La alquimia, una antigua práctica protocientífica y disciplina filosófica, ha fascinado a la humanidad durante milenios. A menudo asociada con la búsqueda de la piedra filosofal, la alquimia es mucho más que la mera transmutación de metales básicos en oro. Se trata de un sistema complejo que combina elementos de la química, la física, la astrología, la metalurgia, el espiritualismo y el arte.

Orígenes y Evolución de la Alquimia

La palabra "alquimia" deriva del árabe al-kimia, que a su vez toma el término del griego chyma, que designa la acción de fundir o derretir un metal. El concepto aparece descrito por primera vez en el siglo III a.C. por Bolos de Mendes, un pensador del Egipto ptolemaico seguidor de la escuela neopitagórica. Resulta interesante que casi contemporáneamente, en la lejana China, los pensadores taoístas escribieron también acerca de la transmutación de sustancias.

En Occidente, la alquimia dio sus primeros pasos en el siglo VIII, cuando los árabes iniciaron un proceso de ocupación en España, e introdujeron importantes descubrimientos con los cuales comenzaría su expansión por el resto de Europa. Los procesos de alquimia en China, Egipto e India, mostraban grandes similitudes en el método que empleaban para purificar el cuerpo y prolongar la vida.

Alquimia en Egipto

El origen de la alquimia occidental puede situarse en el Antiguo Egipto, donde la metalurgia y el misticismo estaban inexorablemente unidos. La alquimia, la medicina e incluso la magia eran aspectos de la religión en el Antiguo Egipto y, por tanto, del dominio de la clase sacerdotal. La leyenda cuenta que el fundador de la alquimia egipcia fue el dios Thot, llamado Hermes-Thot o Hermes Trimegisto por los griegos. Según la leyenda, escribió los llamados cuarenta y dos Libros del Saber, abarcando todos los campos del conocimiento, alquimia incluida. En el siglo IV a. C., los macedonios grecoparlantes conquistaron Egipto y fundaron la ciudad de Alejandría en 332.

Alquimia China

Mientras la alquimia occidental terminó centrándose en la transmutación de metales corrientes en otros nobles, la alquimia china tuvo una conexión más obvia con la medicina. La piedra filosofal de los alquimistas europeos puede ser comparada con el gran elixir de la inmortalidad perseguido por los alquimistas chinos. La pólvora puede haber sido una importante invención de los alquimistas chinos. Descrita en textos del siglo IX y usada en fuegos artificiales en el siglo X, fue empleada en cañones sobre 1290. Desde China, el uso de la pólvora se extendió a Japón, los mongoles, el mundo árabe y Europa. La alquimia china estaba estrechamente relacionada con las formas taoístas de la medicina tradicional.

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La Búsqueda de la Piedra Filosofal y el Elixir de la Vida

Los alquimistas tenían la creencia de que la piedra filosofal tenía la capacidad de transformar metales comunes como el plomo en plata u oro y que además podía ser usado como elixir de vida para la salud y la longevidad. La piedra filosofal, la panacea, el elixir de la vida eterna… A lo largo de la historia se ha dado todo tipo de nombres a una fantomática sustancia capaz de obrar todo tipo de milagros, desde tranformar metales básicos en preciosos hasta conceder la vida eterna: conseguirla era la “gran obra”, el objetivo último de los alquimistas.

A pesar de su nombre, la piedra filosofal no era necesariamente una roca, sino una sustancia de naturaleza indefinida que tendría la capacidad de transformar metales básicos en preciosos a través de un proceso llamado crisopea o argiropea. Se creía que se podía obtener oro y plata fundiendo otro metal y mezclándolo con un fragmento de piedra filosofal, una idea inspirada en las reacciones químicas.

Más que sus supuestos poderes transformadores, el principal interés que despertaba provenía de tratados de filósofos de la Grecia clásica que hablaban de una panacea, es decir, una medicina para todos los males, que se obtenía preparando una infusión con polvo de piedra filosofal. Algunos la definían incluso como una especie de elixir que podía alargar la vida.

La Alquimia en la Edad Media y el Renacimiento

La búsqueda de la piedra filosofal se vio impulsada en la Edad Media por dos motivos: las mejoras en las técnicas de elaboración del cristal y el desarrollo de la química por parte de los científicos del mundo musulmán, quienes también recuperaron las teorías de la chyma. A través de la traducción de los antiguos textos griegos este conocimiento llegó a Europa, donde gozó de gran atención durante el Renacimiento.

Durante el Renacimiento se creía que era posible obtener una panacea, es decir, una medicina para todos los males, preparando una infusión con polvo de piedra filosofal. A esa época pertenece el que seguramente sea el alquimista más famoso, Nicolás Flamel, un escribano y librero parisino que afirmó, entre otras fantasiosas fanfarronadas, haber descubierto realmente la piedra filosofal y haber logrado la inmortalidad gracias a ella.

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Principios Fundamentales de la Alquimia

Los alquimistas fundaban su ciencia en que el universo estaba compuesto de cuatro elementos clásicos a los que llamaban por el nombre vulgar de las sustancias que los representan, a saber: tierra, aire, fuego y agua. Con ellos preparaban un quinto elemento que contenía la potencia de los 4 en su máxima exaltación y equilibrio. Para los alquimistas toda sustancia se componía de tres partes: mercurio, azufre y sal, siendo estos los nombres vulgares que comúnmente se usaban para designar al espíritu, alma y cuerpo, estas tres partes eran llamadas principios.

Por manipulación de las sustancias y a través de diferentes operaciones, separaban cada una de las tres partes que luego debían ser purificadas individualmente cada una de acuerdo al régimen de fuego que le es propicia, la sal con fuego de fusión y el mercurio y el azufre con destilaciones recurrentes y suaves. Tras ser purificadas las tres partes en una labor que solía conllevar mucho tiempo y que debían vigilarse los aspectos planetarios las tres partes debían unirse para formar otra vez la substancia inicial.

La Alquimia y su Relación con la Ciencia Moderna

La alquimia y los alquimistas sentaron las bases de los campos de la química, la minería y la metalurgia, la farmacia y la medicina. Un principio de los principios de la alquimia desarrollados hace alrededor de unos 2.000 años, es la transmutación de elementos, como la transmutación nuclear, que consiste en modificar el número de protones y neutrones en su núcleo.

De la alquimia occidental surge la ciencia moderna. Los alquimistas usaron muchas de las mismas herramientas que se usan hoy. Estas herramientas eran a menudo fabricadas por ellos mismos y podían o no, estar en buen estado, especialmente durante la Alta Edad Media. Hasta el siglo XVII la alquimia fue en realidad considerada una ciencia seria en Europa: por ejemplo, Isaac Newton dedicó considerablemente más tiempo y escritos al estudio de la alquimia que a la óptica o la física, por lo que es famoso.

El nacimiento de la química moderna surgió con los aprendices de alquimia desencantados de su nulo progreso alquímico y con los críticos resentidos de la alquimia en lo tanto unos como otros lograron progresos en varios campos de la naturaleza en el siglo XVIII con el , que proporcionó un marco más preciso y fiable para las elaboraciones industriales y la medicina libres del hermetismo propio de la alquimia (pués la alquimia nunca se prodigó como ciencia de muchedumbre), y entrando en un nuevo diseño general de conocimiento basado en el materialismo racional.

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Finalmente, en 1980 el científico Glenn T. Seaborg logró mediante un experimento de física nuclear transmutar plomo en oro, pero el elevado coste del procedimiento y la minúscula cantidad de oro obtenido hacían inviable cualquier uso comercial; lo que no resta mérito al hecho de ser la persona que más se ha aproximado a inventar la piedra filosofal.

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