Muchos escritores han dejado una profunda huella en la cultura popular, ya sea a través de obras concretas o adaptaciones cinematográficas. Sin embargo, el caso de H. P. Lovecraft es diferente. A pesar de la dudosa calidad de las adaptaciones cinematográficas de sus obras y de la limitada popularidad de su nombre y los títulos de sus principales obras fuera de círculos específicos, algunas de sus criaturas, sobre todo Cthulhu, y varios arquetipos de su obra tienen una enorme presencia en la cultura popular.

Orígenes de la cosmovisión literaria de Lovecraft

Antes de analizar las novedades que aportó Lovecraft, es importante mencionar los orígenes de su cosmovisión literaria, es decir, aquellos autores previos a él que lo influyeron. En primer lugar, los cuentos de terror, que presentaban una novedad respecto a la ficción anterior: lo que da miedo no son los fantasmas o demonios, sino algo mundano. Su clara referencia para los cuentos de terror es Edgar Allan Poe. En segundo lugar, los relatos oníricos, principalmente los del ciclo de Randolph Carter. Por último, los famosos mitos de Cthulhu, su creación más extensa, profunda y original, pero que sin embargo tiene sus fundamentos en otros autores. El principal, por confesión propia de Lovecraft, es Arthur Machen, con sus cuentos de terror en los que el elemento disruptor y atemorizante no es algo concreto, sino una presencia que tiene que ver con lo etéreo o incluso con lo antiguo. La novela corta El Terror es uno de los mayores ejemplos para comprender el influjo de Machen en la obra de Lovecraft. También puede rastrearse algo de “proto-horror cósmico” en algunos escritores pulp de la época, en cuyas historias se presentaban amenazas provenientes del espacio exterior o, simplemente, la complejidad del cosmos y sus infinitas posibilidades de vida inteligente absolutamente ajena y diferenciada de la humanidad como elemento central, así como la degradación y el horror escondidos en la oscuridad.

Lovecraft y el fin del antropocentrismo

La obra de Lovecraft aportó unas novedades revolucionarias en la ficción narrativa de finales del XIX y principios del XX, análogas a las que aportaron Albert Einstein a la física o Friedrich Nietzsche a la filosofía. Estas novedades se fundamentan en un concepto clave: el fin del antropocentrismo, es decir, el desplazamiento del ser humano como elemento configurador y centralizador de la cosmovisión literaria. Tradicionalmente, el ser humano es el centro de la ficción, y casi todo lo que sucede se trata bajo el prisma de un monotema: la lucha entre el Bien y el Mal. Cuando una historia se da en un contexto totalmente humano, los personajes se dividen entre buenos y malos, aunque en ocasiones con ricos matices. Pero siempre hay una moral detrás. Incluso en las obras de Dostoievski, altamente nihilistas, hay una denuncia de los vicios humanos, como la hipocresía. Por otro lado, cuando en la historia se presenta el enfrentamiento entre el humano y algo exógeno (sea de origen sobrenatural o extraterrestre), también se establece la dicotomía Bien-Mal. Además, prácticamente siempre hay un final en el que, por el motivo que sea, o los humanos se salvan de algún modo, o el Bien triunfa sobre la maldad. Y aunque a veces el Mal triunfe, como en la ínclita novela gótica El monje, siempre queda el mensaje de que lo que ha pasado ha sido algo malo, que las fuerzas malévolas han vencido, por desgracia, a las fuerzas del Bien.

En los mitos de Cthulhu, el ser humano no es importante en absoluto. Los personajes de Lovecraft son muy impersonales, apenas se construye su personalidad y su lore, y eso es así no porque Lovecraft no supiese crear buenos personajes, sino porque es un elemento central en su obra: cualquier personaje de Lovecraft pudiera ser perfectamente cualquier otro humano, cualquiera de nosotros. En la mitología lovecraftiana, el ser humano es una mota de polvo perdida y confundida en medio de un vastísimo cosmos, totalmente hostil a nosotros. Todas las criaturas que moran en el universo lovecraftiano son potencialmente nuestros verdugos. Unos, como Cthulhu, pueden destruir nuestra civilización de un plumazo, con sólo avanzar unos pasos y sin percatarse de que están causando una aniquilación absoluta. Otros, como Shub-Niggurath o Azathoth, nos atemorizan y hacen enloquecer con el mero conocimiento de su existencia. Incluso las razas menores, como los Profundos o los Mi-Go, son una seria amenaza para nuestra cordura o simplemente nuestra seguridad. Todos los seres lovecraftianos son o más inteligentes o más fuertes que nosotros, y todos suponen una terrible ominosidad para la vida humana.

Cthulhu: Más allá del villano

Sin embargo, ninguno de ellos, desde el pavoroso Azathoth (el núcleo caótico que destruye todo cuando hay en el cosmos) hasta el más pequeño y mestizo de los Profundos, es malo. Por ejemplo, Cthulhu no es un villano. Su despertar provocará el fin irremediable de toda la civilización humana, pero esto no será así porque Cthulhu nos odie o tenga interés en perjudicar a la humanidad. Simplemente, nuestra existencia y la suya no son coetáneamente compatibles. La sola visión del temible rostro de Cthulhu, alzado en sus varios kilómetros de altura, es desquiciante para cualquiera que lo vea. Un solo paso de Cthulhu puede arrasar un tercio de una gran metrópolis. Pero Cthulhu no es malvado, simplemente desarrolla su existencia, igual que los humanos desarrollamos la nuestra y, en el curso de nuestros quehaceres cotidianos, a veces sin darnos cuenta devastamos una comunidad entera de hormigas al pisar la entrada del hormiguero o nos tragamos insectos mientras caminamos bostezando. Los insectos podrían pensar, en caso de tener tal capacidad, que somos terroríficos monstruos titánicos que queremos devorarlos. Pero en realidad sólo estamos bostezando. De igual modo, en el universo lovecraftiano, el ser humano es sólo uno más de los organismos vivos que lo pueblan y en el que todo lo que está al margen del ámbito humano es una amenaza a la que no se puede hacer frente.

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La obra de Lovecraft y la condición humana

Evidentemente, pese a la total aniquilación de la propia humanidad en la escala de importancia, la obra de Lovecraft habla, como no puede ser de otra forma, de la humanidad. Nos habla de nuestros miedos e inquietudes. Por lo tanto, el valor de la obra de Lovecraft va mucho más allá de su genialidad narrativa, sus acertadas novedades y su trascendencia cultural.

H.P. Lovecraft: Vida y obra

Howard Phillips Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en Providence, Rhode Island. Considerado un gran innovador del género de terror, al que aportó una mitología propia -los conocidos como Mitos de Cthulhu, que constituyen un ciclo literario de horror cósmico-. Su infancia estuvo marcada por la trágica muerte de su padre en un centro psiquiátrico y una mala relación con su madre, Sarah Susan Phillips, una puritana ultraconservadora. Esta situación llevó al joven Lovecraft a evadirse de la estricta educación materna y a frecuentar parajes solitarios para poder dar rienda suelta a su imaginación. En cambio, Lovecraft sí llegó a establecer una gran y estrecha relación con su abuelo materno, Whipple Van Buren Phillips, con quien pasaba horas leyendo en la biblioteca. Lovecraft estaba especialmente fascinado con relatos clásicos como Las Mil y una Noches, la Ilíada y la Odisea. Con el descubrimiento de la mitología clásica, e influenciado por todas estas lecturas, Lovecraft llegó a construir altares para antiguos dioses grecorromanos como Artemisa, Apolo y Saturno.

Lovecraft fue un niño superdotado que a los dos años ya leía poesía, y que a los seis o siete años empezó a escribir. A los 13 años creó la Agencia de Detectives de Providence y a los 15 escribió su primer relato: La bestia en la cueva; a los dieciséis escribió una columna de astronomía para el Providence Tribune. La muerte de su abuelo materno en 1904 afectó tanto al joven, que llegó a pensar en el suicidio. Sin embargo, superó esta idea gracias a una tendencia que había ido adquiriendo mucho peso en la naturaleza del joven Lovecraft: la curiosidad intelectual.

Entre 1903 y 1908, Lovecraft vivió como un ermitaño sin apenas contacto con el mundo exterior,excepto el que tenía con su madre y con sus tías. Ese tiempo lo pasó escribiendo poesía. La situación cambió cuando, molesto por lo aburridas que eran las historias románticas de la época, envió una carta a la revista Argosy quejándose sobre la insipidez de los relatos de uno de los escritores más populares de la publicación, Fred Jackson. El acalorado debate que se desató en la columna de opinión entre los defensores de Jackson y los de Lovecraft llamó la atención de Edward F. Daas, presidente de la United Amateur Press Association, que invitó a Lovecraft a unirse a ellos en 1914. Así, en 1917, y a petición de algunos amigos, volvió a la ficción con la historia La tumba y Dagon.

Tras la muerte de su madre en 1921, Lovecraft acudió a una convención de escritores aficionados en Boston donde conoció a Sonia H. Greene. Sonia era hija de inmigrantes judíos procedentes de Ucrania, viuda y siete años mayor que él. Aun así se casaron en 1924 y se mudaron a Brooklyn. La pareja pronto tuvo problemas económicos. Sonia perdió la tienda de sombreros que tenía y tuvo que marcharse a Cleveland para buscar trabajo mientras Lovecraft se quedó en Nueva York donde, al no encontrar ninguna ocupación, comenzó a sentir una profunda aversión por la vida neoyorquina y por los inmigrantes en general.

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En esa época, Lovecraft empezó a coquetear con el fascismo (sentía admiración por Mussolini desde 1922) y consideraba inferior a todo aquel que no fuera de origen anglo-germánico. Ello se agudizó cuando veía que muchos de los inmigrantes de su barrio acababan encontrando un trabajo que a él se le negaba. Esta situación inspiró a Lovecraft a escribir un relato corto llamado Él.

En 1926, Sonia y Lovecraft acordaron un divorcio amistoso en el que Lovecraft alegó los motivos que tuvieron para dicha separación: "las grandes divergencias entre ambos y los problemas económicos". A pesar de la separación, Lovecraft continuó viviendo en Nueva York y siguió carteándose con autores como Robert E. Howard, Robert Bloch, Clark Ashton Smith o August Derleth, para quienes trabajó como "escritor fantasma", es decir un escritor profesional a quien se contrata para escribir bajo el nombre de otra persona. Creó lo que se denominó el Círculo de Lovecraft, en el que cada autor tenía asignado un seudónimo y compartían sus ideas, conceptos y personajes a través de cartas. Gracias a esta colaboración, Lovecraft desarrolló en buena medida su mundo literario.

La evolución literaria de Lovecraft experimentó tres fases. Una primera etapa gótica, que fue desde 1905 a 1920; la segunda, una etapa onírica que abarcó desde 1920 a 1927, y una etapa final que tuvo como base la filosofía cosmicista (desde 1927 a 1937), en la que el cosmos es visto como un todo inmenso y hostil. Su obra es un reflejo de su vida, que fue de todo menos fácil: vivió aislado, concentrado en sus particulares mundos literarios, casi extravagantes, y entregado a la creación y disfrute de mundos paralelos.

H. P. Lovecraft murió de un cáncer intestinal en el hospital Jane Brown Memorial, de Providence, el 15 de marzo de 1937, en el anonimato y en la pobreza más absoluta.

Las Deidades de los Mitos

Las más grandiosas deidades de los Mitos pueden que sean auténticos dioses o simplemente fuerzas o principios del cosmos. Son conocidos, y temidos, casi en todo el universo.

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  • Azathoth: Azathoth tiene pocos adoradores, ya que nunca da muestra alguna de gratitud en respuesta. En ocasiones los seres humanos han invocado a Azathoth por accidente, trayendo de manera inconsciente el horror y el desastre con él. Solamente un loco criminal sería capaz de adorar voluntariamente a semejante ser. Azathoth no muere cuando sus puntos de vida quedan reducidos a 0, sino que es disipado, pudiendo regresar a plena capacidad en 1D6 horas. Dirige a todos los Otros Dioses menores, así como la mayor parte del universo.
  • Ghroth: Este Dios exterior es una especie de "Estrella Némesis": un ser parecido a una estrella, del tamaño de un planeta, hecho de gas, ceniza, y hierro fundido. Es una nefasta esfera de color rojo óxido, cuya superficie está surcada por fallas o frietas. Ghroth de vez en cuando forma grandes ojos a partir de vastos mares ocultos bajo su corteza. Su ausencia de la corte insana de Azathoth es debido al deber eterno que realiza: es el heraldo de las canciones que sólo las estrellas insensibles y los Primigenios muertos pueden oír. Ghroth es el precursor y el hacedor de la perdición de los mundos. Cuando el Dios exterior se acerca a un mundo, las mareas cambian, los volcanes entran en erupción y se experimentan horribles tormentas, terremotos y maremotos. Ghroth podría ser, teóricamente, expulsado si sufriera una ingente cantidad de daño.
  • Nyarlathotep: Nyarlathotep es normalmente adorado a través de una sola de sus formas (o máscaras). Existen muchos de esos cultos repartidos por todo el mundo. La Hermandad del Faraón Negro está concentrada en El Cairo, y tienen también una poderosa rama en Londres. La Secta de la Lengua sangrienta es conocida tanto en Kenia como en Nueva York. La Secta de la Sabiduría estrellada de Providence adora al que acecha en la oscuridad, al igual que hace la Secta del Murciélago de la arena en Australia. Aquellos que adoran a los Dioses exteriores también rinden culto a Nyarlathotep con la esperanza de ser favorecidos por éste. Las recompensas a los esclavos leales suelen llegar de mano de Nyarlathotep, ya que los demás Dioses exteriores no se preocupan de esas cosas. Nyarlathotep puede proporcionar a sus adoradores un hechizo, algún conocimiento destructivo o creencia religiosa que sirva para dividir al hombre, o quizá alguna criatura servidora en calidad de ayudante. Además de los servidores de los Otros Dioses, Nyerlathotep dispone de otros sirvientes especiales, incluyendo a los Shantaks y a los Horrendos cazadores. Si lo creyera conveniente podría ofrecer cualquier tipo de criatura como regalo a uno de sus adoradores.
  • Shub-Niggurath: Shub-Niggurath es ampliamente adorada, y puede que esté relacionada con los druidas y grupos similares. Sus adoradores suelen formar, por lo general, grupos o congregaciones al igual que hacen los sectarios de Cthulhu. Según parece, tras haber sido llamada, Shub-Niggurath ataca a todos los presentes que no sean adoradores suyos. Suele ser convocada específicamente para aceptar sacrificios. No tienen armadura, pero su cuerpo nuboso y legamoso es inmune a todas las armas físicas. Las armas mágicas, el fuego, la electricidad y otras fuerzas similares le causan el daño normal. Sus tentáculos y vapores viscosos pueden reformarse permitiendo que la diosa pueda regenerar puntos de vida. Shub-Niggurath debe conocer, como mínimo, todos los hechizos relacionados con los Dioses exteriores.
  • Ubbo-Sathla: "Allá, en el gris principio de la Tierra, la masa sin forma que era Ubbo-Sathla reposaba entre el cieno y los vapores. Acéfalo, sin órgano o miembro alguno, de sus rezumantes costados se derramaban, en un lento, incesante fluir, las formas ameboides que fueron los arquetipos de la vida terrestre."
  • Yidhra: "Yidhra devoró al pulpo y aprendió a emitir un tentáculo; devoró al oso y aprendió a revestirse de piel contra el hielo del Norte; y así puede Yidhra adoptar cualquier forma conocida por los seres vivos. Pero no puede adoptar forma alguna que sea auténticamente buena, puesto que forma parte de todas las criaturas malas así como de las buenas. Ante sus seguidores aparece en muchas formas hermosas y atractivas pero esto es porque no pueden ver su auténtica forma, sino tan sólo las visiones que ella les permite ver… Y es enviando sus pensamientos como Yidhra permanece en una sola alma, puesto que posee muchos cuerpos, oculta en las junglas del sur, los yermos helados del norte y los desiertos más allá del mar occidental."

Cthulhu en la cultura popular

Los Cthulhu son una criatura creada por el escritor de horror y fantasia, H.P. Lovecraft, como parte de su universo cósmico ficticio. Se les describe como seres de aspecto monstruoso con enormes alas, grandes cabezas, miembros tentaculares y una apariencia remotamente humana. Los Cthulhu fueron inventados por Lovecraft en el año 1926, como parte de su relato corto, «The Call of Cthulhu». En este relato, Lovecraft describe a Cthulhu como una criatura antigua, procedente de la mitología celta, que vive en una tumba submarina en la ciudad de R’lyeh. Los Cthulhu son una de las criaturas más aterradoras de la literatura de Lovecraft. Se les describe como seres de enorme tamaño, con cabezas deformes, alas monstruosas, tentáculos y cuerpos con una apariencia remotamente humana. Además de su apariencia monstruosa, los Cthulhu también están dotados de una inteligencia sobrehumana. Se les considera como seres antiguos y sabios, con un conocimiento casi infinito de la magia y los poderes sobrenaturales. Los miembros de este culto creen que los Cthulhu están destinados a regresar algún día y traer consigo la destrucción y la locura. Los Cthulhu también han tenido un gran impacto en la cultura popular. Son una figura central en muchas obras de ciencia ficción y fantasía, y también han aparecido en videojuegos, películas, series de televisión y cómics. Los Cthulhu también han sido objeto de numerosos estudios académicos. Los estudiosos intentan comprender la importancia de los Cthulhu en la literatura de Lovecraft y su influencia en la cultura popular.

Cthulhu se ha vuelto un símbolo de la cultura pop, usado como una metáfora para describir algo que es grande y aterrador. Esta criatura representa el temor y el mal que hay en el mundo. En la vida real, Cthulhu representa el mal al que nos enfrentamos cotidianamente. Esta criatura simboliza la inmensidad y el poder de la naturaleza, el miedo a lo desconocido, el mal que hay en el mundo, y el caos que nos rodea. Cthulhu también puede ser usado como una fuente de inspiración para la creatividad. Muchas personas usan la criatura como una forma de expresar su propia visión del mundo, como una forma de contar historias sobre el mal y la oscuridad.

A partir de su creación, Cthulhu ha sido objeto de cultos, y se le ha asociado con la magia negra y el ocultismo. Estos cultos creen que alcanzar el despertar de Cthulhu traerá el fin de la humanidad, y al mismo tiempo será el comienzo de la era de los dioses antiguos. En la actualidad, Cthulhu es una figura muy popular en la cultura pop. Muchas películas, series y juegos hacen referencia a él, y su figura se ha convertido en un símbolo del horror y la ciencia ficción.

La pronunciación de Cthulhu

Pronunciar el nombre de Cthulhu es un asunto complicado. Es habitual escuchar a los admiradores de esta criatura llamarlo de formas diferentes en una misma conversación. Algunos lo nombran como «Chulu», otros «Kathulu», también «Tulu», e incluso «Clulu» o «Kutulu», además de un largo etcétera de palabras fonéticamente similares. Se dice que la pronunciación correcta para un ser humano es prácticamente imposible. El propio Lovecraft, en uno de sus escritos, comentó: «Lo más parecido que los órganos humanos pueden pronunciarlo o la caligrafía humana reproducirlo sería algo así como «Khlul’-hloo», con una primera sílaba muy gutural y viscosa(…). La mejor aproximación que se puede hacer es gruñir, ladrar o toser las muy malamente formadas sílabas «Cluh-Luh» con la punta de la lengua firmemente pegada al cielo de la boca. Esto, si uno es un ser humano.

Lovecraft vs. King: Un duelo de titanes del terror

Hay algo que une indiscutiblemente a Howard Phillips Lovecraft y Stephen King: ambos son auténticos pesos pesados de la literatura de terror. Son dos gigantes de la narrativa a la hora de generar pesadillas, los más importantes inventores de monstruos del siglo XX.

Sus concepciones del terror:

Lovecraft siempre es oscuro, solemne y pesimista. Creó el “horror cósmico”, basado en lo desconocido y lo incomprensible, el terror de enfrentarnos a los abismos del universo. En las obras de King también hay elementos sobrenaturales, pero son mucho más cotidianos y mundanos. El terror te espera a la vuelta de la esquina.

Los monstruos:

La gran creación de Lovecraft es Cthulhu, una entidad cósmica, dios primigenio y terrible de nombre impronunciable. Stephen King ha creado muchos monstruos, pero uno que destaca es Pennywise, de It.

El estilo:

El lenguaje de Lovecraft es intrincado, con arcaísmos, lleno de adjetivos. Sus historias están casi siempre contadas en primera persona y transcurren en lugares de Estados Unidos que no existen en realidad. El estilo de Stephen King es deliberadamente más sencillo y ágil. King suele contar las historias en tercera persona y suele ubicar sus historias en Maine, su Estado natal. Las historias de monstruos de Lovecraft nunca acaban bien, mientras que King suele regalarnos finales positivos.

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