La historia del tarot es un enigma fascinante, un tapiz tejido con hilos de juego, arte, simbolismo y esoterismo. A pesar de la abundancia de libros sobre su práctica e interpretación, su trayectoria histórica a menudo permanece en la sombra, desconocida fuera de los círculos especializados. Este artículo busca iluminar ese camino, explorando los orígenes, la evolución y la perdurable influencia del tarot a lo largo de los siglos.
Orígenes Inciertos: Entre el Juego y la Adivinación
Los orígenes exactos del tarot se pierden en la bruma del tiempo, alimentando diversas teorías y leyendas. Algunos los sitúan en el Antiguo Egipto, vinculándolo al templo de Ptah en Menfis, aunque esta hipótesis se considera más mitológica que histórica. Otros señalan a la Torá y la Cábala como posibles influencias. Una teoría más plausible apunta a las cartas Mamluk, originarias del Próximo Oriente, que habrían llegado a Europa a través de la Ruta de la Seda en el siglo XIII.
Lo que sí parece claro es que el tarot, tal como lo conocemos hoy, emergió en las cortes del norte de Italia en el siglo XV. Los juegos de cartas, probablemente originarios de Oriente (China o India), llegaron a Europa a través del Próximo Oriente, donde se conocían como "nayb" o "naipes". Su existencia en Europa está documentada desde el siglo XIV. Estas barajas comunes consistían en cartas numerales agrupadas en cuatro palos (oros, copas, bastos y espadas), junto con cuatro cartas de corte (dama, caballero, reina y rey), utilizadas en juegos de azar. La Iglesia, sin embargo, condenó esta nueva afición, llegando a quemar barajas en lugares como Bolonia por considerarlas "inventos del diablo".
El tarot surgió como uno de estos juegos de cartas, aunque con una particularidad: la adición de los triunfos, arcanos mayores que lo diferenciaban de las barajas comunes. La referencia más antigua al tarot se sitúa en la corte de los marqueses de Ferrara en 1440.
El Tarot Aristocrático: Arte y Simbolismo en las Cortes Italianas
En sus inicios, el tarot era un juego aristocrático, un pasatiempo cortesano que reflejaba el lujo y el refinamiento de la época. Los tarots más antiguos que se conservan son los llamados Visconti-Sforza, encargados por Filippo Maria Visconti, duque de Milán, y su yerno Francesco Sforza en el siglo XV. Estos mazos incompletos (con 74, 67 y 48 cartas respectivamente), conservados en diversas colecciones del mundo, son verdaderas obras de arte, pintados a mano con materiales preciosos como pan de oro y lapislázuli. La primera baraja de Tarot completa antigua es la de Visconti-Sforza, pintada a mano y parece ser un regalo para la boda de Biannca Visconti con Francesco Sforza en el año 1441.
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Originalmente, estas barajas se componían de 78 cartas: 40 numerales y 16 de corte, agrupadas en los cuatro palos, más 21 cartas llamadas triunfos, numeradas del uno al veintiuno, y la carta del Loco, sin número. Los triunfos se organizaban en tres grupos de siete cartas cada uno, representando las condiciones del hombre, los elementos que influyen en la vida humana y los planetas. Algunos triunfos, como el Sol, la Luna, la Estrella o el Mundo, aluden a la astrología, disciplina muy cultivada en el Renacimiento.
A diferencia de las barajas populares, el tarot incorporaba los triunfos, que representaban virtudes cristianas y elementos astrológicos, lo que podría explicar por qué no fue condenado por la Iglesia. Se cree que era un juego distinto de los juegos de apuestas populares de la época. Aunque no existen textos que expliquen cómo se jugaba al tarot en ese entonces, se presume que el significado de las cartas de triunfo era un conocimiento común, derivado de la Edad Media, como se evidencia en la Biblia pauperum, una colección de imágenes que permitía a los analfabetos familiarizarse con las Sagradas Escrituras.
El llamado Tarot de Mantegna, elaborado en el área veneciana hacia 1465-1470, aunque no era propiamente un tarot, ofrece pistas sobre cómo era el juego. Todas las cartas de esta baraja son triunfos, están numeradas del uno al cincuenta y se dividen en cinco grupos: las condiciones del hombre (desde el Mísero hasta el papa), Apolo y las Musas, las artes y los saberes (gramática, retórica, matemáticas, geometría, música…), las siete virtudes del cristianismo (fe, esperanza, caridad, humildad, templanza…) y los planetas, a los que acompañan el Primo Mobile y la Prima Causa (generadores del movimiento del universo), que cierran la baraja.
El juego del tarot también podía servir como una herramienta didáctica para que los jóvenes nobles aprendieran los conocimientos necesarios para gobernar un día. Y aquí nos topamos con otro tarot muy singular, el llamado tarot Sola Busca, el más antiguo que se conserva completo. En la Pinacoteca de Brera, en Milán, se encuentra el mazo más famoso de esta baraja.
Con 56 cartas numerales y de corte y 22 triunfos, el Sola Busca sigue la estructura de los tarots Visconti-Sforza. Lo singular es que en la mayoría de los naipes se ha representado a personajes con su nombre escrito. Aparecen gobernantes de la Antigüedad clásica como Alejandro Magno o Nerón, personajes bíblicos como Nabucodonosor, literatos y juristas clásicos como Catón y figuras mitológicas como el dios Amón o la diosa Palas Atenea, además de muchas otras figuras con nombres latinos que aún no han sido identificadas.
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El propósito del juego sería que el joven que lo aprendiera comenzara a familiarizarse con los personajes de la Biblia, la mitología, la historia y la literatura. Era, por ello, un juego sumamente culto.
Expansión y Estandarización: El Tarot de Marsella y la Imprenta
Con la invención de la imprenta, el tarot se democratizó, dejando de ser un privilegio exclusivo de la nobleza. Las cartas, reproducidas con moldes de madera, se hicieron más accesibles al público. En el siglo XVIII, el tarot experimentó un renacimiento, consolidándose el Tarot de Marsella como uno de los modelos más populares.
El Tarot, tal como lo conocemos hoy, se consolidó en el siglo XIV con la creación de la primera baraja completa, compuesta por 22 Arcanos Mayores y 40 Arcanos Menores, divididos en palos, marcando el inicio de su misterioso viaje a través de la historia. El tarot moderno, tal y como lo conocemos hoy en día, se desarrolló en el siglo XVIII con la publicación de la baraja de tarot de Marsella, que fue una de las primeras en incorporar imágenes ilustradas en las cartas de los Arcanos Mayores.
El tarot de Marsella, que se remonta a la primera mitad del siglo XV, está compuesto por 78 cartas divididas en cuatro palos distintos (espadas, bastos, copas y oros), cada una de ellas con su propia imagen y significado. Su origen exacto es un misterio, aunque hay varias teorías en torno a sus dibujos, como que fue creado por el grabador y pintor Pierre Madenié.
El Giro Esotérico: Adivinación y Ocultismo
Si bien el tarot nació como un juego, su conexión con la adivinación se remonta al siglo XVIII, cuando ocultistas como Court de Gebelin y Etteilla comenzaron a utilizarlo con fines esotéricos en Francia. Etteilla, en particular, publicó una guía de lectura del tarot, asignando significados esotéricos a cada carta y transformando el juego en una herramienta de adivinación.
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A medida que el tarot evolucionaba, adquirió una conexión más profunda con el esoterismo y las prácticas espirituales. En el siglo XIX, el tarot comenzó a ser utilizado con fines adivinatorios y de autoconocimiento. En el siglo XX, ganó popularidad en el ámbito del ocultismo, siendo utilizado por tarotistas, astrólogos y practicantes de diversas corrientes espirituales.
Durante los siglos XIX y comienzos del XX, muchos estudiosos del ocultismo como Eliphas Lévi o Papus se interesaron por el uso y el estudio del Tarot; pero es la legendaria Orden del Amarecer Dorado, la Golden Daw, la que lo lleva a los modos del siglo XX. Dos de sus miembros auspician dos barajas muy interesantes. El Tarot Raider Waite, editado en 1910 y puesto muy de moda por los hippies y seguidores de la Nueva Era en USA durante los años 70. Primer Tarot en el que se ilustran individualmente los Arcanos Menores al estilo de los Mayores. Y el Tarot de Aleister Crowley.
El Tarot en el Siglo XX y XXI: Psicología, Terapia y Arte
En el siglo XX, el tarot experimentó una nueva transformación, influenciado por las ideas de psicólogos como Freud y Jung. Se exploró su potencial como herramienta de autoconocimiento y crecimiento personal, dando origen al Tarot Terapéutico Evolutivo. El Tarot, inicialmente perseguido, resurgió en el Siglo XX como una herramienta no solo adivinatoria, sino también psicológica y terapéutica. El impacto de figuras como Freud y Jung se refleja en el enfoque psicológico del Tarot, llevándolo a nuevas alturas de autoconocimiento y crecimiento personal.
En la actualidad, el Tarot se ha desarrollado en diversas formas y estilos, desde creaciones artísticas únicas hasta enfoques terapéuticos y evolutivos. Las cartas han capturado la atención de creadores como Xul Solar, quien ideó el tarot astrológico y solar, presente en la imagen. Este tarot vincula la cábala con la astrología. La fascinación por el Tarot también llegó a grandes pintores y artistas como es el caso del Tarot de Dalí.
Además, el tarot ha trascendido su uso tradicional, infiltrándose en el mundo del arte, la literatura y la cultura popular. Pintores como Salvador Dalí y Leonora Carrington crearon sus propias versiones del tarot, mientras que escritores de fantasía como Roger Zelazny, Susanna Clarke y J.K. Rowling lo han incorporado como elemento narrativo y simbólico en sus obras. El tarot se ha convertido en un lenguaje universal que habla a la esencia de la humanidad.
El Tarot en la Literatura de Fantasía: Un Lenguaje de Arquetipos
En el fascinante mundo de la literatura de fantasía, el tarot se revela como un elemento ancestral fundamental en la construcción de narrativas ricas y profundas. Este conjunto de cartas, conocido por su belleza y complejidad, es mucho más que un mero instrumento de adivinación.
La popularidad del tarot se apoya en su capacidad para condensar imágenes, simbolismos e ideas universales a través de una simple imagen. Las cartas del tarot, especialmente los Arcanos Mayores, suelen presentar ilustraciones de inmensa calidad que las convierten, de per se, en enormes obras de arte. Asimismo, cada imagen recoge en su interior arquetipos universales fácilmente reconocibles y extrapolables a situaciones de la vida cotidiana como el Héroe (El Loco), la Madre (La Emperatriz), el Sabio (El Ermitaño), haciendo que resuenen con personas de todas las culturas porque reflejan experiencias y roles humanos básicos.
En obras clásicas de fantasía como El Señor de los Anillos (J.R.R. Tolkien) o El Hobbit (J.R.R. Tolkien), los Arcanos Mayores se manifiestan a través de figuras míticas: Bilbo Bolsón como El Loco, Gandalf como El Ermitaño (y El Mago), Aragorn como La Templanza. Prácticamente todas las novelas de fantasía que puedas llegar a imaginarte cuentan con su personaje homólogo en las narrativas construidas. Por ejemplo, el Carro representa al Conquistador, simboliza el control, la ambición, la búsqueda de la guerra y la victoria, exactamente igual que Stour Ocaso en La Primera Ley (Abercrombie), Daenerys Targaryen en Canción de hielo y fuego o incluso Kelsier en Nacidos de la Bruma (Brandon Sanderson).
El tarot también puede funcionar como elemento narrativo en sí mismo. En Las Crónicas de Ámber de Roger Zelazny, aparece un mazo de tarot único, conocido como las Cartas de Ámber, que no solo sirve para la adivinación, sino también como un medio de comunicación y transporte entre diferentes universos. En La Casa de los Espíritus de Isabel Allende, el tarot juega un papel importante en la historia, guiando las decisiones de Clara, uno de los personajes principales.
Incluso en obras como Harry Potter y el Misterio del Príncipe (J.K. Rowling), el tarot, aunque no central, ofrece un momento significativo y simbólico, con la carta de la Torre anunciando calamidad y desastre. En Buenos Presagios de Terry Pratchett y Neil Gaiman, el tarot aparece de manera sutil, a través de las lecturas de tarot para ejecutivos nerviosos y las profecías de Agnes Nutter.
En Jonathan Strange & Mr Norrell de Susanna Clarke, el tarot desempeña un papel fascinante y multifacético, con el personaje de John Childermass, un lector astuto de tarot creando su propio mazo a partir de recuerdos.
El tarot, en definitiva, es un lenguaje universal de arquetipos y simbolismos que trasciende el tiempo y el espacio, infundiendo vida y profundidad en las narrativas de fantasía más queridas y admiradas.
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