El Oráculo de Delfos, situado en un gran recinto sagrado consagrado al dios Apolo, fue uno de los principales oráculos de la Antigua Grecia. Estaba ubicado en el valle del Pleisto, junto al monte Parnaso, cerca de la actual villa de Delfos, en Fócida (Grecia), a 700 m sobre el nivel del mar y a 9,5 km de distancia del golfo de Corinto.
Introducción
Delfos, en griego: Δελφοί, romanizado: Delfoi; en latín: Delphi) es un yacimiento arqueológico -declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 19871- y una moderna ciudad de Grecia. En épocas antiguas era el lugar del oráculo de Delfos, dentro de un templo dedicado al dios Apolo.
Etimología y Orígenes Míticos
En cuanto a la etimología, Delphoi está relacionado con delphus, ‘útero’, lo que concuerda con el hecho de que la piedra ónfalo se considerara el «ombligo» del universo y que el lugar fuera el útero de Gea. La conexión con el delfín es un resultado accidental de que los delfines recibieran su nombre por su apariencia uterina. (2). Las variantes de las inscripciones, Dalphoi, Dolphoi, Derphoi, (3) podrían parecer dialectos, especialmente Dalphoi, generalmente tomados como focidios, ya que estos hablaban dórico. Frisk los etiqueta como desarrollos secundarios, incluido el aparente original dórico en Dalphoi. Bien podría ser focidio, pero no era originalmente dórico. La verdadera forma dialectal, Belphoi eólico, con Delphoi, debe ser reflejo de un *Gwelphoi de la Edad del Bronce, que no tiene una «a» original. (4).
Según la Suda, Delfos tomó su nombre de la Delfina, la serpiente (drakaina) que vivía allí y fue asesinada por el dios Apolo (en otros relatos la serpiente era la serpiente macho («drakon») Pitón). (5), (6)Delfos comparte la misma raíz con la palabra griega para útero, δελφύς delphys. (2).Pito (Πυθώ) se relaciona con Pitia, la sacerdotisa que servía de oráculo, y con Pitón, una serpiente o dragón que vivía en el lugar. (7) Pitón deriva del verbo πύθω (pythō), (8).
Apolo: Dios de Delfos
Apolo (en griego antiguo: Ἀπόλλων o Ἀπέλλων; en griego moderno: Απόλλων; en latín: Apollo) es una de las deidades principales de la mitología griega, y uno de los dioses olímpicos más significativos, motivo por el cual le dedicaron una gran cantidad de templos. Hijo de Zeus y Leto, y gemelo de Artemisa, poseía muchos atributos y funciones, y posiblemente después de Zeus fue el dios masculino más influyente y venerado de todos los de la Antigüedad clásica.
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Apolo es descrito como el dios de las artes, del arco y la flecha, que amenazaba o protegía desde lo alto de los cielos, siendo identificado con la luz de la verdad. Era temido por los otros dioses y solamente su padre y su madre podían contenerlo. Es el dios de la muerte súbita, de las plagas y enfermedades, pero también el dios de la curación y de la protección contra las fuerzas malignas. Además, es el dios de la belleza, de la perfección, de la armonía, del equilibrio y de la razón, el iniciador de los jóvenes en el mundo de los adultos, estaba conectado a la naturaleza, a las hierbas y a los rebaños, y es protector de los pastores, marineros y arqueros.
Los orígenes de su mito son oscuros, pero en el tiempo de Homero (siglo VIII a. C.) ya era de gran importancia, siendo uno de los más citados en la Ilíada. Posteriormente la mitología romana lo incluye en el siglo V a.
Era símbolo de inspiración profética y artística, siendo el patrono del más famoso oráculo de la Antigüedad, el oráculo de Delfos, y líder de las musas. Como jefe de las Musas inspiradoras (con el epíteto Apolo Musageta), y director de su coro, actuaba como dios patrón de la música y la poesía. Su lira se convirtió en un atributo común. Los himnos cantados en su honor recibían el nombre de peanes (Peán era su nieto, hijo de Asclepio).
Tuvo muchos amores, especialmente con sus musas, y producto de sus andanzas tuvo alrededor de veinte hijos, aunque en ese terreno tuvo algunas desgracias. Además, tuvo una serie de amantes hombres, entre ellos Cipariso y Jacinto. (2) (3) Fue representado innumerables veces desde la Antigüedad, generalmente como un hombre joven, desnudo y sin barba, en la plenitud de su vigor, a veces con un manto, un arco y un carcaj de flechas, y generalmente una lira, creada por su hermano Hermes para él, y con algunos de sus animales simbólicos como la serpiente (que se utiliza en la medicina), el cuervo o el grifo. (4).
En la época helenística, especialmente durante el siglo III a. C., pasó del epíteto Apollo Helios a ser identificado por los griegos con Helios, dios del sol, y de forma parecida su hermana se equiparó con Selene, diosa de la luna.
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Actualmente, y después de un prolongado silencio de siglos, su culto es llevado a cabo por los seguidores del helenismo de Europa y América, especialmente de Grecia. (5)
Su mito ha sido empleado durante siglos por filósofos, artistas y otros intelectuales para la interpretación e ilustración de una variedad de aspectos de la vida humana, de la sociedad y de fenómenos de la naturaleza, y su imagen está presente en una gran variedad de formas en nuestros días. (4), (6), (7), (8), (9).
Orígenes del Santuario
Hay testimonios de ocupación humana cercana al emplazamiento del santuario de Delfos de época arcaica desde el Neolítico, concretamente en una gruta del macizo del Parnaso. Ya en época micénica y en el mismo emplazamiento del santuario hubo primero (c. 1400 a. C. El santuario propiamente dicho apareció después de esta fecha con un altar, al que siguió un primer templo.
Una tradición relatada por Diodoro Sículo indica que un pastor observó como sus cabras se comportaban de un modo extraño cuando se aproximaban a una grieta de donde surgían vapores. Después, el pastor se acercó a ese mismo lugar y empezó a profetizar. Cuando la noticia se extendió, muchas otras personas llegaron al lugar para realizar también profecías, pero a menudo durante el trance saltaban a la grieta y desaparecían por ella. Por ello se decidió nombrar a una mujer para que profetizase por todos, a la que construyeron un trípode para que estuviera segura. (3). Estrabón también menciona los vapores subterráneos que inspiraban a la Pitia y el trípode en la que se situaba. (4), (5).
Por otra parte, el nombre de Pito se relaciona en la mitología con el de una gran serpiente o dragón Pitón hijo de la diosa Gea (la Tierra) que vigilaba un oráculo consagrado a su madre, o bien era compartido por Poseidón y Gea. Una tradición indica que Gea cedió a Temis su parte y esta lo regaló a Apolo. Por otra parte, Poseidón intercambió la suya con Apolo por Calauria.6 Sin embargo, la versión más difundida dice que, con el fin de establecer su propio oráculo con el que guiar a los hombres, Apolo mató a Pitón con su arco y tomó posesión del oráculo. Para establecer el culto del nuevo santuario desvió un barco de sacerdotes cretenses (cf. Himno Homérico a Apolo).
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La Pitia: Sacerdotisa y Oráculo
Pitia o PitonisaSe sabe que la elección de este personaje se hacía sin ninguna distinción de clases. A la candidata solo se le pedía que su vida y sus costumbres fueran irreprochables. El nombramiento era vitalicio y se comprometía a vivir para siempre en el santuario. Durante los siglos de apogeo del oráculo fue necesario nombrar hasta tres pitonisas para poder atender con holgura las innumerables consultas que se hacían por entonces.
Según Diodoro Sículo, originalmente la pitia era una joven virgen, pero a raíz del rapto y violación de una de ellas por un joven de Tesalia se decretó que desde entonces no podría escogerse ninguna con menos de cincuenta años, aunque deberían seguir vistiendo como una doncella. (3).
Los consultantes tenían una entrevista con ella unos días antes del oráculo. Este hecho está perfectamente documentado en las noticias que dan los autores de la Antigüedad. El oráculo se celebraba un día al mes, el día 7 que se consideraba como la fecha del nacimiento de Apolo. Los días de consulta, la Pitia se purificaba en la fuente Castalia. A continuación realizaba ofrendas a Apolo. Después, los sacerdotes vertían agua fría sobre una cabra. Si esta tiritaba, era una señal de que Apolo estaba receptivo a las consultas. Entonces se realizaba el sacrificio de la cabra en el altar de Apolo.
Los consultantes eran de todo tipo, desde grandes reyes hasta gente pobre. En primer lugar se purificaban con agua de las fuentes de Delfos y a continuación se establecía un orden de consulta. El derecho de preferencia del que gozaban algunos de ellos se denominaba promanteia. Una vez establecido el orden se pagaban las tasas correspondientes, luego ofrecían un sacrificio en el altar que había delante del templo y por último el consultante se presentaba ante la Pitia y hacía sus consultas oralmente, según se cree.
Se conoce muy poco sobre el rito que se seguía en el oráculo. Se sabe que la Pitia se sentaba en un trípode que estaba en un espacio llamado «áditon», al fondo del templo de Apolo Pitio. Αδυτων significa «fondo del santuario» y τo αδυτoν significa «lugar sagrado de acceso prohibido».
El Proceso de Profecía
Diversos autores tardíos como Diodoro Sículo, Estrabón, Plutarco, Pausanias, Lucano, Orígenes y San Juan Crisóstomo describieron, con algunas diferencias entre sí, el proceso mediante el cual la pitia recibía la inspiración. La imagen dominante que transmiten estas descripciones es que el trípode de la Pitonisa o Pitia se hallaba sobre una grieta muy profunda de la roca. Por esa grieta emanaban unos gases que hacían que la mujer entrara en trance y su cuerpo se agitara. Algunos autores consideraban, en cambio, que la grieta era el espacio físico al que descendía la pitia para profetizar. Según Pausanias, algunos creían que era el agua de la fuente Casotis la que hacía profetizar a la pitia. Luciano menciona que además masticaba hojas de laurel, lo que ayudaba a alcanzar ese estado psicosomático.
Una vez inspirada, la pitia daba respuestas (el verdadero oráculo) y posiblemente -aunque las fuentes no son claras en este aspecto- un sacerdote las interpretaba y escribía en forma de verso, que después se entregaba al consultante.
Se estima que este y otros sistemas de adivinación eran considerados por los griegos de la Antigüedad como medios válidos y útiles de tener una conexión con sus divinidades, por lo que el oráculo fue respetado durante más de mil años.
Descubrimientos Geológicos Modernos
Los trabajos arqueológicos y geológicos realizados en el siglo XIX por los primeros excavadores en la zona del templo de Apolo no encontraron debajo del templo la grieta profunda de que se habla en la leyenda pero, tras una revisión de la geología del lugar a finales del siglo XX, se ha encontrado que justo debajo del templo de Apolo se cruzan dos fallas geológicas y que por las fisuras que hay en las rocas ubicadas bajo el templo se pueden filtrar gases como etano, metano y etileno que podrían provoca…
A finales del siglo XX, en el año 1996, se encontraron una serie de anomalías: El oráculo se encontraba a cuatro metros por debajo del nivel del mar. Existía una anomalía. Entre los cimientos, se construyó una canalización para agua de manantial que estaría contaminada por este gas. D. y Reynold Higgins publicaron un libro que indicaba, sobre el Oráculo, la presencia de una abrupta falla que atravesaba el santuario y que lo más probable era que el famoso gas que aquella grieta emitía fuese O2 (dióxido de carbono).
El "Ombligo del Mundo"
En una mañana de invierno, con un sol que calienta tímidamente pero que brilla en todo su esplendor sobre las montañas de Grecia central, llegamos al centro del universo. Cuenta la mitología griega que en Delfos, a las faldas del imponente Monte Parnaso de picos rocosos, barrancos profundos y densos bosques de pinos y olivos, lugar donde moran las musas, está ubicado el “ombligo” de la Tierra.
Y sería el mismísimo Zeus (dios olímpico) quien tomara las medidas del universo para encontrar su exacto punto medio. Haciendo volar dos águilas doradas desde los dos extremos opuestos del cosmos, esperó ver el punto preciso donde las aves cruzaran sus vuelos, y en ese momento el dios del trueno, dejaría caer desde lo alto del Olimpo, el Ónfalo Sagrado, un artefacto pétreo que no era otra cosa que la misma piedra con la que su madre, la diosa Rea, engañara a Cronos (titán), su padre, aquel día ya muy lejano en que el terrible titán engullera esta piedra envuelta en pañales muy confiado, pensando que estaba tragándose a su sexto hijo, Zeus, y con eso, creía este ingenuo titán, que lograría evitar su destino: ser destronado por su propio hijo.
Esta piedra, llamada Ónfalo, caería en el centro del templo de Apolo en Delfos, en lo que se conoce como Adyton, que es el nombre que recibe la habitación dentro del templo donde se encontraría el oráculo y el asiento de la sacerdotisa, conocida como pitia.
La Experiencia del Visitante Antiguo
Los visitantes de la antigüedad tendrían una experiencia muy diferente a la nuestra, ya que este era un santuario panhelénico (pan=todos, helénico=ciudadanos de la Hélade) es decir, no pertenecía a ninguna polis de la Hélade en particular sino que era un santuario compartido por todos los griegos, y solía ser muy visitado.
En la antigüedad, el Camino Sagrado que subía hacia el templo de Apolo, estaría flanqueado por pequeños “templos”, en su mayoría dóricos. Pero lo cierto es que estos templos no fungirían como tal sino como tesorerías, y es que estos edificios estaban destinados a recibir y almacenar los tesoros que cada una de las polis del mundo helénico ofrecía al santuario y al dios Apolo.
La religión griega era una de transacciones, uno le ofrecía al dios sacrificios y riquezas y el dios para retribuir te favorecía. Y de hecho, en el mismo templo de Apolo, el cual estuviera recubierto de mármol y embellecido con esculturas realizadas por los mejores artistas de la época, como Paxias y Androstenes, se incorporaban en las metopas los escudos persas que fueran capturados durante la batalla.
También, a ambos lados de la vía, de ser visitantes de la antigüedad, hubiéramos visto 500 magníficas esculturas de bronce que Esparta regalara al santuario, creando un resplandeciente “muro escultural” que despediría brillantes destellos al ser tocado por los rayos del sol.
Una de las características más conocidas de este templo serían las 150 máximas que estuvieran inscritas en sus muros y columnas; frases populares, proverbios, aforismos que durante la antigüedad fueron atribuidos al mismísimo dios Apolo y después a los siete sabios de Grecia.
De esas 150 máximas había tres que ocupaban un lugar prominente al ser inscritas en las columnas del pórtico de la entrada, de modo que eran visibles por todos los visitantes:
- Conócete a ti mismo
- Nada en exceso
- La confianza trae la ruina
Y justo debajo de estas tres frases aparecía grabada una enigmática letra E, la quinta letra del abecedario griego, epsilon. Ya desde la antigüedad ríos de tinta han corrido tratando de explicar lo que la letra E significaba, pero lo cierto es que hasta el día de hoy lo único que tenemos son teorías e hipótesis al respecto y nada a ciencia cierta. Lastimosamente, hoy en Delfos no quedan ni rastros de estas famosas máximas entre las ruinas del templo.
Junto al templo, encontramos los restos, bastante bien conservados, de un pequeño teatro, para ser más precisos, de un odeón con magnífica acústica, y que se usaba para las competencias artísticas. A diferencia de los romanos que construían teatros en cualquier lugar, gracias al uso del concreto, los griegos debían de apoyarse del declive de una colina para poder construir los asientos de los espectadores (la cavea). Detrás del escenario se abre un panorama casi milagroso de montañas y valles que quita el aliento; buen momento para felicitarte a ti mismo por la feliz decisión de visitar este lugar.
Tras una cuesta más pronunciada llegamos al gran estadio de Delfos que se conserva en un estado muy notable. Cerrando los ojos, se puede adivinar el griterío y la emoción que estas ruinas atestiguaron cuando se celebraban las carreras de aurigas y otras competencias atléticas durante los juegos píticos.
A estas competencias atléticas que tenían lugar durante el día, seguían las artísticas durante la noche en el odeón: poetas, músicos y cantantes luchan por las ansiadas coronas de laureles. En cualquier caso, quienes participaban no lo hacían por dinero sino por la fama de haberse superado a sí mismos.
El Museo Arqueológico de Delfos
Dentro del pequeño pero magnífico museo de Delfos, encontramos una de las esculturas en bronce quizás más bellas de todos los tiempos, El auriga; de serena mirada, inquebrantable y armoniosa, poseedora de una increíble fuerza expresiva y perfección, provoca una combinación de paz y excitación que no olvidaré. Se trata de una de las esculturas más interesantes del museo. Data de 478-474 a.C. y recrea una carrera de carros en los Juegos Píticos, que se celebraban en Delfos. Mide unos 2 metros y está hecha de bronce. Del grupo escultórico original, sólo se conserva el conductor del carro (se perdió el carro y los caballos). Es imponente por su realismo y los ojos del auriga, hechos de piedras semipreciosas y vidrio, hacen que la estatua sea totalmente hipnótica.
También encontramos una piedra hemisférica que estaba situada en el centro del santuario de Apolo en Delfos, el Ónfalo. La piedra tiene relieves que representan una red y las águilas que Zeus soltó y que se encontraron en Delfos, marcando este lugar como el centro del mundo, el «ombligo» de la Tierra. Se creía que la piedra cubría la entrada al inframundo y que la Pitia, la sacerdotisa del oráculo de Delfos, se sentaba sobre el ónfalo o cerca de él para recibir las profecías de Apolo.
Otra pieza importante es la Esfinge de Naxos. Esta espectacular estatua data del 560 a.C. La esfinge, una criatura con cuerpo de león y cabeza de mujer, mide unos 2 metros y está esculpida en mármol. Se cree que tenía un papel protector dentro del Santuario de Apolo.
Los Kouros de Kleobis y Bitón son dos importantes esculturas del periodo arcaico (580 a.C. aproximadamente). Miden unos 2 metros de altura. Se caracterizan por su leve sonrisa, postura frontal rígido, pie adelantado y brazos pegados al cuerpo.
Auge y Decadencia del Oráculo
El oráculo de Delfos estuvo en su apogeo entre los siglos VI y IV dC Pitia proporcionó los oráculos, que fueron interpretados por los sacerdotes de Apolo.Ciudades, reyes y gente común buscaban el consejo del oráculo, mostrando su agradecimiento con regalos. La popularidad del oráculo se había extendido por todo el mundo conocido en ese momento.
La función esencial del oráculo no era predecir el futuro, sino proveer de sanción divina a las decisiones políticas de las ciudades: ratificaba leyes e incluso constituciones, aprobaba la fundación de nuevas ciudades y de colonias, aconsejaba empresas bélicas o las censuraba. Los atenienses realizaban en Delfos una procesión anual, la Pitaida, para conmemorar la caída de un rayo en el monte Parnaso.
El prestigio de Delfos comenzó su declive tras la muerte de Alejandro, en 323 a.C., aunque continuó siendo un centro de atracción durante la época helenística y el período romano.
En la época romana, el oráculo perdió su fuerza, aquella que le concedía el hecho de ser árbitro de prestigio divino de querellas y disensiones, por lo que recibía dinero de todas las ciudades griegas. Pero finalmente sería Teodosio I, en el 381 d .C., quien diera el tiro de gracia a Delfos al prohibir el paganismo, golpe del cual el santuario jamás se recuperaría.
El Legado de Delfos
Basta una mañana entre las ruinas de Delfos para entender claramente con la cabeza la enorme importancia que tuvo este santuario en el mundo helénico. Sin embargo, al marchar, el corazón no parece estar listo y es imposible sacudirse la sensación de que faltó tiempo; y es que uno no simplemente se va de Delfos, debes arrancarte a ti mismo de este lugar para poder seguir tu viaje.
Tras siglos de silencio, Delfos fue redescubierta en el siglo XIX. Los arqueólogos pioneros tuvieron serios problemas para ubicar el lugar exacto. La primera pista la dieron las propias piedras, que habían sido reaprovechadas para construir iglesias y casas. Todos los habitantes de Castri fueron obligados a trasladarse a un nuevo municipio, llamado Delfi en honor de su antecesora.
El tholos de Atenea, el estadio (que es el mejor conservado en su género), el tesoro de los atenienses y la fuente Castalia fueron restaurados. De nuevo, cientos de visitantes suben cada día la cuesta sagrada que conduce al templo de Apolo. Pero ninguno logra escuchar ya la voz del dios.
Visitando Delfos Hoy
La pequeña y moderna ciudad de Delfos se encuentra en Grecia sobre la ladera sur del monte Parnaso, entre este y el Golfo de Corintio. La visita a Delfos tiene para disfrutar paisajes naturales y otros atractivos obligatorios para quienes desean conocer Grecia, como los sitios arqueológicos, que son el Santuario de Apolo y el Oráculo de Delfos.
En el sitio arqueológico principal, están las ruinas de lo que solía ser la antigua ciudad de Delfos. Toda la zona es testimonio de la cultura de una civilización y tiene, además, piezas clásicas de un importante valor arquitectónico. También, se hace un recorrido por los Tesoros, que son viejas capillas y una importante fuente de lo que hoy queda de la cultura helénica.
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