La palabra "fortaleza" puede evocar imágenes de violencia, opresión o destreza física. Sin embargo, es una virtud esencial para la convivencia social, cuya ausencia propicia la proliferación de males debido a la inacción de quienes podrían prevenirlos.

La Fortaleza a Través de la Historia y la Filosofía

Homero y la Fortaleza Física

Para Homero, el ejercicio de la fuerza requiere tanto vigor físico como crueldad.

Platón y la Fortaleza como Valentía

Platón, en su diálogo "Laques", identifica la fortaleza con la valentía, propia de quienes cumplen con su deber y se mantienen firmes ante el enemigo. Sócrates matiza que el hombre valiente también combate al retirarse, pudiendo así resultar vencedor, y que despreciar el peligro conlleva el riesgo de perecer. La valentía, por tanto, no es solo vigor físico, sino una virtud que requiere sabiduría, autoconocimiento y comprensión de las posibilidades en juego, útil no solo en el combate, sino en cualquier situación peligrosa, exigiendo además el dominio del placer para alcanzar el bien esperado.

Aristóteles y el Equilibrio de la Fortaleza

Aristóteles ofrece una reflexión rigurosa sobre la fortaleza, situándola entre dos actitudes viciosas opuestas: el miedo y la temeridad. La valentía no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de escucharlo para tomar decisiones sabias, considerando la complejidad de la situación. El temerario carece de la prudencia necesaria para actuar bien, mientras que el valiente evalúa los riesgos y, a pesar de ello, toma una posición, dominando los excesos de la ira y la venganza. La valentía se manifiesta tanto en el ataque como en la resistencia.

Los Estoicos y la Imperturbabilidad

Los estoicos, por su parte, consideran negativa cualquier manifestación de agresividad, ya que atenta contra la imperturbabilidad del hombre sabio.

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La Concepción Bíblica de la Fuerza

Los significados clásicos de la fortaleza contrastan con la concepción bíblica, que cuestiona la destreza física y el valor de las fuerzas humanas, resaltando la confianza en Dios como fuente de fuerza, incluso en la debilidad.

Santo Tomás de Aquino: Integración de Tradiciones

Santo Tomás de Aquino integra las reflexiones clásicas con la tradición bíblica, definiendo la fortaleza como la virtud que permite superar las dificultades para alcanzar el bien. La sitúa como la tercera virtud cardinal, después de la prudencia y la justicia, pero antes de la templanza, ya que el peligro de muerte es un obstáculo mayor para el bien que la atracción de los placeres desordenados.

Para Santo Tomás, la valentía es una forma de restablecer la verdad frente a la amenaza, sin ocultar las dificultades ni las posibilidades en juego, y no se identifica con la impulsividad agresiva. La valentía y el temor no se excluyen, sino que ambos evalúan el bien que debe cuidarse, confrontándolo con la propia fragilidad.

La fortaleza, por tanto, implica vulnerabilidad, siendo una cualidad peculiar del ser humano. La coexistencia de miedo y valor requiere otras virtudes como la paciencia, la templanza y la esperanza, que permiten enfrentar las dificultades con confianza. La paciencia ayuda a manejar el miedo, la prisa y la superficialidad, dando la capacidad de ser amos de uno mismo y saber esperar.

La fortaleza no se limita a la valentía, sino que debe estar ordenada al bien, requiriendo sabiduría y justicia. San Ambrosio afirmó que "la fortaleza sin justicia no es más que inequidad".

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El acto específico de la fortaleza, el más difícil, es resistir, soportar, más que atacar. Resistir es un acto propio de la razón, que requiere paciencia y dominio de sí mismo para frenar la agresividad desmedida.

Soportar también adopta la forma de la resistencia pasiva, como la testimoniada por Gandhi, Tomás Moro, Martin Luther King y Nelson Mandela, sin caer en la resignación.

Los conflictos de la vida humana revelan la importancia de la fortaleza para una vida buena y digna. A diferencia de Aristóteles, Santo Tomás considera que la fortaleza no solo aparece en situaciones excepcionales, sino en cualquier ocasión en la que el bien exige poner en juego la vida.

Para afrontar el mal sin ceder a la "tristeza desordenada", es indispensable la esperanza, conectada estrechamente con la ira. La esperanza permite enfrentar y superar obstáculos, creyendo en la capacidad de llevar a cabo la empresa y esperando que las cosas mejoren. La esperanza remite a algo que no se puede manejar, conectándose esencialmente con la fe.

La Fortaleza y la Psicología Social

Los análisis de Santo Tomás se ven confirmados por la psicología social. Las investigaciones sobre situaciones de hostilidad y peligro para la vida confirman la conexión entre esperanza y agresividad. A menudo, los prisioneros sometidos a depresiones y deseos de morir dejaban de pensar en el suicidio al enfadarse.

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El eje esperanza-agresividad constituye el punto de mayor distanciamiento respecto de Aristóteles, ya que el vínculo esencial entre estas dos pasiones no puede cumplirse en el horizonte terrenal. Sin la perspectiva de la vida eterna, falta la motivación fundamental para desistir frente al mal y la injusticia.

Tomás comprendió que el cumplimiento de la virtud requería sobrepasar la dimensión natural de la esperanza, hecha posible por su correspondiente virtud teologal. En la Suma Teológica, presenta la fortaleza no solo como una virtud moral, sino también como un don teologal del Espíritu Santo, remitiéndola a la cuarta bienaventuranza evangélica ("bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia", Mt 5,6).

La Fortaleza en la Pasión de Jesús

El valor de la fortaleza se comprende en todo su alcance dramático a partir de la contemplación de la pasión de Jesús, cuya muerte en la cruz constituye la referencia por excelencia. Jesús enfrentó la situación más terrible que la vida puede presentar, dando al cristiano la plena libertad, "porque quien se mantiene firme ante los males más graves, es lógico que se mantenga firme también frente a males menores, pero no es cierto lo inverso".

La Indispensable Fortaleza

A partir de estas consideraciones, se comprende el inestimable valor de la fortaleza, "condición de todas las virtudes". La fortaleza requiere la capacidad de soportar las pruebas para resguardar el bien, sin desfallecer.

La presentación de ejemplos concretos ayuda a descubrir su auténtico significado y su belleza. Los ritos de paso, presentes en todas las culturas, tenían como objetivo introducir a los jóvenes en las dificultades de la vida de manera gradual, superando obstáculos mediante ceremonias realizadas en presencia de los adultos.

Evitar a toda costa las dificultades y los obstáculos mina la fortaleza de ánimo y lleva a dudar del valor de sí mismo. Ante la falta de costumbre para enfrentar los problemas que presenta la vida, prevalece una situación de aburrimiento, de fragilidad interior, y cuando se presenta un contratiempo o un fracaso, la situación puede deteriorarse, con resultados trágicos, hasta hacer creer que es imposible seguir viviendo. El dramático aumento de suicidios de adolescentes en nuestras sociedades parece provenir de motivos desproporcionados, pero vividos como una catástrofe global.

La falta de fortaleza puede manifestarse también a nivel cultural y social, como en la reticencia de los medios y los editores a dar voz a reflexiones y propuestas impopulares o políticamente incorrectas, impidiendo así las discusiones críticas y el debate sobre cuestiones de capital importancia.

En contra de lo que sostienen los maestros de la sospecha (Marx, Nietzsche, Freud), la esperanza en la vida eterna no es un impedimento para el compromiso con la justicia, sino la mejor garantía: "La esperanza sobrenatural afirma: al hombre, que vive en la realidad de la gracia de Dios, le irá bien de una manera que supera infinitamente todas las expectativas, terminará en la vida eterna. Para el hombre, a veces la esperanza sobrenatural termina siendo simplemente la única posibilidad de ori…

Otros Contextos Históricos y Sociales

El Exilio en Siberia: Un Testimonio de Fortaleza

El exilio en Siberia, a lo largo de la historia rusa, representa un duro testimonio de fortaleza y resistencia. Desde el siglo XVI, personas fueron desterradas a Siberia por motivos políticos, religiosos o criminales, enfrentándose a condiciones extremas y al desarraigo.

Inicialmente, el exilio se utilizaba para castigar la disidencia política, como en el caso del destierro de la población de Uglich en 1593. Hombres y mujeres eran forzados a trabajar en el comercio peletero o en la agricultura. Posteriormente, el Zarato moscovita recurrió a las deportaciones masivas a Siberia como una forma de pacificar a ucranianos, circasianos y cosacos, en lo que podría considerarse una temprana forma de limpieza étnica.

Con el tiempo, la mayoría de las mujeres exiliadas eran esposas de "criminales" deportados. Aunque no estaban obligadas a seguir a sus maridos, la pobreza y el ostracismo las obligaban a hacerlo. El exilio a Siberia se intensificó a partir del código promulgado bajo el reinado de Alejo I, que reemplazó la pena capital con el exilio.

Las ciudades siberianas necesitaban artesanos, y en 1637 se enviaron familias de ciudades renombradas por sus industrias artesanales, así como jóvenes mujeres para servir como esposas de sirvientes del Estado o de exiliados.

La mujer exiliada debía "domesticar" a hombres embrutecidos por el desarraigo y las duras condiciones de vida, personificando las utilitarias e idílicas conceptualizaciones con que se justificaba su traslado. La escasez de mujeres entre los exiliados llevaba al "incesto, la cohabitación o el matrimonio ilegales, y toda forma de lascivia", lo que atrajo la atención incluso de la alta jerarquía eclesiástica.

En 1759, se enviaron a Omsk mujeres convictas para servir como esposas para los hombres rusos. A finales de 1760, se introdujo el exilio "administrativo", que permitía a propietarios y asociaciones comunales de campesinos exiliar a hombres o mujeres considerados "indecentes, obscenos o maleducados". Estos abusos llevaron a Alejandro I a rescindir la norma, pero la presión política erosionó esta prohibición.

En cuanto se aprobó el ucase del exilio administrativo, el gobierno empezó a reunir colonos para poblar y "civilizar" la estepa de Baraba. Sin embargo, muchos colonos murieron intentando dar vida a lo que era, en su mayor parte, una tierra cenagosa.

El Rol de la Mujer en los Rituales Griegos: Fortaleza en la Esfera Religiosa

En la antigua Grecia, la mujer, a pesar de estar segregada y confinada a la esfera doméstica, jugaba un papel importante en el ritual religioso. Aunque se las consideraba más permeables a las influencias exteriores y potencialmente "contaminantes", su conexión con lo "oscuro, desconocido y potencialmente peligroso" las hacía idóneas para contactar con los aspectos impredecibles de la divinidad en nombre de los hombres.

La participación de las mujeres en los rituales se veía afectada por su condición de "contaminadas". Esta contaminación se contenía no tanto en productos tangibles como la menstruación, sino en lo intangible, como el habla y la mirada femenina. La boca, los ojos, los oídos y el cabello eran vistos como áreas de potencial contaminación.

En el momento del sacrificio del animal, las mujeres emitían el agudo y penetrante grito conocido como ololyge, que formaba parte de la vida cotidiana, emitido en el momento de un nacimiento o en festivales protagonizados por las mujeres.

En los rituales funerarios, el principal papel era para ellas, pues se pensaba que, siendo naturalmente más permeables que los hombres, resistían mejor el contacto con las transiciones contaminantes de la vida. Las mujeres preparaban el cuerpo para el entierro y lo velaban con un lamento funerario improvisado llamado goös, que se pensaba podía oír el muerto.

A partir del siglo VI a. C., muchas polis restringieron o prohibieron estos rituales funerarios, en los que los gooi podían llamar a la venganza.

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