensa a otras. El karma es una evidencia bastante precisa con respecto a que lo que hacemos es nuestra propia acción y lo que obtenemos es nuestro propio resultado, nuestra propia situación.

Si de verdad entendemos esto, es posible desafiar el karma, para prevenir la inevitabilidad de la causa y el efecto, así como el flujo del karma. Podemos encauzar el karma de maneras diferentes: hacia un karma bueno o hacia un karma malo. Todos los diferentes tipos de karma que podamos tener podemos dirigirlos en diferentes direcciones, siempre y cuando sepamos cómo hacerlo. No solo eso, sino que es posible prevenir la causa y el efecto kármicos por completo y prevenir ese flujo kármico. Eso nos da una esperanza y libertad enormes, ya que no tenemos que hablar de boca para afuera a nadie, sino que tenemos que trabajar con nosotros mismos.

Según la tradición budista, la situación kármica se desarrolló justo al principio del nacimiento del ego. El karma surge en la primera fase, o skandha, del ego: el skandha de la forma, cuando se desarrolla el desconcierto básico. Ese desconcierto básico se encuentra presente cuando se desarrolla un sentido de separación, un sentido de «yo» y «el otro». Y en ese mismo momento, se crea la acción volitiva del karma.

La analogía para la creación del karma, según la tradición budista, es una olla hecha sobre un torno de alfarero. El torno gira todo el tiempo y, cuando echas arcilla sobre él, la arcilla se convierte en una maceta. La pugna constante por tratar de mantenerse a uno mismo es como el torno giratorio de un alfarero. El intento de solidificar nuestras acciones con el propósito de preservar la seguridad es comparable a echar arcilla en el torno del alfarero. Cuando se termina de hacer la olla, hemos construido nuestro propio ataúd. Hemos creado nuestro propio cielo o infierno -cualquiera que sea el mundo que hayamos creado-.

Entonces el recuerdo de nuestra acción pasada evoca un patrón habitual. Esto se describe en las escrituras como la cara que ponemos cuando alguien dice «agrio» o cuando pensamos en lamer un limón. Como ya hemos tenido la experiencia de comer un limón y hemos saboreado esa acidez, con solo pensar en esa experiencia, hacemos una mueca y arrugamos nuestro rostro como si en ese momento estuviéramos de hecho comiendo el limón. El hábito se forma a partir del recuerdo, desde ese punto de vista. El recuerdo de ciertas cosas es placentero, y algunos recuerdos son dolorosos. A menudo remodelamos nuestra situación actual de acuerdo con ese hábito, o instinto de simio, como podríamos llamarlo. Al seguir ese hábito, nos ajustamos a ciertos patrones particulares. Entonces un hábito o patrón da a luz al siguiente. Lo solidificamos y se vuelve muy familiar. Cuando has hecho algo dos veces, tres veces, por cuarta vez, por quinta vez, resulta más fácil repetir el patrón una y otra vez. En lugar de empezar de nuevo con algo novedoso, podemos retornar a lo que hicimos en el pasado, lo cual nos resulta más fácil que hallar una gran variedad de nuevas maneras de lidiar con la situación. El patrón ya está desarrollado. Esto es a lo que nos referimos cuando decimos que somos gobernados por el karma.

Por lo tanto, la siembra constante de semillas de karma depende del recuerdo. En realidad, ese recuerdo no tiene nada que ver con el pasado. Ocurre en nuestro estado actual. Tienes un ligero recuerdo del pasado, pero ese recuerdo tiene lugar en el presente. Y a través de ese recuerdo, se desarrollan hábitos mentales de todo tipo. Tratamos todo el tiempo de exagerar esos recuerdos o hábitos con el fin de improvisar una mejor línea de actuación.

De hecho, entender el karma y aprender su funcionamiento es muy aburrido. Tal vez la única noticia emocionante es que podemos hacer algo respecto al karma. Podemos arrancar de raíz el karma. Tenemos toda la potencia y la capacidad para hacerlo. Esa idea es muy aventurera y fresca. Durante millones de miles de millones de años, nunca lo hemos intentado. Sin embargo, podemos hacerlo en esta ocasión, lo que es muy emocionante. No lo has hecho jamás en tu vida. Y no nos referimos solo a esta vida, sino que durante vidas y vidas y vidas y vidas nunca lo hemos logrado. Pero ahora existe una posibilidad altísima de que lo consigas. A su vez, por supuesto, el enfrentamiento con tu patrón habitual parece algo bastante aterrador. Piensas para ti mismo: si no hago caso de mis hábitos, ¿cómo puedo orientarme en mi vida? ¿Cómo sabría cómo desayunar, almorzar o cenar? ¿Cómo me lavaré la cara, me cepillaré los dientes y me ataré los cordones de los zapatos? Pero de alguna manera no resulta tan difícil o problemático. Los hábitos son patrones neuróticos que en realidad no dirigen tu vida. Simplemente te brindan una falsa sensación de seguridad y un sentimiento de familiaridad en tu vida. No obstante, puedes liberarte de la mente habitual y seguir adelante con las necesidades biológicas y físicas reales y estar completamente libre de cualquier hábito. Esto se puede conseguir. Es posible.

Al percatarnos de ello, estamos empezando a tener una pista, o una visión, de la actividad búdica, el karma iluminado que mencionamos al principio de este capítulo. Para todos nosotros, cabe en gran medida la posibilidad de que podamos arrancar el karma de raíz. La quinta y última fase del ego, el skandha de la conciencia, y la primera fase, el skandha de la forma o la ignorancia, coinciden en este punto crucial e importante.

Karma y Meditación

La práctica de la meditación es el medio de arrancar el karma de raíz. Puedes cortar a través de tu pensamiento discursivo y lidiar con los problemas de la mente en el nivel del quinto skandha, el nivel del ego plenamente desarrollado. Pero al mismo tiempo estás en contacto con la raíz de todo el asunto, que es el primer skandha, el punto de partida del ego. Hay una sensación de estar constantemente al borde de la inexistencia del ego.

La práctica sentada de meditación es la manera de cortar la acción volitiva del karma. En la práctica de la sesión, no estás formulando nada en profundidad. Estamos siendo lo que somos de una forma muy sencilla. No nos movemos por instinto o por patrones mentales habituales. Simplemente estamos sentados. Eso, de forma automática, provoca una sensación de aburrimiento, una impresión de que no sucede nada. Y al vivir con el aburrimiento, al permitirnos estar aburridos y seguir sentados, boicoteamos las posibilidades de las consecuencias kármicas.

Al practicar la meditación, empiezas a cortar el sentido de seguridad, de existencia individual y de beneficio personal. Entonces la meditación se convierte en un enfoque directo y sencillo. Representa un duro golpe al momento presente y todo tiene lugar aquí, en el ahora, sin ninguna intencionalidad. O si existe alguna intención, la intención se convierte en parte de tu proceso de pensamiento, así que empiezas a perder toda la perspectiva de la ambición. No tienes ningún plan ni ninguna estrategia, sino que te limitas a meditar, simplemente lo haces. Esa simplicidad en sí misma conlleva un sentido de apertura. En ese momento, no hay nada que te alimente; estás aportando, y estás favoreciendo la entrada de aire fresco. En ese momento, cesa la colección constante de semillas kármicas. Cuando ya no dispones de un proyecto, te liberas de la siembra constante de semillas kármicas. Y como no tienes ningún proyecto, por consiguiente, no existe ningún suelo, ninguna base. Las semillas kármicas se sembrarían si tuvieras un territorio que defender o cosas que manipular. Pero en la práctica de la meditación, cuando estás desprovisto de una base, no recoges ni siembras semillas de karma.

En la práctica de meditación sentada, estás realizando tu técnica de una manera muy sencilla, de una manera muy simplista. Esa simplicidad provoca el caos en las maniobras altamente sofisticadas que tienen lugar en el estado de ego. Ver la lógica de esto podría plantearnos la cuestión de si el logro de la iluminación es posible tan solo con la meditación. La meditación en sí misma no proporciona ningún truco de magia como tal. Al mismo tiempo, debido a la forma en que se instala en nuestra vida, en nuestros estados de ánimo, la meditación utiliza lo que se halla en nuestra mente y no incorpora nada nuevo a nuestra situación, a nuestro estado de existencia. Así que en un momento dado empezaremos a quedarnos desprovistos de material.

Por supuesto, en nuestras situaciones ordinarias de la vida cotidiana intentamos volver a situarnos en la casilla de salida de las tendencias habituales. Cuando no somos conscientes de nosotros mismos, estamos constantemente recolectando más material y depositándolo en nuestra mente, pero si no fuéramos practicantes de meditación, estaríamos haciendo eso en nuestras vidas de todos modos. Sin embargo, cuando aparece un pequeño hueco, en ese instante que se presenta el hueco, dejamos de acumular material. Eso parece ser muy importante y extremadamente poderoso. Esa visión de la iluminación está exenta del patrón habitual del karma, lo cual corta de forma simultánea la causa y el efecto. Así que en ese momento, no siembras una semilla kármica, y estás libre de los patrones habituales. No olvidas esos vislumbres, pero experimentas las ensoñaciones cuando vuelves a la normalidad samsárica. Después tiene lugar otro destello, y esos destellos se vuelven más frecuentes. El problema es que, si tratas de prolongar o cultivar esos destellos, eso se convierte en una forma de alejarlos. Así que hay que mantenerse abierto, serlo, en lugar de tratar de cultivar el destello.

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