El solsticio de verano, un evento astronómico y culturalmente significativo, marca el inicio del verano en el hemisferio norte y el invierno en el hemisferio sur. Este fenómeno, que ocurre cuando el eje de rotación de la Tierra se inclina al máximo hacia el Sol, ha sido celebrado y venerado por diversas culturas a lo largo de la historia. En 2023, el solsticio de verano tuvo lugar el 21 de junio, a las 12:07 hora peninsular española, marcando el día más largo del año en el hemisferio norte.
¿Qué es el Solsticio de Verano?
El solsticio de verano es un instante en el tiempo en el que el Sol alcanza su máxima declinación norte, visto desde la Tierra. Esto significa que el polo norte de la Tierra está más cerca del Sol que el polo sur. En este momento, el Sol se encuentra a mediodía en el "Trópico de Cáncer", su posición más septentrional posible.
Este fenómeno es causado por la inclinación del eje de la Tierra, que es de aproximadamente 23,5 grados con respecto al plano de su órbita alrededor del Sol. Esta inclinación es la razón por la que tenemos estaciones. A medida que la Tierra gira alrededor del Sol, su eje inclinado siempre apunta en la misma dirección, pero la posición de la Tierra con respecto al Sol cambia a lo largo del año. Esto significa que a veces el polo norte está inclinado hacia el Sol, y otras veces está inclinado hacia el lado opuesto.
Manifestaciones del Solsticio de Verano
La forma más sencilla de notar que estamos en el solsticio es que los amaneceres ocurren muy temprano y los anocheceres muy tarde. Además, el Sol está muy alto en el cielo. Tanto, que a medio día la sombra que proyectará sobre los objetos será mínima, ya que la estrella estará casi sobre nuestras cabezas. De hecho, si plantásemos una estaca perfectamente vertical en el suelo, veríamos que la sombra de esa varilla en el medio día de hoy es la más corta de todo el año, puesto que el Sol alcanza su máxima elevación. En este momento, la estrella estará en la vertical en los zonas situadas cerca de una latitud de 23,5 grados. En los otros lugares situados a otras latitudes, la sombra será mayor a causa de la inclinación del eje terrestre.
En el día del solsticio de verano tiene lugar la noche boreal más corta. En ese día, en Madrid la noche tendrá una duración de 8 horas y 57 minutos, mientras que habrá 15 horas y 3 minutos de luz solar. Por extraño que parezca, el día más largo del año no es el día en el que el Sol sale más temprano ni tampoco es el día en el que el Sol se pone más tarde. Ello es debido a que la órbita de la Tierra es una elipse y el eje de esta elipse no tiene nada que ver con la inclinación del eje terrestre que define las estaciones. El amanecer más temprano de 2018 se produjo el 15 de junio, mientras que el anochecer más tardío tendrá lugar el 27 del mismo mes.
Lea también: El simbolismo del Solsticio de Invierno
El Solsticio y las Estaciones
Si el eje de rotación de la Tierra no estuviera inclinado no habría estaciones ni tendría sentido hablar de meses: ambos hemisferios recibirían siempre la misma cantidad de radiación, sin importar la posición de la Tierra respecto al Sol. Algo así ocurre en Mercurio, que siempre está en un equinoccio de días idénticos. Si el eje estuviera más inclinado de 23,5 grados, las diferencias estacionales serían más drásticas. Esto ocurre por ejemplo en Marte, cuyo eje está un grado y medio más inclinado que el terrestre. Por último, si el eje de rotación del planeta estuviera inclinado 90 grados, cada hemisferio estaría caliente la mitad del año y frío la otra mitad. En Urano ocurre algo muy parecido, puesto que tiene 98 grados de inclinación.
El Retraso Estacional
Si el verano comienza oficialmente el 21 de junio, ¿por qué hace menos calor este mes que en julio o agosto? Este efecto se llama retraso estacional. Igual que pasa con una olla puesta al fuego, hace falta cierto tiempo para que el agua (y todo lo demás), se caliente. Sencillamente, el Sol necesita tiempo para fundir la nieve y calentar los océanos del planeta. Por este motivo, los días más calientes no coinciden con la época de los días más largos del año, que es la que ocurre en junio. Además, como el hemisferio norte y el sur no tienen la misma composición (el sur está cubierto por mayores extensiones de agua), no se calientan del mismo modo.
El Origen de la Inclinación del Eje Terrestre
Se supone que después de la formación de la Tierra su eje de rotación era perpendicular al plano de órbita definido por su movimiento de traslación ( la llamada eclíptica ). Pero algo inesperado ocurrió. Un gran cuerpo, conocido como Theia, impactó contra su superficie a gran velocidad. El choque produjo un cataclismo global que destruyó la superficie y liberó al espacio una gran cantidad de escombros.
La Distancia del Sol y el Solsticio
En el solsticio de verano, el Polo Norte de la Tierra se encuentra más cercano al Sol que el Polo Sur. Visto desde la Tierra, el Sol se encuentra a mediodía en el "Trópico de Cáncer", su posición más septentrional posible. Se da la circunstancia paradójica de que el verano del Hemisferio Norte llega cuando la Tierra, en su movimiento elíptico alrededor del Sol, se encuentra lo más lejana posible del astro rey. El punto más lejano, denominado afelio, se alcanzará el 6 de julio de 2018, cuando la Tierra se encuentre a unos 152 millones de kilómetros del Sol, esto es, 5 millones de kilómetros más lejos que en la posición del perihelio por la que pasamos el pasado 3 de enero.
La Palabra Solsticio
Los días anteriores y posteriores al día 21 la altura máxima del Sol a mediodía no cambia mucho en el cielo. De ahí proviene palabra solsticio que significa 'Sol quieto'. La palabra ‘solsticio’ viene del latín solstitium, de sol y statum, y significa literalmente ‘cuando el sol está estático’.
Lea también: Rituales mágicos del solsticio
El Verano en el Polo Norte
En el Polo Norte, el periodo sin noche que comenzó el 20 de marzo llega ahora a su punto medio, quedan otros tres meses de luz solar hasta que llegue el otoño y comience un período de seis meses de noche.
Eventos Astronómicos Adicionales en el Verano
Además del solsticio, el verano ofrece otros eventos astronómicos interesantes:
- Lunas llenas: Las tres lunas llenas de este verano tendrán lugar con nuestro satélite cerca del apogeo, esto es, la posición más lejana posible a la Tierra. Los plenilunios serán el 28 de junio, el 27 de julio y el 26 de agosto.
- Planetas visibles: Durante los amaneceres de este verano serán visibles Venus y Júpiter, mientras que Marte será visible al amanecer al principio del verano y al atardecer desde agosto.
- Lluvia de Perseidas: Este año es excelente para observar las Perseidas, la lluvia de meteoros más importante del verano. Ello se debe a que la máxima actividad de la lluvia, el 12 de agosto, tendrá lugar un día después del novilunio, con el cielo muy oscuro. Sin embargo no es buen año para las Delta Acuáridas que tienen su máximo el 30 de julio, tan solo tres días después del plenilunio.
- Eclipses: Este verano tendrá tres eclipses. El 13 de julio habrá un eclipse parcial de Sol, visible desde el sur de Australia y desde la costa antártica. El 27 de julio un eclipse total de Luna será visible desde Europa, Sudamérica, África, Asia y Australia. Finalmente, el 11 de agosto habrá otro eclipse parcial de Sol que será visible desde el norte de Europa y noreste de Asia.
Duración del Verano
El verano durará 93 días y 16 horas. Terminará el 23 de septiembre de 2018 con la llegada del otoño. De hecho, el verano es siempre la estación más larga de las cuatro. Ello es debido a la Segunda Ley de Kepler: la línea que une la Tierra al Sol barre áreas iguales en tiempos iguales. El verano de 2025 en el hemisferio norte comenzará el día 21 de junio a las 4 horas 42 minutos hora oficial peninsular según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional - Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible).
El inicio del verano puede darse, a lo sumo, en tres fechas distintas del calendario (del 20 al 22 de junio). A lo largo del siglo XXI el verano se iniciará en los días 20 y 21 de junio (fecha oficial española), siendo su inicio más tempranero el del año 2096 y el inicio más tardío el de 2003.
El Solsticio en la Cultura y la Tradición
Históricamente, el solsticio de verano ha sido considerado como mágico por diferentes culturas y pueblos a lo largo y ancho del globo. Nosotros la celebramos conmemorando a San Juan Bautista, con nuestra tradicional noche de San Juan en la que las verbenas, las hogueras y los petardo y fuegos artificiales son la tradición más extendida e importante, así como vivir la fiesta con la familia y los amigos hasta altas horas de la madrugada.
Lea también: Fenómenos Astronómicos del Solsticio
De hecho, en todas las civilizaciones, los solsticios han sido tradicionalmente un momento de gran importancia cultural y religiosa. Aun en la actualidad, y con algunas horas de ajuste, el de invierno coincide con la celebración de la Navidad en diciembre, y el de verano, con el encendido de las hogueras de San Juan.
Uno de los lugares donde se celebra de manera más mística el solsticio de verano es en la construcción megalítica de Stonehenge, en Inglaterra. Allí, alrededor del círculo de piedras más famoso del mundo, se concentran cientos de personas que creen en una especie de enigmática confluencia de energías en algunos días del año.
Celebraciones alrededor del mundo
- Grecia Antigua: En la antigua Grecia, el solsticio de verano era el día más igualitario del año. Durante el festival griego de Kronia, la jerarquía social se abandonaba, de manera que esclavos y señores celebraban juntos en el solsticio, al tiempo que se levantaban temporalmente ciertas restricciones legales y morales.
- Roma Antigua: Los romanos, por su parte, celebraban el solsticio de verano con festejos en honor a Vesta, la diosa de la tierra. Durante la Vestalia, las mujeres romanas visitaban tradicionalmente el Templo de Vesta y hacían ofrendas a la diosa y a las Vírgenes Vestales.
- Festivales Modernos: Organizar festivales es una de las cosas que más nos gusta hacer para celebrar el solsticio de verano. A los festivales famosos - más de una docena - se suman otros menos conocidos o minoritarios que recorren el mundo de norte a sur y de este a oeste. Empezamos viaje en Ottawa (Ontario, Canadá), donde se celebra el Festival Indígena del Solsticio de Verano. Volamos hasta Reykjavik (Islandia), para asistir al Festival del Solsticio Secreto, un festival de música que se celebra desde 2014 y que, a juzgar por la cantidad anual de asistentes (más de 15.000 personas en su última edición presencial de 2019), ya no es tan secreto como pretende su nombre. También con música celebran los rusos el solsticio de verano, aunque lo más llamativo del Festival de las Noches Blancas de San Petersburgo no es la música, sino su duración: casi dos meses (de mayo a junio) de ópera y ballet clásico que hacen las delicias de los amantes del género. Desde Rusia saltamos a Suecia para asistir a los festivales Midsommar, que se celebran por todo el país y que toman su nombre directamente de la palabra sueca para decir solsticio; si eres cinéfilo, seguramente habrás visto u oído hablar de la película del mismo nombre y que transcurre durante el festival… aunque de festiva tiene poco. No dejamos la zona báltica de Europa, porque desde Suecia nos vamos hasta Kuldiga (Letonia) para participar en un festival que se celebra desde la Edad Media. Si lo tuyo son los festivales pero no los bailes tradicionales ni los trajes típicos, entonces te invitamos a venir con nosotros hasta Istria, en Croacia, para participar en el Astrofest: una interesante combinación de tradiciones y ciencia moderna en la que la observación de estrellas desde el Observatorio Višnjan y encender hogueras son el plato principal. Con 24 horas de luz, el Festival del Sol de Medianoche de Fairbanks (Alaska, Estados Unidos), ofrece infinidad de eventos para celebrar la llegada del verano. Y finalizamos en Cuzco (Perú), con el Festival Inti Raymi, uno de los más hermosos y espectaculares de cuantos se celebran en el país en todo el año. Dedicado al dios Inca Inti (palabra quechua para «sol», el Inti Raymi marca el inicio del regreso del sol a la ciudad.
Celebraciones Naturales
Junto con los festivales, las celebraciones en las que los fenómenos naturales son los protagonistas o aquellas en la que la naturaleza tiene un papel preponderante también son muy populares. En Longyearbyen (Noruega), una de las ciudades más septentrionales del mundo, el solsticio se celebra a plena luz del día las 24 horas y es aquí donde se considera que se ve el verdadero Sol de Medianoche. Y es que en esta ciudad de nombre difícil de pronunciar el sol sale el 19 de abril y ya no vuelve a ponerse del todo hasta el 23 de agosto. Otro lugar mágico para vivir el solsticio en plena naturaleza es en Orkney (Escocia), en la zona de las Piedras Erguidas de Stenness. Erigidas en el Neolítico y declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en el solsticio de verano las piedras se alinean con el sol naciente y poniente. Un espectáculo digno de contemplar y que, además, no está masificado. Si la cultura egipcia te fascina, te gustará visitar Giza, cerca de El Cairo (Egipto), durante el solsticio de verano, pues en este enclave privilegiado de la historia se produce un fenómeno natural especial en este momento del año: la puesta de sol entre dos de las famosas pirámides de Giza. En Rusia y Ucrania, con tradiciones muy similares, se celebra la Noche de Kupala o Día de Iván.
La Noche de San Juan
La actual celebración del San Juan no deja de ser un conjunto de leyendas y ritos de nuestros ancestros -en gran parte olvidados-, pero ¿cuáles son sus verdaderas raíces?
El solsticio de verano comenzó a ser venerado en la prehistoria. Para los Homo sapiens, y quizás sus antecesores o nuestros parientes próximos, como los neandertales, la noche estaba llena de peligros que acechaban en la oscuridad, por eso una de corta duración era adorada. Con el descubrimiento de la agricultura, lo que era un rito de adoración mutó en una ceremonia en la que se pedía al Sol que no se apagase completamente, pues, sin conocer los motivos reales, aquellos primeros agricultores sabían que a partir de aquel momento las noches se harían más largas y los días más cortos. Pero la agricultura se extendió, se domesticaron más plantas y se empezaron a realizar ciclos de cultivo de invierno y de verano. La estructuración de los cultivos por temporadas trajo consigo la necesidad de saber cuándo se debía sembrar y cuándo cosechar, lo que impulsó a aquellas civilizaciones a establecer fechas límite. Así, en la transición de la prehistoria a la historia -nacimiento de la escritura- también se comenzó a medir el tiempo. Puesto que el solsticio de verano marcaba el momento en el que todos los cultivos de invierno debían haber sido cosechados y los de verano debían estar sembrados, la ceremonia de celebración de este instante mágico adquirió también la dualidad de ser agradecimiento al Sol por las buenas cosechas y petición de fortaleza y productividad para las siguientes siembras. A partir de ahí, con la intención de ayudar al Sol, que en esta época entra en fase descendiente, surge la idea de encender hogueras durante el solsticio de verano -posiblemente en el culto a Zoroastro de los sumerios, civilización de la que se cree que provienen la mayor parte de los ritos asociados a este solsticio-.
Las migraciones humanas de raíz indoeuropea por el territorio euroasiático derivaron en la aparición de diversas culturas y civilizaciones que desarrollaron, cada una a su manera, los ritos del solsticio de verano. En la cultura celta la festividad se dividió en dos: por un lado, la Beltane, que se celebraba el 1 de mayo con grandes hogueras, para venerar la unión del cielo y la tierra que daba lugar a la extraordinaria fecundidad de la primavera; además, este día marcaba el momento en el que las cosechas invernales debían estar recogidas. Y, por otro, el solsticio, en torno al 20 de junio, una fiesta en la que se pedía a los dioses y a los espíritus menores de la naturaleza la fertilidad de las tierras y de las parejas. Puesto que para los celtas celebrar la unión de las parejas en la noche de Beltane era una ofensa a los dioses, las que se habían formado en aquella festividad se unían en esta fecha, que, a su vez, establecía el límite temporal para la siembra de los cultivos estivales. En la cultura clásica -Roma y Grecia-, los festejos del solsticio de verano tenían gran importancia. Los antiguos griegos celebraban el inicio de un nuevo año y las Bufonias, en las que se veneraba a Zeus con sacrificios y a Prometeo -el dador del fuego en contra de los dioses- con hogueras cargadas de leña verde y grasa, para generar tanto humo que llegase hasta el Olimpo y los dioses no se olvidasen de la existencia de los hombres. A mayores, este era el mes de los sacrificios y la adoración a Deméter, diosa de la agricultura que, a pesar de ser a menudo olvidada por la historia mitológica, fue de las más veneradas. En la antigua Roma, desde tiempos de la monarquía y hasta el establecimiento del cristianismo, en el día del solsticio se celebraba la boda entre los reyes del panteón romano, Júpiter y Juno -de la cual toma su nombre el mes de junio también en nuestra cultura-, y durante esa noche no se dormía, pues la alegría de unas siembras finalizadas y de unas prometedoras siegas llenaba la ciudad de gente con ganas de festejar. Se encendían fuegos para dar fuerza a Júpiter -dios identificado con el Sol- y que su decaimiento hasta el solsticio de invierno no fuese total, de manera que propiciase unas buenas cosechas. El 24 de junio -nuestro San Juan- era el día del dios Jano -es curioso ver que hasta en el nombre se parecen-, señor de los solsticios y amo de las puertas, ya que en la creencia grecolatina el solsticio de verano era la puerta por la cual los hombres pasaban al mundo de los dioses, mientras que en el solsticio de invierno el proceso se invertía.
Con la llegada del cristianismo, la variedad de ritos y festejos se asimilaron bajo el yugo de una religión que pretendía imponerse hasta en las fiestas más arraigadas, y a la que no le quedó más remedio que suplantar y hacer suyos todos estos rituales. Para la festividad del San Juan se apoyó en un pasaje del Evangelio de Lucas en el que narra que Zacarías, padre de San Juan Bautista, sintió tanta alegría al nacer su hijo de Isabel, su mujer ya anciana y supuestamente estéril, que se dedicó a encender hogueras por los alrededores de su casa para que todos los vecinos fuesen a conocer el milagro de la buena nueva. Solo faltaba establecer una fecha. Mientras que el calendario solar de la cultura maya contaba el tiempo a la perfección, de manera que los equinoccios y los solsticios tenían lugar el mismo día anualmente, la imperfección del calendario lunar, con años bisiestos para reajustar el desfase de días, hace que los cambios de estación varíen de de un año a otro. Así, ante la imposibilidad de fijar la fiesta del santo Bautista ligada al solsticio de verano -debido a esa variación-, se impuso la celebración del San Juan el 24 de junio. De ahí que las hogueras se enciendan a medianoche, coincidiendo con el final del día siguiente al solsticio más tardío -aunque últimamente las prisas por festejar nos hayan llevado a prender el fuego horas antes-. En definitiva, queridos omnivoraces, tal y como acabáis de leer, el San Juan es una mezcla de ritos ancestrales procedentes de diferentes culturas, las cuales, simplemente, adoraban este día por su gran valor astronómico, ya que era una ayuda fundamental para poder proveerse de sus tan preciados alimentos.
El Solsticio y la Astronomía
Aunque el día del solsticio de verano corresponde al de mayor número de horas de Sol, la diferencia de horas entre el día y la noche depende de la latitud del lugar. Para la latitud de Madrid, el día del solsticio de verano tendrá 15 horas y 3 minutos de Sol, a comparar con las 9 horas y 17 minutos de Sol que tuvo el día más corto (solsticio de invierno). La diferencia entre el día más largo y el más corto es por tanto de casi seis horas de Sol. Información proporcionada por el Observatorio Astronómico Nacional (IGN, Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible).
Sabemos también que la tierra gira alrededor del sol describiendo una órbita elíptica de modo que el sol se mantiene en uno de los focos de la elipse. Este es el llamado movimiento de traslación de la Tierra. Habitualmente la representación de la órbita de la tierra es una elipse bastante exagerada. Esa representación que estamos acostumbrados a ver nos hace pensar, erróneamente, que en verano estamos más cerca del Sol y por eso hace más calor. Pero no es así : en realidad la órbita que describe la tierra es una elipse con una excentricidad muy pequeña: podríamos afirmar que la órbita es prácticamente una circunferencia sin cometer demasiado error. Si el lector quiere familiarizarse con el concepto de excentricidad le animamos a que visite la página Geometría Dinámica donde podrá trabajar de forma interactiva con este concepto. A pesar de eso, sí es cierto que el momento en el que la Tierra y el Sol están más próximos, el afelio, se produce cerca del 4 de julio (en verano), pero lo determinante es el ángulo de inclinación del eje terrestre, que es de unos 23,5º con respecto al plano que describe la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Si no estuviera inclinado el eje los dos hemisferios de la Tierra tendrían más o menos la misma cantidad de luz solar. Esta inclinación hace que en los solsticios cambie el papel que juega cada hemisferio. Estamos diciendo que acabamos de entrar en el solsticio de verano, cuando en realidad es cierto solo para el hemisferio norte, donde está situada España. Si estuviésemos en un lugar del hemisferio sur habríamos empezado el invierno. Visto desde el hemisferio norte, el eje de rotación de la Tierra apunta más o menos hacia la estrella Polar, lo que nos proporciona una forma de orientarnos en la noche. Eso funciona en la actualidad, pero la posición del Sol frente a las estrellas no es siempre la misma, aunque cambia tan levemente que no lo apreciamos: el ciclo de cambio se traduce en 26.000 años. De todas estas cosas se dio cuenta Hiparco de Nicea (190 a. C.- 120 a. C), quien además hizo un catálogo de estrellas e «inventó» la trigonometría, precisamente para medir estas variaciones en los ángulos que le interesaban en sus cálculos astronómicos. Hiparco también dividió el día en 24 periodos de igual duración: las horas, y esa división sigue utilizándose en la actualidad.
tags: #curiosidades #del #solsticio #de #verano
